Falkiño escribió:Eso es cierto, buena puntualización
@katxan . Navarra conservó incluso su propio Consejo Real del Reino de Navarra si no recuerdo mal, al margen del nuevo Consejo Real establecido para toda España.
Es complicado medir la configuración política de esas épocas con los parámetros actuales. Digamos que los estados modernos no nacen como tales hasta bien entrado el siglo XIX. Hasta entonces, los distintos reinos no eran sino propiedades de tal o cual familia. A veces esos reinos tenían otros vínculos al margen de ése, pero otras, ninguno en absoluto. En el caso de Navarra, tenía un Virrey. Vendría a ser como ahora la figura del delegado del gobierno o antes la del gobernador civil. Se encargaba de velar por los intereses del rey en un lugar concreto. Ojo, por los intereses del rey, no por ninguna otra cosa. Hay que tener en cuenta que las tierras, propiedades, gentes... no eran otra cosa que posesiones de un tío, como ahora podemos tener cualquiera de nosotros una huerta o un coche. Y lo que buscaban era que les diera rendimientos. El rey de España tenía Castilla, tenía Aragón, tenía Navarra, tenía las tierras de Ultramar, colonias en África y Asia... eran sus posesiones. Como el que tiene una casa en su pueblo, otra en la ciudad y una mansión en las Bahamas.
En el caso de los reyes de España (incluso hoy día), para considerarse también reyes de Navarra, deben jurar los fueros y cumplirlos y hacerlos cumplir. Si rompen esa promesa, automáticamente dejarían de ser reyes de Navarra (lo cual en pleno siglo XXI crearía un curioso conflicto legal y administrativo. Cosas del anacronismo monárquico). Navarra no era Castilla, pero pertenecía al rey de Castilla (después rey de España). Las leyes penales, civiles, tributarias, etc. eran los fueros de Navarra. No había un consejo real puesto que Navarra ya no tenía rey, salvo el de Castilla, pero éste no podía imponer sus leyes en Navarra, pues había jurado respetar y cumplir y hacer cumplir los fueros y los fueros no se promulgan, son un conjunto de usos y costumbres que con el devenir del tiempo se han transformado en leyes. No ha habido una serie de señores que las hayan dictado. La principal de ellas era lo que se denomina el "pase foral" y el motivo por el que el rey de España no podía imponer leyes. El pase foral dice que una ley que vaya en contra de los intereses de los navarros "se acata pero no se cumple". Y esto es legal. Y muy curioso. Es decir, el rey juraba los fueros. Imaginemos que luego dictaminaba una ley y quería que se aplicase en Navarra. Las cortes de Navarra no podían rechazarla. Pero podían aplicar el artículo del fuero que decía que "se acata pero no se cumple". Traducido al lenguaje moderno sería algo así como "por una oreja me entra y por la otra me sale"

o "sí, sí, tranquilo, que un siglo de éstos la implementamos". Y el rey había jurado cumplir y hacer cumplir los fueros. No podía caer en un contrafuero, como sería saltarse el pase foral, porque ello implicaría inmediatamente que dejaría de ser rey de Navarra, perdería la propiedad del reino.
Puede sonar a lioso, pero en el contexto histórico tenía su lógica. Ojo, que aún hoy día en Navarra tenemos leyes, sobre todo las referidas a heredades y ese tipo de cosas que en determinados puntos dice literalmente: "lo que la costumbre disponga". Y la verdad es que funcionan de puta madre. Y de hecho, esta legislatura en el parlamento navarro se ha planteado en varias ocasiones aplicar el pase foral a varias leyes españolas (como la LOMCE o la que impide dar atención sanitaria a inmigrantes sin papeles). No obstante esto ya es más complejo, pues el pase foral es legal, pero claro, quien manda ahora, pese a estar en una monarquía, no es el rey, sino el parlamento español. Que no ha jurado respetar ni cumplir nada... aunque la constitución sí consagra los fueros. Ahí se da un curioso conflicto legal, que mucho me temo que de darse se saldaría con la imposición del más fuerte y la constitución y los fueros me los paso yo por el forro de donde me sé. Que total, puestos a mearse en los artículos de la vivienda y el trabajo dignos y esas cosas, qué más da cargarse también el de los fueros y los que haga falta.
Lo de la imposición de la lengua es muy complejo también. Más que represión, que también, la mayor parte del tiempo hubo presión. Presión social, presión institucional, presión política... Quiero decir que cuando hay una lengua que es la de los negocios, la de las élites, la del comercio, la de la diplomacia, etc., las otras pasan a convertirse en el idioma de los paletos, de los analfabetos, de los incultos, de la baja estofa. Todo el mundo quiere prosperar y codearse con la alta sociedad, con los que mandan, eso implica adoptar sus usos, sus costumbres, su idioma y lo que haga falta. Quienes no lo hacen son despreciados, vilipendiados y sometidos poco menos que a lo que hoy en día consideraríamos bullyng. Si a eso le sumamos campañas de desprestigio de la lengua vernácula, la prohibición de su uso en mercados, aulas, etc., cada vez van perdiendo más prestigio social, más ámbitos donde poder usarse y se van quedando arrinconadas en el ámbito familiar, en ghettos o en los pueblos más recónditos e inaccesibles, lo cual contribuye aún más a dar otro impulso a que sean consideradas lenguas de aldeanos, de pastores, de paletos, de incultos. Se destierran de los ámbitos académicos, intelectuales, culturales...
No despreciemos ese tipo de condicionantes. La presión social a menudo ha hecho mucho más daño que la persecución directa, las multas o las palizas.