Cada sábado en televisión parece que LaSexta tiene la obligación de invitar a un niño pijo a soltar barbaridades económicas con voz de “te lo explico porque tú no entiendes de mercado”. Esta semana le tocó a Jorge Branger, que sin despeinarse soltó: “Yo eliminaría el salario mínimo”. Tal cual.
Este tipo de discurso no es nuevo. Es el mismo de siempre, pero en zapatillas blancas, camisa entallada y lenguaje de coaching barato. Nos habla del dinero como si fuera "el símbolo del trabajo duro", cuando lo que tiene él en el banco probablemente no venga de fregar suelos ni de currar en Amazon diez horas por mil euros.
Dice que el SMI impide contratar a gente que "no produce lo suficiente". ¿Perdón? ¿No será que hay empresarios que no quieren pagar lo que se produce, y se forran a costa del esfuerzo ajeno?
Nos intenta colar que si quitamos el salario mínimo, mágicamente la economía funcionará mejor, porque así los “menos cualificados” también tendrán su sitio. Claro. En el sótano de la precariedad. En el sótano de los 400 € al mes y sin derecho a protestar.
Luego, como si eso no fuera suficiente cinismo, propone que el Estado ponga la diferencia: “tú le pagas 800 €, y ya el Estado lo complementa con fondos públicos”. O sea, tú explotas… y todos los demás lo subvencionamos.
El colmo del liberalismo: socializar los costes, privatizar los beneficios.
Lo más grave es que hay chavales, incluso de nuestra edad, que aplauden estas burradas. Que creen que tener un jefe que no les insulta ya es suerte. Que aceptan condiciones indignas porque “al menos tienen curro”. Y luego se preguntan por qué no llegan a fin de mes.
¿Sabéis qué pasa en los países sin salario mínimo que pone como ejemplo este genio de las finanzas? Que la sindicalización es masiva, que los convenios colectivos son ley, y que los alquileres no están en manos de fondos buitre. No es libertad. Es equilibrio. Y aquí no lo hay.
Afra Blanco, en ese mismo plató, le dio una lección que habría que poner en bucle en todos los institutos: datos, contexto y memoria de clase. Le recordó lo que nadie en ese plató quiso decir en voz alta: que lo que este tipo propone no es economía. Es esclavitud 2.0 con sonrisa de LinkedIn.
Quieren que trabajes por menos, que calles más, y que encima les des las gracias.
Más Afra y menos Jorge. Más condiciones dignas y menos pijos con micrófono. Porque sin salario mínimo, lo único mínimo que queda es tu vida.
Por otro lado quería Hablar de la Garibaldi y Pablo Iglesias EL EMPRESARIO
Cada vez que Pablo Iglesias respira, medio país entra en combustión. Si monta un medio de comunicación: “propaganda comunista”. Si publica un libro: “adoctrinamiento”. Si monta un bar: “se quiere forrar con cerveza subvencionada”. Da igual lo que haga: todo está mal, porque lo hace él.
Garibaldi es un bar, sí. Pero también es un centro cultural, un espacio político, un punto de encuentro de barrio con identidad antifascista. Y eso, para muchos, es imperdonable. Porque un bar de fachas es un negocio. Pero un bar de izquierdas... es un escándalo nacional.
Los mismos que montan tertulias eternas sobre “el adoctrinamiento en la educación pública” se escandalizan porque se presente un libro de Irene Montero en Lavapiés. ¿No se supone que eran liberales? ¿No defendían la empresa privada? ¿O solo vale si la tapa lleva bandera?
Que Pablo Iglesias gane dinero con un bar es escándalo. Que lo gane con un medio, también. Que se le ocurra montar una funeraria progresista, ya es directamente apocalíptico.
Pero vamos por partes. La Taberna Garibaldi ha cumplido todo lo que dijo que haría: actos culturales, conciertos, presentaciones, resistencia vecinal frente al acoso de nazis, y un bar que no pide perdón por tener ideología. ¿Gana dinero? Supongo. ¿Y qué? ¿No era eso el capitalismo del que hablaban? Pues ajo y agua.
¿El problema es el lucro o es que el lucro tenga acento de izquierdas?
Y por cierto, nadie está obligado a poner un euro en el crowdfunding. Pero lo que molesta no es la recaudación: es que funcione. Que los medios ultras hablen mal y que la gente, en vez de espantarse, diga: “Ah, ¿esto molesta a los de la banderita? Pues toma mis 10 euros, Pablo.”
