Por lo vivido, yo diría que sí, en su mayor parte, pero también tuvieron que ver los cambios en la legislación (como ya habeis comentado) de los salones de juego, que obligaba a pagar más dinero y con más papeleo.
Los pocos salones que yo conocía tenían máquinas genéricas y los mismos precios de siempre, salvo una o dos máquinas que podía ser algo más caras (50 o 100 pesetas), y aún así tuvieron que cerrar, a pesar de que la gente seguía yendo, sobre todo por los futbolines y porque era un punto de encuentro entre los jovenzuelos.