Había pasado por alto este hilo y, como prometí, voy a ir actualizando las razones que se han dado para querer ser español.
Razones por las que alguien querría ser español:
1. Han muertos soldados españoles en Afghanistán
2. El clima es muy bueno.
3. A la vanguardia en donación de órganos.
4. Hay un sistema público de salud bueno.
5. Se come bien.
6. Es un país muy seguro.
7. Hay plazas y montes (literal)
8. La gente es tolerante.
9. Hay policía
10. El 15M, la PAH, Ahora Madrid, Gamonal...
Y ahora por partes. ¿En serio? ¿Ésos son los argumentos para desear ser español? ¿Si dejamos de ser españoles va a nevar más, vamos a dejar de comer bien, mañana pasaremos a perseguir gays por las calles? Ostias, qué nivel, pero qué nivel
![Que me parto! [qmparto]](/images/smilies/net_quemeparto.gif)
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Voy a contestar el último punto de los que he recopilado, porque se sale de la norma del resto. Efectivamente, hay movimientos solidarios y de defensa de los derechos civiles. Muy loable y de elogiar, no cabe duda. Son esa parte de la sociedad española que no se resigna a ser peleles en manos de cuatro mangantes. Es la gente que aún tiene dignidad. Pero lamentablemente, el hecho de que existan lo que evidencia es la cara chunga de España, estos colectivos, plataformas y partidos son el síntoma de una enfermedad, existen porque existe la corrupción, la podredumbre, el expolio instalado de un modo generalizado y masivo. Existen porque se agreden los derechos de las personas constantemente. A lo que voy es a que, en una sociedad justa, en una sociedad libre, en una sociedad justa, ninguno de los que has nombrado llegarían jamás a existir. Porque no serían necesarios.
Y como también prometí dar mis razones para querer NO ser español, pues ahí van. Voy a dar unas cuantas, de diversos tipos. Si gustan o no, eso irá en cada uno. Desde luego no me voy a apoyar en el clima ni en gilipolleces por el estilo. Voy a intentar argumentar como una persona adulta, no con tonterías.
Vamos al momento crucial en que los navarros perdemos nuestra independencia. 1512, el ejército castellano penetra en Navarra con un engaño (aseguraron que solo estaban de paso para combatir a los franceses). En lugar de ello, invaden el reino aprovechando que está sumido en una guerra civil y que sus defensas, castillos y torres estaban obsoletos frente a los modernos cañones. El ejército castellano, uno de los más poderosos del momento, no tiene mucha dificultad en invadir el pequeño reino. Aunque finalmente tampoco consiguen conquistar todo, la Baja Navarra, los territorios al otro lado de los Pirineos, escapan a su control. Voy a pasar por alto detalles de esta época, sólo resumiré diciendo que Castilla mantuvo un ejército de ocupación durante 30 años, que los navarros recuperaron brevemente y por un periodo de 2 meses el reino en un contraataque en 1521 y que definitivamente se perdió en la cruenta batalla de Noain. A partir de 1521 los navarros quedaron impotentes de alzarse nuevamente contra el invasor, aunque éste mantuvo como digo un ejército acantonado durante 30 años.
Punto número 1: si los navarros del sur somos españoles nunca ha sido por elección ni voluntad propia, sino por una invasión militar.
Castilla pone en los principales puestos de responsabilidad a sus hombres, socava la influencia de los nobles navarros y pasa a controlar la economía del reino. No obstante, los reyes de Castilla primero y de España después, deben jurar los fueros de Navarra y respetarlos. Navarra conserva sus fronteras, su moneda, sus aduanas, sus leyes y sus ciudadanos no pueden ser obligados a luchar por España, ni ser reclutados en levas, ni forzados a ingresar en el ejército, salvo que sean batallas en el propio suelo navarro. El representante del rey de España en Navarra es un virrey, igual que en cualquier otra colonia del entonces ya imperio.
Esta situación continúa hasta la primera guerra carlista, donde Navarra elige mal el bando, pierde y, unilateralmente, España entonces decide quitarle su condición de reino, dejar los fueros en su mínima expresión y transformar a Navarra en poco más que una simple provincia del imperio. En lo que se da en llamar la ley paccionada. Una ley dictada nuevamente sin presencia de ni un solo navarro e impuesta tras una derrota militar. Estamos en el año 1841.
