El sábado pasado, dando una vuelta por el centro de Madrid, se me ocurrió entrar en el Game de Callao.
Como suelo hacer, miré los juegos de segunda mano (llamarlos "seminuevos" la verdad es que es un cachondeo) porque la verdad es que muchas veces he encontrado cosas que me han resultado interesantes. Total, que veo el PES 6 para XBOX 360, y decido pillármelo.
Ya tuve un indicio de que algo malo iba a pasar cuando el dependiente, al buscar el juego para dármelo, suelta un "ya estamos como siempre" de una manera airada, después de tirarse un buen rato rebuscando. En fin, que pago y me voy tranquilamente a seguir paseando.
En el trayecto de vuelta a casa, me da por mirar la bolsa, y me doy cuenta de que la caja está totalmente destrozada. Y además, sin querer, he cogido la edición que regalan con la consola "prohibida para su venta". En fin, ha sido un fallo mío, con lo que entiendo que tendré que aguantarme y listo.
Llego a casa, enciendo la consola, me conecto al Live para echar mi primera partida y... no funciona el juego. Extrañado lo saco, lo miro y veo que está completamente rallado. Lo vuelvo a meter y sigue sin funcionar.
En fin, que ya lo saco para guardarlo en su caja e ir a cambiarlo, cuando me doy cuenta de por qué no funciona: me han dado el juego de PS2, en vez del de 360.
Total, que no he podido ir a cambiarlo, por motivos que no vienen a cuenta, hasta el jueves. Voy hasta allí, entro en la tienda, y empieza el espectáculo.
- Buenas, que venía a cambiar este juego, que compré el otro día, porque tu compañero se equivocó y me metió el disco de PS2 - digo, mientras lo abro para que lo vea.
El dependiente, un chaval de unos 20 años, lo mira extrañado, coge el ticket y empieza a comentar con un compañero suyo, vestido de paisano. Estan flipando y empiezan a investigar quien puede haber sido el de la equivocación.
Depués de tirarse un buen rato con eso, ya decide ponerse a la acción de mirar que puede haber pasado con el juego. A todo esto, la cola de gente esperando crece, y solo está él ateniendo. Saca unos cuantos juegos de 360, los compara con el ordenador, los vuelve a grabar... Y de repente me suelta:
- Pues no te puedo dar ninguna solución. Tienes que venir cuando esté el compañero que te lo vendió.
- ¿Como? No, mira, no me parece normal tener que venir dos veces para cambiar un juego
- Sí, sí, es que lo tiene que hacer el. Mira, el viene mañana por la tarde, pásate y que te lo cambie el.
- Mañana me es imposible, y si lo dejo para la semana siguiente, me vais a decir que ha pasado demasiado tiempo. Además, tu compañero es imposible que se acuerde de ésto y me va a decir lo mismo que tú.
Tras un breve tira y afloja, me dice que va a buscar su teléfono y que le va a llamar.
Mientras tanto, la cola de gente sigue creciendo. Después de buscar en el ordenador un rato el teléfono, ya se da cuenta de ese detalle y llama a una compañera para que atienda.
Al buen rato encuentra el número y procede a llamar. Se tira un buen rato hablando con su compañero, y cuando cuelga me dice:
- Él dice que la venta la hizo bien. Y además, que como has tardado mucho en venir, que no le parece normal.
- Te juro que me estás dejando flipado, no entiendo nada.
- Claro, si hubieras venido ese mismo día o al día siguiente... O también podrías habernos llamado.
- ¿Como? Yo he venido cuando he podido, y además estoy dentro del plazo de garantía.
- Ya, pero es que mira, yo tengo tres juegos disponibles de 360 en el ordenador y los tres los tengo aquí - mientras me enseña tres sobres con discos.
- ¿Me estás diciendo que te estoy intentando engañar?
- No, pero que a mí me cuadra lo que tengo aquí con lo que dice el ordenador.
- Vamos a ver, macho. ¿Me estás diciendo que he cogido el juego de 360, que me he ido a casa, metido uno de PS2 que también compré aquí, cambiando el manual y todo, que tiene vuestras pegatinas, y que me he venido aquí a hacerte el lío?
- ...
- Vamos a ver, mira las cajas de PS2. Tienes que tener alguna vacía que coincida con el juego éste, no al revés.
En ese momento, parece que se encendió la bombilla. Y se dió cuenta de todo. Miró el manual, vió que estaba todo mal y me cambió el juego.
Tres cuartos de hora más tarde de haber entrado en la tienda con una reclamación sencillita y justa, salgo con un cabreo considerable y el juego en la mano.
El error de la persona que me vendió el juego en su momento no me molesta. Es un fallo que cualquier podemos cometer, una equivocación que no tiene mayor importancia. Lo que me molesta profundamente es que, a la ligera, me acusen de intentar estafar, además en una cosa tan tonta.