Como dicen algunos las denuncias falsas no existen así que es "justa" cualquier ley que considere culpable al hombre hasta que demuestre la inocencia porque se ha "demostrado" que ellas nunca denuncian falsamente.....no tienen además motivos (ayudas económicas del estado, sentencias condenatorias donde el hombre puede llegar a pagarles un dineral, venganza contra un ex o un tío que no ha querido saber de ellas, etc etc) para denunciar falsamente y siempre dicen la verdad, solo por ser mujeres. Luego está la realidad, que salvo que ella reconozca que es denuncia falsa (algo que difícilmente va a reconocer ninguna porque entonces sería ella la condenada, solo sucede excepcionalmente) no se va a considerar como tal, por evidente y clara que sea esta.
Ejemplo, noticias de hace solo unos días. Denuncia de abuso sexual sobre un médico, se demuestra que es una denuncia falsa, pero el juzgado "decreta el sobreseimiento" en lugar de tomar medidas contra la mujer que presenta la denuncia falsa y hacer que conste como tal. Incluso se plantean si pueden hacer responsable al INSS por la denuncia falsa de esta mujer y el perjuicio para ese doctor.....no a la mujer como responsable, al INSS (la enésima muestra que las denuncias falsas no tienen consecuencias para ellas) otra cosa es lo absurdo que me parece la incapacidad permanente por este tema (anda que no hay parcelas donde podría trabajar si no quiere tratar a más mujeres por miedo)
La segunda noticia de la Guardia Civil, sin comentarios. Tremendo que una Guardia Civil presente una denuncia falsa de agresión sexual para que su marido no quede como el cornudo del cuerpo. Y que es irrefutable que la denuncia es falsa porque hay conversaciones donde ella misma reconoce lo que pasó realmente.....aún así no consta como tal, solo se plantean estudiar el caso y si pudiese serlo.
El TSJ del País Vasco condena al INSS por no activar su propio protocolo tras una denuncia falsa que arruinó la salud mental de un médico inspectorEl caso arranca con una consulta rutinaria. Cinco días después, la paciente presenta una denuncia por abuso sexual. El INSS abre un expediente interno, escucha al médico y archiva el asunto en abril de ese mismo año al no apreciar mala praxis. La vía penal sigue el mismo camino:
el juzgado decreta el sobreseimiento provisional en mayo de 2018. Todo indica que la acusación carecía de base.
Pero el archivo no cerró la herida. El médico continuó trabajando, sin comunicar a Recursos Humanos cómo le estaba afectando la situación. Un año después, en febrero de 2019, su salud se derrumba: baja médica por estrés postraumático, reconocida como accidente de trabajo. Los informes clínicos describen un cuadro severo, con reviviscencias, angustia intensa
y una incapacidad clara para atender a pacientes femeninas. En 2022,
el propio TSJ le reconoce una incapacidad permanente total: no puede ejercer su profesión con normalidad porque no puede explorar a la mitad de la población.
La pregunta que debía resolver ahora la Sala era incómoda: ¿puede responsabilizarse al INSS de un daño originado por la denuncia de un tercero?
Investigan si una guardia civil se inventó una agresión sexual de un compañeroExisten mensajes en los que la denunciante reconoció que no había sido forzada y su marido le animó a exagerar el relato
Este fue su relato, recogido en el auto judicial:
“Según lo narrado por la guardia civil Dª [...], la citada noche pernoctó en la misma habitación con el guardia civil [...], manifestando asimismo la denunciante que ella se encontraba bajo los efectos del alcohol, y que no recordaba nada de lo ocurrido desde la salida de un bar, ni cómo se fue del lugar, ni cómo llegó a la habitación de la residencia, matizando que en un momento dado de la noche se había despertado con el guardia [...] en actitud presuntamente libidinosa, señalando de forma literal que éste estaba «buscándomelas vueltas», intentando penetrarme y yo le dije que no, intentó hacérmelo por detrás, yo le dije que no, y al final acabé teniendo sexo con él, yo no quería”.
De acuerdo con esa denuncia, la guardia civil finalmente practicó una felación al guardia civil puesto que “veía que era la única manera como de acabar” (sic) con la situación.
