Pues nada, a pocos días de la Navidad toca otra vez repasar tres lecturas, empezando por
La epopeya de las alas de Rafael Cansinos Assens, una obrita de corte teatral. En ella una familia compuesta por una madre y tres hermanas esperan la vuelta del hijo pródigo, «nuevo trasunto del lamentable Ícaro», atraído por el fulgor transcendental del cielo, mas derrotado y cercenado por este mismo. De prosa alambicada, lo tildan de ejercicio estilístico con razón. Me ha gustado mucho.
Sigo con
Canto del oeste coreano de Yi Chongjun, una consecución de relatos hilados entre sí por el canto, empezando por un hombre que busca a su hermana invidente por mano de su propio padre juglar, por la creencia de que así cantaría mejor. Ambientado muy próximo a la naturaleza, entre ríos, montañas y campos de cultivo, con hogares muy distanciados entre sí, los personajes tienen que sobrevivir a las cuitas típicas de una sociedad pobre, como que los hijos se alejen del hogar materno en busca de un futuro mejor, y de cómo ese futuro truncado cristaliza en la nostalgia del tarareo de su ya anciana madre cuando no tenían más preocupación que jugar de pequeños con las cometas. Un acercamiento a la literatura coreana muy bello.
Termino con los
cuentos completos de Kafka, que empecé hace ya tanto tiempo. Qué más podría añadir del célebre escritor praguense que no se haya dicho a estas alturas, con deciros que ya llevo a mis espaldas cuatro prólogos sobre él y su obra y todos ellos tratan con extensión distintos ámbitos de su vida. Respecto a sus cuentos, reconozco que no esperaba encontrar tantos con protagonistas animales, como
Investigaciones de un perro,
La guarida o los escritos de Pedro el Rojo. Dada la naturaleza excitable del autor, que «respiraba literatura», y a su imposibilidad de encontrar cierta paz para poder dar rienda suelta a su estro, nos encontramos con una obra fragmentada, reducida normalmente a un párrafo, un breve esbozo o, en el mejor de los casos, un posible primer capítulo. Tengo la sensación de que los exégetas posteriores de su obra le quisieron atribuir un cúmulo de significados, temas, metáforas y simbolismos a cada una de sus líneas que complica mucho discernir cuál fue la intención de Kafka y cuál la imaginada suposición del comentarista. Dicho esto, si os interesan los bloques de texto concebidos por una mente febril, que vuelve una y otra vez sobre una misma idea, que avanza muy poco a poco y que no acaba de desarrollar porque termina abruptamente, ya sabéis. Todavía tengo traumas con
La guarida; me recordó en su estilo a
El innombrable de Beckett, aunque no tan arduo, siéndolo ya mucho.
Respecto a lo que tengo sobre la mesa, me gustaría rematar la obra breve de Kafka —porque se ve que los cuentos completos no lo son tanto—, con dos recopilaciones del
estuche que publicaron hace unos años: escritos publicados en vida y los póstumos. Quizá con el tiempo, con renovados ánimos completistas, vuelva a por sus aforismos, diarios, cartas, etc., pero por ahora estoy bastante ahíto de él. Tengo pensado después de esto empezar los
cuentos de Edgar Allan Poe, a los que tengo un montón de ganas. También he de rematar unos pocos ensayos que tengo a medias, pero poco a poco.