Los fueros (los lamentables restos de lo que fue nuestra soberanía) son en los años subsiguientes sucesivamente laminados hasta dejarlos en una triste sombra de lo que fueron. La Navarra del sur, de reino, pasa a convertirse en una anodina provincia más. De serlo todo, pasa a ser un apéndice al capricho de los dictados de España.
Y hasta aquí las razones históricas. Que hay quien dice que no le valen. Pero no importa, daré otras. Por resumir el tocho hasta el momento, dos consideraciones:
a) Nosotros jamás decidimos unirnos a España, se nos invadió militarmente, se nos ocupó y se nos forzó a incorporarnos.
b) Nosotros jamás negociamos qué tipo de relación queríamos tener con España. Nuevamente mediante la guerra se nos arrebataron todos nuestros derechos, nuestras leyes, nuestra moneda, nuestras instituciones y se nos otorgó "generosamente" el ser primero una provincia y luego una CCAA como otra cualquiera.
Demos un salto en el tiempo. Estamos en 1972 y nazco yo. No soy consciente, pero a los pocos días de nacer, ya me cae encima la primera cacicada española: no permiten a mis padres ponerme un nombre vasco, que era lo que ellos habían decidido para mí y les obligan a registrarme con un nombre español.
Crezco y voy viendo cosas y enterándome de movidas que no me gustan ni un pelo. Me entero de que mis abuelos, que hablan un español macarrónico, en realidad siempre habían hablado otro idioma, el euskera, y que mediante multas, humillaciones y presión social, consiguieron que no se lo transmitieran a sus hijos. Mis padres habrían querido apuntarme a una ikastola para recuperar la lengua de los suyos, pero estaban prohibas. No tenéis ni puta idea, pero ni puta idea, de lo que puedes llegar a sentir cuando oyes hablar entre ellos a tus propios abuelos y no les entiendes. Es algo tristísimo, algo que hace llorar a tu corazón.
Con el euskera podría contar mil historias. Tuve que dedicar diez años de mi vida, mucha pasta y cientos de horas libres que no tenía para recuperar algo que debería haber sido mío por transmisión natural. Y he tenido que soportar varias veces a gilipollas que me han dicho que es de mala educación hablar mi lengua en mi propia tierra. Y es algo que me solivianta.
Pero avancemos con otros temas. Como digo, me iba haciendo mayor y dándome cuenta de cosas. Dándome cuenta de que en mi tierra los partidos políticos eran diferentes que en el resto del estado. Dándome cuenta de que los sindicatos también eran otros. Dándome cuenta de que teníamos nuestra música, nuestra mitología, una idiosincrasia bestial.
Dándome cuenta de que tenía mucho más en común con aquéllos a los que querían que consideráramos extranjeros, los vascos y navarros del otro lado de los pirineos, que con un aragonés o un valenciano, a los que querían que consideráramos compatriotas. Dándome cuenta de que las cosas no cuadraban, de que el discurso oficial y la realidad social y política iban por caminos distintos.
Entonces me tocó padecer nuevamente las alegrías de ser español. Me llaman a filas y me niego a hacer la mili. Y ahora voy a contar por qué me descojono yo cuando hablan de país de las libertades, de separación de poderes y mierdas de esas en este podrido estado. Generalmente, la inmensa mayoría de los insumisos salía absuelto de los juicios. Y salía porque los jueces solían ser comprensivos con este tema. ¿En todas partes? No. En Navarra el porcentaje de insumisos eran bestial, decuplicaba (multiplicaba por diez, para los más iletrados) los de cualquier otro lugar. Y entonces es cuando el estado decidió que debíamos ser el conejillo de indias para sus experimentos represivos. Si eras insumiso en cualquier parte del estado, tus probabilidades de ir al trullo eran casi nulas. Si lo eras en Navarra, tenías un 100% de oportunidades de comerte los dos años, cuatro meses y un día que establecieron como estándar. Los que me cayeron a mí. Juzgado por negarme a dejarme secuestrar para el ejército español por un tribunal español, bajo leyes españolas y cumpliendo condena en una cárcel española. Mi amor por España me desbordaba.
