La factura gráfica de Crimson Desert corre a cargo de BlackSpace Engine, una solución que promete dibujar el generoso mundo abierto del continente Pywel sin pantallas de carga. El motor cuenta con múltiples tecnologías para desempeñar su labor de dar vida a un mundo detallado, dinámico e inmersivo, incluyendo trazado de rayos para calcular la iluminación en tiempo real (que se adapta al ciclo del día y la noche y al efecto de Atmospheric Scattering), niebla volumétrica con simulación Fluid, función Shallow Water para aumentar el realismo del flujo del agua y las mareas y simulación de telas y cabello en base a la GPU.

Para los jugadores de PlayStation 5 y Xbox Series X tenemos tres opciones: rendimiento, equilibrado y calidad. Los 1080p a 60 FPS con trazado de rayos están asegurados en las dos consolas, mientras que PS5 Pro es capaz de alcanzar los 4K reescalados desde 1080p con PSSR mejorado y llegar los 60 FPS con trazado de rayos en alto. Para los 4K nativos hay que bajar a 30 FPS. Xbox Series S también alcanza los 1080p, pero con 30 FPS y sin trazado de rayos. Queda en manos de los jugadores decidir qué configuración prefieren.
En PC tenemos los tradicionales requisitos mínimos y recomendados, a los que acompañan tres ajustes gráficos más (bajo, alto y ultra). Sorprende ver a una tarjeta gráfica veterana como la GTX 1060 dando guerra y prometiendo 1080p (reescalado desde 900p) a 30 FPS, mientras que para jugar a 1080p a 60 FPS o 4K a 30 FPS hay que subir a una Radeon RX 6700 o GeForce RTX 2080. Para alcanzar los 4K y 60 FPS la cosa se pone un poco más seria, pero quizás no tanto como en otros juegos. Bastará con una RX 9070 o RTX 5070 Ti.

Por último tenemos las especificaciones para ROG Xbox Ally. El modelo base se conforma con una resolución 720p y 40 FPS con generación de fotogramas, mientras que ROG Xbox Ally X cuenta con tres ajustes. El de calidad promete 1080p a 30 FPS, mientras que el de rendimiento sube a 60 FPS a cambio de un reescalado desde 720p con la ayuda de FSR 3.
