Al final, se trata de buscar cada uno el sistema con el que nos sintamos cómodos y que nos resulte funcional. Para unos será Windows, para otros macOS y otros tiramos por Linux y su gran cantidad de sabores 😄.
Yo soy feliz con mi Linux, muy personalizado a nivel de kernel, partiendo de un sistema Debian limpio y con el mínimo de recursos posible, para después ir montando lo que necesito y adaptándolo a mi hardware 😄. Por suerte, llevo algo más de dos décadas dedicándome profesionalmente a Linux; Debian para uso personal y Fedora en el ámbito profesional. He pasado por bastantes distribuciones: desde Slackware o Mandrake hasta otras más orientadas al entorno profesional como SUSE, Red Hat o el ya desaparecido CentOS, que personalmente me encantaba.
melchora escribió: escribió:
En cuanto a Linux, elijo siempre Ubuntu porque detrás hay una empresa que lo mantiene y no se rompe nunca, al contrario que Debian o Mint, y la compatibilidad de hardware es mayor..
Llevo casi 29 años usando Linux (23 profesionalmente) y tu argumento parte de una premisa técnicamente equivocada:
tener una empresa detrás no determina la estabilidad de una distribución.
Debian es una de las distribuciones más antiguas en activo, mantenida por una comunidad internacional de desarrolladores, y sigue siendo la base de Ubuntu y de muchas otras distribuciones. Por ejemplo, Linux Mint tiene una edición basada en Ubuntu y otra,
LMDE, basada directamente en Debian. Ubuntu añade el trabajo y las decisiones de Canonical sobre esa base, además de su modelo comercial de soporte y servicios.
Que Ubuntu
no se rompa nunca no es técnicamente cierto. Ninguna distribución puede garantizarlo: kernel, drivers, firmware, systemd, Mesa, paquetes, dependencias y actualizaciones pueden introducir regresiones. Incluso RHEL/OpenShift, con soporte comercial de pago, tiene bugs y riesgos de actualización. Esto lo conozco de primera mano: trabajando con OpenShift he vivido problemas importantes durante actualizaciones de clusters y operadores. Que un producto sea empresarial y de pago no lo hace infalible.
Respecto al hardware, Ubuntu tiene una buena compatibilidad
out of the box precisamente porque utiliza un kernel generalista, preparado para cubrir una enorme variedad de hardware y configuraciones. Eso es una ventaja para el usuario final, pero no significa que sea un kernel optimizado para tu equipo concreto: incluye soporte para una cantidad de hardware y funcionalidades que probablemente jamás utilizarás. Linux permite configurar y compilar un kernel específicamente para el hardware real de tu equipo y para el uso que vas a darle, y ahí es donde puedes aportar valor técnico.
Y hay otra cuestión que tampoco conviene ignorar:
muchos de los problemas que se atribuyen a “Linux” no son fallos del sistema, sino problemas de configuración provocados por el usuario, especialmente cuando se modifican servicios, paquetes, kernel o configuraciones sin entender qué se está haciendo. En administración de sistemas es bastante habitual que el problema esté, metafóricamente, entre la silla y el teclado.
Por tanto, puedes preferir Ubuntu perfectamente, o la que sea, sea .deb o .rpm,
pero “hay una empresa detrás, por eso no se rompe y tiene mejor compatibilidad de hardware” no es un razonamiento técnico. Es más, siguiendo esa misma lógica, debería elegir Fedora porque detrás está Red Hat, antes que Ubuntu.
Si quieres profundizar en Linux, empezaría por
Linux Essentials o
LPIC (101/102). Te permitirá entender qué ocurre realmente por debajo: kernel, módulos, drivers, procesos, servicios, almacenamiento, red, paquetes y dependencias. A partir de ahí podremos discutir Debian, Ubuntu, Mint, RHEL, etc., con criterios técnicos y no con generalizaciones.