Estaba bastante claro que la nueva ley europea que obliga a los fabricantes de dispositivos electrónicos a montar baterías fácilmente sustituibles. Compañías como Nintendo ya han hecho los deberes con modelos como la revisión de la Switch 2, ¿pero qué sucederá con esos aparatos de consumo muy pequeños o que actualmente requieren integraciones delicadas? Para ellos habrá nuevas excepciones.
Según informa la publicación estadounidense Politico, compañías como Meta han tenido el apoyo de Estados Unidos, que ha hecho presión para lograr ciertas excepciones en una norma que, según el embajador europeo Andrew Puzder, "era tan amplia y tan restrictiva que evitaba la venta" de productos como las últimas gafas inteligentes de Meta, cuyo lanzamiento tuvo que ser pospuesto ante la dificultad de rediseñarlo para montar baterías reparables.
De esta forma, a la lista de excepciones ya prevista en la ley original se añadirán seis nuevas categorías de producto que no tendrán necesidad de utilizar baterías fácilmente desmontables. Estos dispositivos incluirán relojes inteligentes y cuantificadores deportivos, juguetes eléctricos y productos cubiertos por la directiva ATEX, que regula aquellos utilizados en atmósferas explosivas (como los sensores de un motor).
Según ha señalado la Comisión Europea a través de un portavoz, este cambio "no se debe a la presión de nadie", sino que obedecen a un proceso de consultas con asociaciones de consumidores, empresas y los propios estados miembros. Ahora seguirán dos meses durante los cuales el nuevo texto se podrá impugnar y, sumiendo que nadie se oponga, los cambios se convertirán en ley una vez publicado en el boletín europeo.
Llegados a este punto es necesario decir que la Comisión Europea sigue viendo con desconfianza el mismo concepto de las gafas inteligentes. Su capacidad para capturar datos de forma indiscriminada las ha puesto en el punto de mira de los reguladores, e incluso si legalmente estos cambios facilitan su comercialización, empresas como Meta, Samsung o Google posiblemente se encontrarán en el futuro con desafíos técnicos y legales bastante más complicados que los impuestos por los nuevos criterios de reparabilidad.