La democracia se basa en el votante crítico, y en USA hace mucho tiempo que la gente vota lo que le mandan, a nadie se le escapa el nivel formativo que tienen allí, ni los esfuerzos de los de arriba por el control del pensamiento electoral. Dicho esto, y para desgracia de Trump, aquello sigue pretendiendo ser una democracia. Demasiados años de propaganda al respecto. La popularidad de Trump ha bajado unos diez puntos desde enero, (más o menos un 20%, una barbaridad), y si se votara hoy mismo el ser naranja saldría con los pies por delante.
Claro, sigue sorprendiendo el volumen de rednecks, hillbillis e hinchas que tiene este señor. Pero el peligro real no está en el probado sectarismo irracional de los votantes yanquis. Ahora mismo lo que teme todo el mundo es ese porcentaje de fascistas gringos, muchos de ellos en la Asociación Nacional del Rifle y con un acceso pleno a armas de todos los colores. Sus votos no llegan para mantenerle en el poder electoralmente, pero sus armas sí pueden llegar para mantenerle en el poder coercitivamente. Trump controla el ejército y las milicias civiles, y como bien insinuó ese reciente proto-dictador español hoy dedicado a la restauración, quien maneja las armas maneja el poder.
Trump quiere ser el Putin de occidente, está maniobrando para serlo, y encontrarnos con la segunda guerra civil estadounidense en 2.028 no voy a decir que sea probable, pero sin duda alguna es posible. Ese escenario sería el escopetazo de salida para la ocupación de Taiwan por China, de Europa por Rusia y en general la fiesta de pijamas de todos los tiranos, canallas e hijos de puta del planeta: el nacimiento del "mundo multipolar", o del "sálvese quien pueda". Lo mejor que podría pasar para la estabilidad y prosperidad del mundo sería ver a Trump aplastado en las urnas y después encarcelado por alta traición o por pederastia, pero eso también es improbable. El escenario más razonable es una discreta derrota electoral, un nuevo intento penoso de golpe de estado estilo ocupación del capitolio, y una vuelta a la normalidad.