Yo no he visto en mi vida a ningún presidente de USA actuar como hace este infraser. Y mira que allí ha habido tíos de mal carácter, ha habido incompetentes, ha habido hijos de puta y ha habido tíos con escándalos. Pero incluso a ninguno de esos se les vio actuar como Trump a la hora de buscar ese protagonismo exacerbado, ese culto a su propia figura impuesto a nivel institucional, esa insistencia por ser un matón con todo aquel que no le siga el cuento incluso a niveles de niño pequeño. Porque al final es eso, un niño malcriado al que se le han dado las llaves de la mayor potencia mundial. Hay una diferencia brutal entre Trump y cualquier otro mal presidente que haya tenido USA en toda su historia. Es lo más cerca que hemos estado de lo que hasta ahora solo habíamos visto en novelas distópicas. Y a ver hasta donde llega porque parece que nadie le para los pies. Bonito mundo nos va a dejar...
Yo he de reconocer que cometí un gravísimo error al infravalorar lo que podía llegar a hacer este tipejo. Cometí el error de no tomármelo en serio, de verlo únicamente como un payaso. Pero me ha dado un zas en toda la boca demostrándome que puede ser muchísimo más peligroso de lo que pensaba y no solo eso sino que puede serlo también fuera de sus fronteras. Por eso, desde que me di cuenta de mi error, me tomo mucho más en serio a los payasos como él que están surgiendo como enanos en otros países. Se están viendo señales de dirigirnos a un mundo muy pero que muy preocupante y hay muchísima gente que sigue sin ver la gravedad que tiene. Yo no volveré a cometer el mismo, a esta gente hay que pararla antes de que toquen poder.
Por eso desde el otro lado hay que hacer el trabajo muchísimo mejor de lo que se está haciendo, estamos en un momento de responsabilidad tremenda que requiere una exigencia igual de tremenda a aquellos encargados de salvaguardar la paz. Por eso la clave aquí no es preguntarnos qué podemos hacer para hacerle frente a Trump y sus secuaces sino qué podemos hacer para reintegrar a todos aquellos que están deshumanizándose. No podemos limitarnos a ponernos en frente, decir que ellos son los malos y esperar que no voten a esos tipejos. Hay que hacer un examen de conciencia, analizar en qué se ha fallado, cómo hemos perdido a esa gente y cómo podemos recuperarlos. Estamos en un momento que puede marcar la historia para bien o para mal y hay que estar a una gran altura.