Yo ya tiro la toalla. Llevo dos años soltero y como ya he dicho en algún otro hilo, me he dedicado plenamente a vivir mi vida, sin obsesionarme con las mujeres, ligar, tener novia, etc. Es un tiempo que he dedicado a desarrollarme como persona, a viajar muchísimo, realizar proyectos, mi trabajo, amistades, etc. No obstante, mentiría si dijese que a veces no echo de menos tener a alguien a mi lado. Ya no hablo tampoco de algo serio, sino de tener algún que otro rollo esporádico, que como dice el dicho, a nadie le amarga un dulce.
El caso es que en estos dos años, se me habrán cruzado cuatro o cinco chicas con las que tampoco buscaba nada serio, pero que por alguna razón, me llevaron a ilusionarme como hacia tiempo que no lo hacía, por tener ese momento repleto de tonteo, sonrisas nerviosas y miradas tímidas que pueden llevar a un beso o algo más. El problema es que estoy teniendo una suerte terrible que me está llevando por un camino de amargura constante con las mujeres. Es una decepción tras otra y a veces, de manera dolorosa. A continuación, os resumo muy brevemente algunas de estas experiencias que he tenido que sufrir:
Chica A: Nos conocemos en una discoteca y nos acabamos liando. Ella es la primera mujer con la que me beso desde que lo dejo con mi ex hace un año desde ese momento. Las dos semanas siguientes, vamos quedando y seguimos de lío, todo bastante guay, a la par que picante y fogoso. De repente, una noche que estamos cenando, sin venir a cuento, me suelta que yo no soy su tipo, que no le gusto ni le atraigo lo más mínimo, etc. La cara que se me queda es de auténtico gilipollas. No sé vosotros, pero yo no estaría de lío durante dos semanas con alguien que no me atrae un pelo.
La envío a tomar por culo de manera muy cortés y elegante y ahí acaba la cosa.
Chica B: La conozco en un speed dating. Buena comunicación desde el inicio, hablando las cosas con transparencia y cuidado. Me agradece que vayamos poco a poco, sin forzar nada, sin prisa. Hacemos varias quedadas. La última, en un cabaret que me propuso ella. Después de esa noche, se marca un ghosting y corta de manera bastante abrupta la comunicación conmigo. Al cabo de no demasiado, ella me deja de seguir en redes. Nunca le repliqué nada, dejé que desapareciese y nada más.
Chica C: Esto ya lo conté en una ocasión y de todas las experiencias es la más "chorra", pero en su momento también me tocó las narices. Estando de vacaciones en Florencia, conozco a una camarera española. Hay muchísimo feeling y hablamos muchísimo en el restaurante durante la comida. Me animo a invitarla a tomar algo en cuanto acabe de trabajar por la noche. Acepta. Cae la noche, quedamos a la hora y el sitio acordado pero ella no se presenta. No dice nada. Al cabo de quince minutos, decido escribirle un mensaje. Me contesta que está cansada y que no va a venir. Si no llega a ser por mí, me quedo esperando ahí como un pelele. Regreso al albergue e intento no comerme mucho la cabeza para dormirme, pues estoy en una ciudad increíble y mis vacaciones no me las jode nadie.
Chica D: Esta ha sido la última. Pasó hace pocos días. Conozco a una chica desde el año 2019-2020. Siempre nos hemos llevado muy bien. Es una tía súper extrovertida y con desparpajo a la hora de hablar y eso me encanta. Estás últimas cinco semanas hemos hablado muchísimo por Instagram y ya comienza a notarse un tonteo muy, muy evidente por parte de los dos. Al final, decidimos quedar. Salimos de copas. Como ella no está trabajando, la invito a alguna que otra copa. A lo largo de tres horas, hay tonteo, acercamiento físico, pero yo soy extremadamente cauteloso y si me lanzo, quiero estar seguro de que ella quiere lo mismo que yo. Lo ultimo que quiero recibir es una cobra. Sin embargo, algo que no me gusta es que durante toda la noche, coge el móvil no pocas veces para consultar el WhatsApp. Me resulta un tanto irrespetuoso, pero la historia no acaba aquí. Me dice que está algo cansada y no le apetece ir al último local musical que habíamos dicho de ir. Le digo que no pasa nada y damos un paseo. Durante el camino, ella entra en un bar para mear. Tarda un poco en salir. Al regresar a la calle, me dice que ha conocido a dos chicos muy majos y que se ha tomado un chupito con ellos, que seguramente ellos irán a este local. De repente, sus ganas por ir a este último sitio reaparecen y acabamos yendo, aunque yo ya estoy algo mosca en ese momento. Le pago la entrada para el local. Entramos. Se reencuentra con los dos chicos. Me los presenta. Yo no me siento nada cómodo porque ya me me lo estoy viendo venir, aunque la decepción supera todas mis expectativas: en menos que canta un gallo, la chica se está comiendo la boca con unos de las maromos, justo a mi lado. De nuevo, mi cara de gilipollas resulta un poema. Tres horas picando piedra y ese completo desconocido, en unos cinco escasos minutos, ha conseguido lo que yo llevaba pretendiendo hacer toda la noche. No digo nada. Me voy sin decir ni una palabra, cojo el coche y regreso a mi casa, a pesar de que prometí llevarla a la suya de regreso. A la mañana siguiente me envió un tibio mensaje de WhatsApp bastante carente de preocupación o remordimiento. Yo no he vuelto a decirle nada y ella no me ha escrito más mensajes.
Ahora os pregunto, ¿soy el único con tan mala fortuna? ¿Tan mal está el panorama? Esto que voy a decir va a crear ampollas, pero hay una crisis de valores alarmante y creo que afectan más a las mujeres que a los hombres debido a ciertos motivos que darían para otro hilo aparte. Como siempre, voy a seguir a lo mío, pero de todas esas tías que he mencionado, solo conseguí liarme con la chica A. Es decir, en dos años soltero, solo me he liado con una chica en unas pocas ocasiones. Cualquier mujer, sea guapa, fea, gorda, delgada, alta o baja, cualquiera, se puede poner las botas cada fin de semana en una discoteca. Cualquier tía se abre un Tinder y puede tener varias citas distintas el mismo día, por no hablar de sexo. Esto es un hecho. Y no será porque no me cuido. Me considero guapete, voy al gimnasio aunque no tengo un físico super alucinante, no cobro mal, soy sociable, culto, divertido (aunque mido 1,70, con lo cual ya es un hándicap en el mercado de citas). En fin, no sé qué coño hago mal. Resulta muy, muy difícil ser un hombre soltero en estos tiempos que corren.