Cancerber escribió:No estoy del todo de acuerdo en lo que tu dices de la prensa: Quizas asi sea con los temas abertzales (es mas, estoy seguro que asi es), pero eso es simplemente porque para la prensa nacional (y la mayoria de ciudadanos de a pie españloes) los abertzales sois los malos. En temas como el canon o la vivienda digna, donde la gente aun no esta posicionada claramente, hay que conseguir publicidad positiva. Y la prensa es una carroñera de noticias.
No, no, estás totalmente errado, yo no hablo de lo que tú denominas "temas abertzales", sino en general. ¿Cuántas cosas ocurren en tu ciudad de las que no se entera nadie más que la gente de ese lugar y jamás sobrepasan esas fronteras? Yo te puedo contar mil historias gravísimas que han ocurrido aquí en temas de ecología (el pantano de Itoitz, que con su construcción ha provocado docenas de terremotos y que amenaza con sepultar varios pueblos con miles de habitantes si revienta, lo cual según informes de expertos no sería de extrañar) o de varios chanchullos económicos que se les han descubierto a UPN (caso Egués o caso Humanismo y Democracia, por ejemplo), que no desmerecen para nada la gloriosa época de los Roldanes y demás ilustres chorizos. Pero eso jamás llega más allá de determinados círculos y determinados lugares. Estoy seguro de que ignoro miles de cosas que ocurren fuera de mi entorno simplemente porque hay poderosísimas fuerzas al servicio del contubernio político-económico echando tierra día y noche sobre mil y un temas polémicos que no interesa por uno u otro motivo que lleguen a la opinión pública.
Todos sabemos que los medios de masas están controlados en última instancia por tan solo dos o tres grupos de poder. Si la gente que pretende dar a conocer una problemática no cuenta con el beneplácito de alguno de ellos, ¿qué método de difusión de su mensaje le queda? ¿Pegar carteles en las calles? En muchas ciudades ya está prohibido, con la excusa de que "ensucian las calles" (lo cual en parte es cierto, pero los mismos que imponen la prohibición no tienen ningún problema en alquilar vallas publicitarias donde promocionarse, algo que solo está al alcance de los que tienen mucha pasta. Las emisoras de radio o pertenecen a los anteriormente citados grupos mediáticos o, si son radios libres, son perseguidas con saña por las autoridades al carecer de licencia (licencias que conceden los políticos de turno a dedo única y exclusivamente a sus amigotes, huelga decirlo). De la caja tonta no vamos ni a hablar. Los periódicos tres cuartos de lo mismo.
Con mil y una regulaciones, leyes y prohibiciones han conseguido que un movimiento popular que no tenga detrás a un poderoso partido político se vea atado de pies y manos para propagar su mensaje. Y eso es tan cierto como que amanece cada día.
Por poner un ejemplo, y volviendo al tema del pantano de Itoitz, que seguramente desconocerás (como es lógico), pero que nos puede servir perfectamente para ver por dónde van los tiros: su construcción ha supuesto una destrucción ecológica sin precedentes (incluso el gobierno de Navarra tuvo que cambiar varias leyes medioambientales que violaba claramente... pues no hay problema, si una ley me molesta, para qué voy a cumplirla, directamente la cambio o incluso la elimino y a correr), el desalojo de varios pueblos, etc. etc. Vamos, lo típico que suelen conllevar este tipo de cosas.
Pues bien, el pantano de marras ha tenido una oposición popular sin precedentes, hubo cientos de movilizaciones, docenas de manifestaciones multitudinarias como no se habían visto en décadas. ¿Algo de todo ello trascendió fuera? Seguro que nadie tiene ni repajolera idea de qué estoy hablando.
Y sin embargo, dos personas se despelotaron en el parlamento de la Unión Europea, otras dos se encadenaron a la Noria del Milenio esa que hay en Londres y entonces fué cuando tímidamente se empezó a oir algo por ahí. Luego fueron seis chavales con una rotaflex y cortaron un cable de acero que había en las obras del pantano, lo cual retrasó las obras durante seis meses.
