Menos de dos horas de deliberación. Este es el tiempo que ha necesitado el jurado para llegar a un veredicto unánime en el caso que enfrentaba a Elon Musk con Sam Altman y OpenAI. De esta forma se pone fin a una batalla legal que desafiaba a dos antiguos amigos y líderes del sector tecnológico, y de paso se despeja el camino para que OpenAI pueda seguir firmando contratos, recaudando dinero y trabajando en su salida a bolsa. El resumen rápido es que a Musk se le pasó el arroz y cursó la demanda cuando todo había prescrito.
En marzo de 2024 Elon Musk acusó a OpenAI, a su director ejecutivo Sam Altman y a su presidente Greg Brockman, de haberlo manipulado para donar 38 millones de dólares a la startup y después maniobrar a sus espaldas para abandonar el propósito de crear una inteligencia artificial en beneficio de la humanidad aceptando el dinero de Microsoft y otros inversores. Musk llegó a decir que los acusados habían "robado a una organización benéfica". El juicio, que ha durado tres semanas y ha sacado a la luz muchos correos electrónicos y documentos, no ha servido para nada. Como mínimo en el sentido estrictamente legal.
El jurado ha determinado que las demandas de Musk fueron presentadas fuera de plazo y en consecuencia cualquier petición estaba prescrita. También ha llegado a la conclusión de que el magnate tenía tres años para demandar y cuando decidió hacerlo ya era demasiado tarde. El tribunal estadounidense presidido por la jueza Yvonne Gonzalez Rogers coincide con la decisión del jurado, cuya resolución no es vinculante, de que Altman y OpenAI no son responsables, y que las demandas de Musk "por el incumplimiento del fideicomiso benéfico y enriquecimiento injusto se desestiman por extemporáneas".
Musk ayudó a fundar OpenAI en 2015, pero abandonó la junta directiva de la compañía tres años después. Microsoft, que también era objeto de una demanda (igualmente desestimada) por parte de Musk, invirtió en OpenAI en 2019 y en octubre de 2025, cuando la startup completó su transformación en una Corporación de Beneficio Público, se consolidó como su mayor accionista con una participación del 27 %. Actualmente OpenAI y Microsoft tienen un acuerdo pero sin cláusulas de exclusividad.
Steven Molo, el abogado de Musk, asegura que su cliente se reserva el derecho a apelar la sentencia, pero la jueza dice que está preparada para desestimar cualquier recurso "de inmediato". Rogers asegura que existe una cantidad abundante de pruebas que respaldan el veredicto del jurado que ella ha apoyado. La prescripción no da lugar a muchas dudas, de ahí que cualquier apelación tenga escasas posibilidades de prosperar.
William Savit, el abogado principal de OpenAI, dice que Musk no solo presentó su demanda demasiado tarde, sino que lo hizo para usarla como un arma contra un rival frente al que no puede competir en el mercado. "El señor Musk puede tener el toque de Midas en algunos ámbitos, pero no en la inteligencia artificial", ha comentado Savit.