A Cannavaro le dio el Balón de Oro la narrativa. Que normalmente es lo que suele dar el premio.
Cannavaro antes del mundial era un buen central, un veterano muy respetado, uno de esos tipos que siempre estuvo ahí pero que nunca fue considerado un top 5 en su posición. En la misma Italia Nesta era considerado mucho más top que Cannavaro, lo que pasa es que Nesta era un jugador muy propenso a lesionarse y ya en el mundial 2006 estaba para el arrastre (por eso el acompañante de Cannavaro era Materazzi). No hablamos ya de Maldini, lo que pasa que este ya se retiró de la selección tras el mundial 2002.
Tras el retiro de Maldini y los problemas físicos de Nesta, Cannavaro hereda el liderazgo de la defensa italiana por veteranía pero también por carácter. Y en esa selección había gente con muchísimo carácter... Durante sus años mozos nunca pareció el central mejor dotado de la camada (además era muy bajito para el puesto), pero era el que más huevos le echaba. La grandeza le llegó a la vejez, portando galones de capitán general. El tipo comenzó a crecerse y comenzó a hacer cosas que nunca antes había hecho. Y su cenit como jugador llegó en aquel mundial.
El que recuerde bien aquel mundial recordará a Cannavaro como un calvo omnipotente. ¿Quién coño es ese tío que esta en todas las putas jugadas? ¿Quién cojones es ese calvo enano que lleva todo el rato el balón? ¿Pero esta no es la selección de Totti, de Pirlo...?
Cannavaro había sido un perro de presa. Perdía en la comparación con el elegante Nesta, que fue un precursor de Van Dijk, un tipo que no necesitaba correr ni ir al suelo para mantenerte a raya. Perdía en comparación con Maldini, la leyenda, el defensa total. Pero sin estos al lado, él era el actor principal. De repente, el perro de presa se creyó Franco Baresi, el último líbero italiano de raza.
Allá donde un jugador se acercaba a territorio Buffon, estaba Cannavaro para cortar. Robaba y no pasaba inmediatamente el balón, no, se iba él para arriba. ¿Pero a dónde va Cannavaro? ¿Qué se ha creído Beckenbauer? Pues ahí iba el tío, lanzando toooooodas las jugadas de su selección. Para arriba corriendo como un jabato, desde su portería hasta tres cuartos para coger por sorpresa a los rivales a la contra, allí ya cedía el protagonismo a los pinturichios. Y en cuanto el rival recuperaba, de nuevo a correr para atrás como un cabrón. De nuevo a llegar in extremis a salvar cada incursión en el área como si fuese el puto discurso de Pacino en Un domingo cualquiera, "pulgada a pulgada". ¿Cuántos kilómetros se hizo esta criatura en aquel mundial? Seguro que más que Nesta en toda su carrera completa. Pero lo mejor era la capacidad milagrosa de estar siempre en el sitio y en el momento. Da igual lo que sucediese y donde sucediese, él estaba ahí.
Los partidos del mundial pasaban y la gente cada vez hablaba más de ese calvo omnipotente, el tipo empeñado en robarle protagonismo a los grandes prodigios italianos, ese pequeño obrero que picando piedra conseguía hacer pasar a una Italia, por otro lado bastante ramplona, ronda tras ronda. Cuando llegó el partido del siglo contra el anfitrión, la final anticipada, Cannavaro ya era la sensación del mundial. Su solo presencia ya cansaba al rival, sabedor de que se enfrentaba a un ser inhumano que le esperaría en cada puta pulgada del campo, da igual si arriba o abajo, a izquierda o a derecha, siempre tendrían delante ese puto careto que recordaba a un Di Canio en pequeña escala. Desgaste psicológico, ganar el partido desde antes de empezar a jugarlo. Don Fabio Cannavaro Parera, si Rafa Nadal desayunaba tierra batida, este desayunaba césped artificial.
Aquella semifinal contra Alemania fue el momento en que se confirmó el Balón de Oro. Los alemanes no supieron cómo sobrepasar a ese pequeño calvo omnipotente. Cannavaro volvió a estar en todos lados, liderando con el ejemplo, llevando a hombros a su selección con la fuerza que le daba ser el último de una estirpe de herederos de gladiadores.
Aquel Balón de Oro no fue un premio a cualquiera con tal de premiar a Italia. Decir eso es faltar a la historia de la misma forma que decir que a Cannavaro le dieron un BdO por menos de lo que hace cualquier central que cuaja un gran torneo es mentir como un bellaco o sencillamente desconocer lo que sucedió ya sea por no haber visto el mundial o por haberlo olvidado por completo. Quienes lo recordamos bien sabemos que no, que lo que hizo el calvo omnipotente en aquel torneo no lo ha vuelto a hacer nadie. Y quien tenga duda de ello que se descargue los partidos y se los ponga. Pero no jugaditas aisladas de Youtube, ponte el partido completo, machote, escucha a los comentaristas que vivieron a pie de campo todo el torneo y dejaron testimonio del sentir general en tiempo y lugar, empápate de la sensación que envolvía aquellos partidos porque solo así podrás comprender porqué la gente flipó tanto con lo que hacía esa pequeña hormiga obrera transmutada en kaiser.
No se si aquel Balón de Oro fue justo o no lo fue. No se si Fabio Cannavaro tenía las hechuras que se le presupone a un jugador digno de ser recordado en el olimpo de los más grandes. No puedo responder a eso o al menos daría para mucho debate. Lo que sí puedo decir es que yo recuerdo como si fuese ayer aquellos partidos en Hannover, en Hamburgo, en Dortmund... Recuerdo a un calvo omnipotente demostrar que ese fenómeno místico llamado bilocación podía traspasar las fronteras de lo religioso. Recuerdo escuchar la misma frase mil veces en varios partidos, la frase más repetida de los espectadores: "Hostia, otra vez el calvo".
Y en aquel mundial hubo otro calvo que dio una masterclass de cómo callar bocas a quienes pretendían jubilarlo, llevando él solo a su equipo a la final. Él sí era un dios reconocido por todos, una leyenda, un jugador por el que la gente pagaba la entrada, hizo un mundial que bien se mereció también el Balón de Oro si no fuese porque le dio por clavar la calva en un pecho italiano tirándolo todo por la borda, una actuación estelar de las mejores que recuerdo en un mundial. Y sin embargo, el calvo en boca de todos era otro, porque era el héroe que no vimos venir.
Eso, amigos, se llama narrativa. Y eso da balones de oro.