Ayer decidí hacer sitio en casa y cogí una vieja maquina de escribir y decidí subirla a wallapop. Antes de hacer el anuncio investigue un poco para ver al precio que se vendía. Para sorpresa de quien pesase que aquello pudiera tener valor coleccionista, específicamente mi modelo, se venden a un precio ridículamente bajo. Así que decidí subir el anuncio y poner que la regalaba.
No tardó en escribirme una mujer interesada.
—¿De verdad la regalas? ¿Seguro que no tengo que pagar nada?
Y yo, por supuesto:
—Claro, vienes a por ella y te la llevas gratis.
Entonces me pidió el WhatsApp y seguimos hablando por ahí.
Lo increíble del asunto es que, además de regalarle el trasto, la mujer pretendía que se lo llevara a su casa. Le dije:
—Mira, vivo en tal sitio. Cualquier tarde, si me avisas con un poco de antelación, puedes venir a recoger la máquina.
Y ella me responde que iba a venir esa misma tarde, pero que la avisara yo cuando estuviera en la puerta.
Vamos a ver... si yo vivo allí, ¿qué sentido tiene que te avise? La que tiene que avisar eres tú cuando vengas.
Pues va y me dice:
—Tardo veinte minutos. Bájate a la puerta.
Claro, y yo me quedo veinte minutos plantado en la calle esperando como un idiota. No, mujer. Tú vienes, me avisas cuando estés abajo y entonces bajo yo.
En fin... la gente.
Al final vino, se llevo el muerto y yo tengo más espacio en mí casa. Solamente espero que si se acaba cansando del trasto, que por lo menos lo recicle correctamente. Lo ideal sería que le diera uso, pero no creo que valla a ser el caso.