El famoso “efecto Streisand”, convertido en “efecto Garibaldi”. Cuanto más ladran, más cerveza se sirve.
Lo importante aquí no es que Iglesias quiera montar un bar más grande. Lo importante es que lo hace con base política, ideológica y cultural. Que plantea algo más allá del negocio. Que crea comunidad en un país donde nos han enseñado que ser de izquierdas es renunciar, callar, o pedir perdón por vivir.
Ya va siendo hora de romper ese relato. Y si hay que hacerlo desde un bar, con croquetas progresistas y recitales antifascistas, pues adelante. Mejor eso que otro gin-tonic servido con pulsera rojigualda y conspiranoia por bandera.
Si ser de izquierdas con dinero es una contradicción, entonces ya va siendo hora de normalizar la contradicción. Porque a este paso, la única izquierda que va a quedar es la que no moleste, no beba cerveza, y no gane elecciones.
Y por ultimo quiero comentar lo que ha dicho la tertuliana Sarah Santaolalla por que a estas alturas, cualquiera que tenga memoria no te digo ya conciencia política sabe cómo funciona esto: al PP se le tapan los crímenes, al PSOE se le maquillan, y a Podemos se le inventan. Lo vimos con la gestión de las residencias, lo vemos con la DANA en Valencia, y lo veremos con todo lo que huela a resistencia real.
Sarah Santaolalla no hizo otra cosa que recordar lo obvio: que mientras Pedro Sánchez se reunía con víctimas, Mazón ni apareció. Que mientras se investiga la gestión criminal de las residencias madrileñas, todavía hay medios que insisten en que la culpa era de Pablo Iglesias.
Eso no es opinión. Eso es manipulación. Eso es bulo con chaqueta y micro de Prime Time.
Los mismos que nos hablaban del "efecto merchandising" cuando familiares de víctimas llevaban camisetas exigiendo justicia. Los mismos que aún hoy siguen confundiendo competencias para defender a Ayuso. Los que taparon a Feijóo con los narcos, y ahora tapan a Mazón con la gota fría.
¿Y mientras? Gaza, desahucios, listas de espera, precariedad, silencio. Todo eso fuera de plano. Porque si no se habla, no existe.
No existe el genocidio, porque criticarlo es “antisemitismo”. No existen los desahucios, porque son “ocupaciones”. No existe la miseria estructural, porque el SMI es demasiado alto. Todo ese marco se fabrica desde los mismos platós donde, con toda naturalidad, se miente sobre las competencias de un exvicepresidente mientras se blanquea a una presidenta que dejó morir a miles de mayores por protocolo.
Esto no es casual. Es método. Es manual. Y mientras no haya una alternativa mediática que rompa ese relato, seguirán ganando.
Por eso es importante no solo ver estos vídeos, sino compartirlos. Porque la información ya no es un derecho: es una batalla. Y en esa batalla, cada mentira sin réplica deja un hueco más grande para el fascismo.
Que el periodismo vuelva a ser verdad. Que la izquierda vuelva a tener memoria. Que la resistencia no se quede en los márgenes.
Y hasta aquí toda mi OPINION sobre estos temas
y por ultimo no os parece que la nueva norma de LaSexta Xplica es traer a un cantamañanas por semana para soltar la barbaridad del sábado. Si no es uno defendiendo que se elimine el salario mínimo, es otro justificando el recorte de derechos, o un emprendedor de PowerPoint vendiendo coaching disfrazado de análisis económico.
La dinámica es siempre la misma: traje ajustado, discurso liberal de TikTok, y cero contacto con la realidad de la gente que cobra 1.200 € y no llega a fin de mes.
Mientras tanto, invitan a una sindicalista o a alguien con datos… y lo interrumpen cada 15 segundos. Eso sí, el cantamañanas tiene su bloque de 3 minutos para explicar que “el mercado se regula solo” y que “si no te da para pagar el alquiler, es que no produces lo suficiente”.
¿Esto va de explicar la realidad o de imponerla desde arriba con sonrisita y tablas de Excel?
¿De verdad no hay economistas con pies en la tierra que puedan hablar sin soltar dogmas ultraliberales sacados de foros de business angels? ¿Es esto una tertulia o un TED Talk neoliberal?
¿Qué opináis? ¿Os parece pluralidad o manipulación encubierta con estética de debate? ¿Hay alguien que valga la pena en ese plató últimamente?