Por declaraciones de testigos, de la denunciante y del denunciado, y por cámaras de seguridad, se comprobó que ellos dos llegaron a la residencia de la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, en San Sebastián, a la una de la madrugada y “a un ritmo habitual de deambulación en un espacio cerrado mientras conversaban o interactuaban con normalidad y sin que se evidenciase, a la vista de las grabaciones ofrecidas por las cámaras de seguridad del mencionado establecimiento, ningún signo de que alguno de dichos guardias civiles tuviesen mermadas sus capacidades intelectivas o de relación interpersonal”.
Ambos fueron a la habitación que ella tenía reservada, “donde pernoctaron y mantuvieron relaciones sexuales”.
Lo que consideró acreditado indiciariamente fue que “tras quedarse dormidos en la misma cama, y pasar la noche en la misma habitación, a las 07:39 horas la guardia abandona la residencia la mañana del 17 de enero, manipulando su teléfono móvil a la salida del establecimiento, en lo que, a la vista de las grabaciones de las cámaras de seguridad del mismo, parece ser la realización de una fotografía tipo «selfi». Posteriormente, acudió a su puesto de trabajo, donde la encontró el guardia [...] trabajando en el ordenador, sin que se hubiera comentado nada relativo a los hechos denunciados”.
La mujer volvió a la residencia porque el hombre le avisó de que se había dejado algo de ropa interior. Ambos se marcharon por separado poco después, y ella borró los mensajes con él.
Los compañeros de la unidad comentaron el hecho de que se hubieran ido juntos esa noche.
Mensajes con su marido, también guardia civil
Lo importante en este caso fueron las conversaciones por teléfono y por mensajes que la guardia civil mantuvo con su compañero y con su propio marido, también miembro de la Guardia Civil.
Por ejemplo, la agente llamó a su compañero “cuando éste se encontraba de vacaciones con su familia indicándole que su marido sabía lo ocurrido y que le había arruinado la vida”.
El auto también recoge que “en las diversas conversaciones a través de mensajería la denunciante reconoce a su marido (día 18 de enero), a través de diversos mensajes, haberle fallado, sentirse fatal, y haberse «liado» con el guardia civil [...], así como no querer vivir «con esta mentira»”.
La reacción del marido fue reprocharle su conducta. Le dijo que ella le daba “mucho asco”, la llamó mentirosa, y dijo que él se sentía “ el cornudo del País Vasco”
“En la mensajería intercambiada con la denunciante en los días posteriores, el marido le pregunta por los detalles de la relación con el investigado esa noche”, según la justicia militar.
La agente le reconoció: “El chaval me gusta su manera de ser, pero no me había atraído antes, no sé porque lo hice”. Le dijo que se había equivocado, que la había “cagado”, y le pidió perdón.
“Está claro que no le dije que no”
Lo más relevante es que en mensajes posteriores,
ella le reconoció a su marido, sobre el acto sexual llevado a cabo con el compañero, que “está claro que no le dije que no”, que “en el momento estaba caliente”, que “jamás habría pensado que era capaz de hacer lo que he hecho”...
Muy revelado fue el siguiente mensaje: “El recuerdo que tengo es de que él quería metérmela y yo no, pero lo que hice lo hice yo. No me obligó”.“En otro mensaje, también del 20 de enero de 2025, la denunciante le responde a su marido que el investigado en el momento de llevar a cabo el acto sexual no la forzó, tras lo que aquél le responde: «Me siento un gilipollas, una mierda, un subnormal, que no valgo nada de nada»”.
La guardia civil incluso habló de este asunto con su cuñada (la hermana de su marido), en términos parecidos: “¿Cómo he sido capaz de liarla así?”, “Pero que la culpa es mía”, “Que por muy cerdo que sea si yo digo que no pues ya está”.
¿Qué paso entonces? ¿Cómo se llegó al punto de que la guardia presentara una denuncia?
Le animó a denunciarle como venganza
El Tribunal Militar Territorial Cuarto establece que el marido de la protagonista del caso (hay que recordar que él también es guardia civil) “pasa a manifestar en la mensajería mantenida con su esposa una intención de retorsión o venganza por lo sucedido”.
Le escribió mensajes como “se lo voy a decir a la mujer del tío ese, necesito vengarme de él”, “no quiero quedar como el cornudo subnormal que se va con el rabo entre las piernas”...
Ya el 31 de enero comenzó a animar a su esposa a denunciar, a contar los hechos a los superiores.