En realidad Europa lo tendría relativamente fácil para crear una única lengua, dado que todas, salvo el euskera y el aquitano, tienen una raíz común, que es indoeuropeo y las actuales, tanto las germánicas como las escandinavas como las latinas, salvo una vez más el euskera y el aquitano, tienen múltiples préstamos de unas a otras.
Ahora bien, pretender crear una lengua universal ya es muchísimo más peliagudo. Simplemente porque aparte de las diferencias fonéticas, estructurales y de vocabulario hay una barrera tan clara como el hecho de que los procesos racionales y de pensamiento no son iguales en todo el mundo. Y eso está íntimamente relacionado con la lengua en que uno se expresa.