Stop Destroying Videogames, una campaña que forma parte del movimiento Stop Killing Games y cuyo objetivo es que la Unión Europea exija a los editores de videojuegos que se pueda jugar a sus títulos cuando estos dejan de recibir soporte oficial, se ha dado de bruces con la Comisión Europea. La
respuesta del órgano ejecutivo se resume en que ha decidido no apoyar la iniciativa y sus más de 1,3 millones de firmas debido a la legislación de la Unión Europea en materia de derechos de autor. La Comisión Europea considera que, en esta etapa, no puede proponer la obligación legal de que los…