martuka_pzm escribió:Democracia al estilo Suiza.
Eso sí, tienen una cultura política/cívica bastante más avanzada que la que veo por aquí.
Si no te has enterado bien por diversas fuentes de que es lo que de verdad están votando, no se vota (habrá gente para todo pero los que yo conozco al menos lo hacen así). Y se pasan el día con las papeletas..
Bueno, mucho cuidado con lo que se desea, que no todo es color de rosa. Todos tenemos a los suizos por una sociedad políticamente avanzada, de gente culta y racional. Pero si os digo que los ciudadanos suizos fueron los últimos de toda Europa en legalizar el voto femenino, ¿cómo se os queda el cuerpo? Y eso porque, en 1959 los votantes decidieron derogar el sufragio femenino, situación que no se revirtió hasta 1971.
A ver, el tema es MUY complejo. Yo he tomado parte en muchos colectivos asamblearios y tienen pros y contras. Entre los pros, obviamente está el que se trata de sistemas mucho más participativos, menos opacos y más igualitarios.
Entre los contras, que si cualquier decisión tiene que pasar por una asamblea, las decisiones se eternizan y a veces la situación requiera actuar rápido, no es práctico. De hecho, no es posible. Por eso siempre se crean grupos dinamizadores, comisiones gestoras o el nombre que se les quiera dar que se encargan de gestionar el día a día, lo que lleva a que la asamblea delegue en ellos el poder de decisión en determinadas circunstancias, con lo cual asistimos a la primera distorsión del asamblearismo: ya hay un grupo con más poder de decisión que el resto. Es más, es un grupo que va a recibir más información y que, si su esencia se pervierte, comenzará a no pasar algunos datos a la asamblea y a intentar manipularla. Casos, a patadas. Pasa en las comunidades de vecinos, pasa en las sociedades gastronómicas, pasa en las peñas de fútbol y pasa en todas partes.
Más cosas. Existe una cosa que se llama El interés general y otra que se llama El interés particular. No pocas veces el individualismo éste de mierda en el que estamos sumergidos lleva a un egoísmo desenfrenado. En una sociedad, en un país, en un club de petanca o donde sea, como son comunidades, no somos unidades aisladas, sino animales gregarios, lo que hay que intentar es que todo el mundo vea satisfecho el mayor número de necesidades o aspiraciones que tenga. Pero esto muchas veces entra en colisión. Mis intereses no tienen por qué ser los tuyos. De hecho, mis intereses pueden ser radicalmente opuestos a los tuyos. Y satisfacer a todo el mundo es imposible. Por eso alguien debe ejercer de árbitro.
Porque, y esto lo he visto muchísimo en las negociaciones de convenios, por poner un ejemplo, la empresa siempre usa una táctica vieja como el mundo: divide y vencerás.
Supongamos que en una fábrica hay tres niveles de currelas, el 1, el 2 y el 3. En una negociación de convenio lo habitual es que los sindicatos lleven una propuesta de mejora igual para todos (una subida salarial del IPC+X%, reducción de jornada, aumento de los permisos, etc.). La empresa siempre, SIEMPRE, va a intentar romper esa unidad, que es el único lugar donde reside la fortaleza de los currelas, porque por separado somos unas mierdecillas indefensas y hacen con nosotros lo que quieren. Y es cuando pide doble o triple escala salarial, unas jornadas diferentes para unos y otras para otros, etc. etc.
Ahora pongámonos en un caso extremo (pero que los he visto incluso peores). Durante la primera reunión, la empresa propone subir un 10% el sueldo a los currelas de nivel 1, un 2% a los del nivel 2 y bajárselo a los del nivel 3 un 13%. ¿Debería el comité ir con esa propuesta a la asamblea, sabiendo que tal vez los más hijoputas venderían a sus compañeros del 3? ¿O debería ocultarles esta primera oferta, seguir negociando y tratar de conseguir una subida del 2% para todos?
Me he ido a un ejemplo muy simple, las cosas generalmente son mucho más enrevesadas, pero que son cosas que surgen cuando hablamos de asamblearismo. ¿Qué debe pesar más, el interés particular o el interés general? ¿Y cómo buscamos ese punto de equilibrio? ¿Quién tiene que tomar según qué decisiones? Porque la asamblea es soberana, pero la asamblea a veces toma decisiones terrible. Lo que nos lleva también al lado contrario de la reflexión: ¿y quién es nadie para decidir por mí qué me conviene o que el concepto de interés general que tiene quien toma la decisión de trasladarlo u ocultarlo a la asamblea es el correcto y no otro concepto que yo tenga de lo que es el interés general?
Para los liberales que ya han entrado al hilo a seguir predicando su religión está claro: ni asambleas ni ostias, cada cual que se busque la vida como pueda. Pero para los que seguimos sintiendo algo de empatía y creemos que no basta con que unos cuantos individuos prosperen, sino que tiene que hacerlo toda la sociedad, este tipo de dilemas son un escollo importante.
¿Quiere decir ésto que estoy conforme con la democracia representativa? Ni de coña. Básicamente porque representan bastante poco lo que yo pienso y defiendo. Ahora bien, irse al extremo contrario tiene también sus muchos problemas.
No obstante, pienso que entre ambas cosas hay muchísimo margen de mejora. Pienso que el tejido asociativo civil debería ser mucho más fuerte, hasta formar un contrapoder, un órgano fiscalizador que vigile y controle los abusos del poder. El poder civil actualmente no tiene ninguna fuerza. No tiene acceso en muchas ocasiones a los tejemanejes de gobiernos y ayuntamientos, falta información y falta colaboración. Las asociaciones de vecinos, las de consumidores, las de criadores de lémures silvestres, deberían estar ahí, en los plenos donde se toman las decisiones, deberían poder hacer sus aportaciones y deberían poder tener un peso específico en la gestión en los ámbitos en los que trabajan. La sociedad civil debería tener esa figura intermedia que va entre delegar toda la gestión de nuestra vida a las organizaciones políticas y el interés privado de cada uno, que a lo único que lleva es a desigualdades y abusos.
Para eso sería necesario que los partidos abriesen a la ciudadanía las puertas de parlamentos, ayuntamientos y sedes, que cediesen parte de su gestión, que fueran absolutamente transparentes. Y por parte de los ciudadanos también implicaría que tendrían que involucrarse muchísimo más en las cosas que les atañen, porque hay un pasotismo que no es ni medio normal.