Mientras sigo con
Middlemarch en inglés, que me está amargando la vida aunque no puedo alegar que no supiera dónde me metía ( llevo tres volúmenes y pico y apenas voy por la mitad del libro, tan denso y pesado resulta ), me he puesto también en paralelo con una lectura mucho más agradecida,
La Vida del Buscón, del gran
Francisco de Quevedo. Considero muy posible que la leyera en mi juventud, en lectura escolar, hace ya más décadas de las que quiero pensar, pero la verdad es que me apetecía algo de humor, y cómo no, lo estoy disfrutando enormemente.
La Vida del Buscón, llamado Don Pablos, exemplo de vagamundos y espejo de tacaños
Francisco de Quevedo

En cuanto lo termine, porque es breve, ya tengo en mente mi nueva aventura literaria, probablemente
Q, otro tocho importante con cierta fama de confuso por las razones que explicaré en su momento.