Podría llenar doscientos mil post con razones para no querer ser español. Pero voy a resumir unas pocas de ellas más y lo dejo, para no acapararlo todo.
Y me voy a venir al presente, para que no digáis que todo lo que cuento es agua pasada. En España gobierna un partido que aquí es el más residual de todos, con tan sólo dos parlamentarios de 50. Pues ese partido tiene bloqueadas 17 leyes navarras en los tribunales. Leyes que van desde garantizar la sanidad a inmigrantes, a prohibir el fracking, luchar contra la especulación de la vivienda, reconocer a las víctimas del terrorismo de extrema derecha y grupos parapoliciales, etc. etc.
Es decir, España nos ata, nos ahoga, nos impide legislar a beneficio de esta tierra con las mayorías políticas de las que voluntariamente nos hemos dotado. Un partido residual aquí tiene mucho más poder que cualquier otro. Porque cuenta con su primo de Zumosol en Madrid. ¿Para qué nos sirve un parlamento autonómico sin nos atan con la correa de la constitución y no nos dejan decidir casi nada?
Luego está el discurso contra los fueros. Que si somos unos privilegiados, que si hay que eliminarlos, que si igualdad entre españoles... ¿Sabéis cómo se ve éso desde aquí? Se ve como lo que es: nos quieren robar el último vestigio de nuestra soberanía. Nos quieren asimilados. Quieren que seamos como cualquier otro español. Pero es que nosotros jamás lo elegimos, ni lo quisimos. Yo no quiero ser como nadie, quiero que me dejen ser YO. Y si alguien quiere tener exactamente los mismos derechos, pues es muy fácil: no nos quitéis los fueros, copiadlos si tanta envidia os dan y aplicadlos a todos. Lo que se busca es la homegeneización, el exterminio de cualquier singularidad. Lo que se busca no es que todos seamos españoles, sino que todos seamos castellanos. Que hablemos la misma lengua, que escribamos igual, que pensemos igual, que votemos lo mismo, que veamos los mismos canales de televisión, que cantemos las mismas canciones. Se busca el asimilacionismo.
Y ya para terminar, una razón de índole práctica y una reflexión al margen. La razón es que, por mucho que se hable de globalización, de quitar fronteras y tal y cual, la unidad de medida a día de hoy para todas las cosas sigue siendo el estado. Quienes se sientan en los consejos de Europa son los estados, quienes negocian acuerdos y tratados son los estados, quienes legislan son los estados, quienes tienen capacidad de defender sus intereses son los estados. Y ahora es donde hablo del estado español. Si él mismo ya ataca nuestros fueros, denuncia nuestras leyes, veta nuestros símbolos y trata de anular nuestra identidad, ¿quién puede ser tan idiota de pensar que va a defenderlas fuera? Un dato relevante: el letón, con muchos menos hablantes que el catalán, es lengua oficial de la UE. Su único mérito: contar con un estado. Eso en lo que respecta a la lengua, pero lo podríamos extrapolar a muchas otras cuestiones. Tal y como está organizado el mundo y a día de hoy, todo aquél pueblo que no cuente con un estado propio que lo respalde, bien por agresiones internas, bien porque cada vez se van a ir diluyendo más y más en estructuras más grandes, está condenado a desaparecer como tal. Y yo me niego.
Y la reflexión que os anunciaba: los mismos que nos llaman aldeanos por querer la independencia, son los que nos fuerzan a permanecer separados en dos estados. Los mismos que se empeñan en que somos connacionales de un sevillano, nos dicen que un navarro de Baigorri es un extranjero.
¿Amor por España? ¿Deseos de ser español? ¿Por qué? ¿Qué razones me ha dado para querer serlo? Nos ha robado la independencia, ha intentado exterminar nuestro idioma, nos ha separado en dos estados, nos lo ha arrebatado todo. Y eso sí, a cambio, nos permite ser españoles y mucho españoles, como dios manda.
Ah, pero el clima es muy bueno y se come muy bien, eso sí.