El de mi avatar. Jugar al FFVII es volver siempre a casa y encontrar esa paz mental que casi nadie ni nada sabe darme. Me se cada paso que hay que dar milimétricamente, cada nota musical de todas las melodías, cada enemigo y sus debilidades y fortalezas, donde se ubica cada cofre, materia, me se prácticamente de memoria el guión del juego, cada palabra que dice cada personaje.
No se, me parece algo sencillamente mágico. Que te ocurra algo así con un juego, con algo que son datos intangibles, píxeles en una pantalla. Es algo que si lo pienso así de detenidamente hasta asusta, en el buen sentido.
Algo parecido me pasa con Elden Ring, pero en menor medida por el tiempo que tiene, pero muy bruto también.