"No tíos, esto no me gusta. Ayer fue de categoría, ¿Que no estáis decididos? ¿Quién dices tú que puede ser? Cómo que no puedes ver nada, ¡¿pero no atraviesas paredes?! Ah claro, no tienes ojos, uhm...".
En lo alto de una cima se encontraba una casa. Simple y llanamente una casa, pero que de vez en cuando tenía actividad nocturna.
Seamos razonables, es un tanto sospechoso tener una casa tan apartada, e igualmente peligroso. Con tan pocos ojos custodiando la aldea era mucho más sencillo escabullirse sin ser visto por el sendero amplio que llega hacia la casa.
Una vez dentro, allí estaba la medium. Hablando con lo que parecía ser la nada, observando una bola brillante que no parecía convencerlo. La duda, ese peso intangible que a todos nos lastra. El peso de una decisión equivocada puede a los beneficios del acierto. Simplemente, no lo vio venir, demasiadas voces, los avisos de alerta acerca del intruso quedaban ahogados entre tanto lamento. (ahora escucho esto, que me hace sentirme un tanto así, le va al dedo
https://open.spotify.com/intl-es/track/ ... 176bc54a7c)
La medium lo oía, se oía a sí misma, sólo que de una manera diferente. Sus pensamientos se mezclaban, el tono de su voz cambiaba. Era más profundo, más difuminado, más difícil de entender, era... más espectral, más... como si estuviese muriendo. Alzó la virada de la bola y allí estaba su amigo, aquel al que tantas veces había invitado a tomar algo, suministrándole una inyección letal.
"Lo siento amiga. He apreciado todo este tiempo contigo, pero debo hacerlo. No pánico, me he asegurado de que será indolora".
La medium quedó sin habla, la parálisis muscular se lo impedía mientras se iba apagando.
Muere la medium