Entonces sí que los medios de (in)comunicación prestaron atención al pantano. En todos salió publicada la noticia, se dijo que había sido un ataque violento inaceptable, que se había acabado con docenas de puestos de trabajo de los pobres obreros durante meses (con testimonios de los pobrecitos obreros), que todo el peso de la ley debía caer sobre los saboteadores (efectivamente, de estos hechos hace más de diez años y aún queda uno de ellos en la trena), bla, bla, bla, bla. Vamos, lameculos de los intereses de los de siempre, vendedores de mentiras y humo. Hasta entonces el pantano era como si no existiese, durante un mes se linchó mediáticamente a los autores del sabotaje (que por cierto lo único que hicieron fue paralizar una obra que el tribunal de Estrasburgo había declarado ILEGAL por violar unas cuantas docenas de normativas medioambientales y de seguridad sin importancia, pero que el Gobierno de Navarra se pasaba por el forro de donde todos sabemos). Hoy es el día que un velo de silencio continúa acompañando todo lo que ocurre con el pantano. Y lo que ocurre es que ya desalojaron los pueblos que iban a ser anegados a ostia limpia (viva la violencia institucional), que el pantano ya se llenó, que la obra es una gigantesca chapuza y todos los expertos consultados se echan las manos a la cabeza diciendo cómo es posible que se haya podido construir semejante atrocidad, que la Unión Europea solo permite llenarlo a un tercio de su capacidad porque el riesgo de derrumbe de la presa es escandaloso, y que en los pueblos cercanos han instalado sirenas en los campanarios para avisar a la población si se produce lo peor (Agoitz tiene 6 minutos para ser evacuada por completo antes de que la ola proveniente de la presa se lo trague con una altura de 15 metros, los de Sangüesa tienen mucho más tiempo, diez minutos antes de ser sepultados. Como comprendereis, en ese tiempo y si el luctuoso suceso ocurre de noche, o con los críos en el colegio, etc. etc... a ver quién es el superman que evacúa varios pueblos en ese tiempo)
Bueno, no aburro más. El caso es que hubo muchos, pero que muchos miles de personas movilizándose y protestando pacíficamente, de mil maneras a cual más imaginativa, y el vacío que se le hizo desde los media hace que no solo este asunto no traspase las fronteras de Navarra, sino que incluso en la propia Navarra resulte muy difícil enterarse de lo que ocurre (y eso que somos cuatro gatos).
A lo que voy es a que la sociedad civil a día de hoy no tiene absolutamente ningún altavoz, salvo el triste boca a boca o los sms, que ahora están tan de moda. Cada día nos hacen ser más dependientes de los organismos de poder y nos empujan hacia ellos (tú mismo decías que la protesta por la reforma laboral debía partir de los sindicatos... ¿por qué? Yo creo que una sociedad no muerta intelectualmente, con inquietudes y dispuesta a defender sus ámbitos de decisión no tiene porqué plegarse continuamente a los cauces oficiales establecidos, perfectamente controlados, vigilados, manipulados y que al fin y a la postre forman parte del mismo entramado). Es un poco lo que ocurre con las ONGs ¿ONGs? Y una mierda. Desde el momento en que reciben una subvención del estado ya son gubernamentales, ya que deben cumplir una serie de requisitos y plegarse a una serie de normativas y exigencias de quien le concede el dinero. Es decir, son organizaciones no autónomas, sino antes al contrario, totalmente dependientes y sumisas al gobierno.
No sé si se me entiende lo que trato de decir, pero a día de hoy cada vez más se nos trata de inculcar la idea de delegar las decisiones, las movilizaciones, la defensa de derechos, etc. en otros, bien sean sindicatos, ONGs, partidos políticos, medios de comunicación, etc. etc. Todo perfectamente dirigido, controlado y encauzado para que la cosa no se desmadre y se vaya de las manos.
Yo en cambio, creo en una sociedad participativa, donde la unión espontánea de la gente, bien sean estudiantes, vecinos, o lo que sea, debería ser capaz de razonar y exigir por sí misma, sin necesidad de pasar por el embudo y los filtros que el sistema coloca para no ser molestado. Pues no, ya es hora de que cojamos nosotros mismos también de vez en cuando las riendas de nuestras vidas y digamos: "¡qué coño, hay cosas con las que yo no trago!".
Y otra cosa es perder la perspectiva de las cosas, porque llamar pandilla de violentos a una cuadrilla de chavales con caretas de Ramoncín que han pegado céntimos en el suelo... vamos, hombre, que lo siguiente va a ser multar a la gente por tirarse pedos, no seamos más papistas que el papa. Es fácil no ser violento y exigir lo mismo a otros cuando todo, absolutamente todo está de tu parte. "Eh, chaval, no uses la violencia, porque eso es inmoral. Yo puedo explotarte, robarte, humillarte, putearte, reirme en tu cara, y mil simpáticas cosas más, pero lo hago sin violencia porque me ampara la ley, tengo el poder económico, el jurídico, el moral (porque yo lo valgo y me ha santificado la conferencia episcopal), y todo lo que me haga falta para hacer lo que me venga en gana con total impunidad. Eso sí, tú que no dispones de nada de eso, porque eres un pobre desgraciado, un don nadie sin contactos en las altas esferas, sin cuentas con muchos ceros en el banco, que las pasas canutas para llegar a fin de mes... a tí no se te ocurra pegar céntimos en el suelo de la SGAE porque te estás comportando de forma fanática y antisocial y además eres un payaso". Al que no tiene recursos solo le queda su imaginación. A mí me parece muy bien lo que han hecho, llamarles payasos y ponerlos a caldo desde las mismas filas de gente que están de acuerdo con su protesta no hace sino constatar hasta qué punto se ha introducido en nuestras vidas el mensaje de lo políticamente correcto, de aceptar todo sin rechistar, o en todo caso rechistando por los cauces establecidos que invariablemente solo conducen a dos sitios: o el callejón sin salida o la papelera donde se almacenan las quejas. Pues mira, imaginación al poder, al enemigo, en este caso la SGAE, hay que perseguirla por tierra, mar y aire día y noche, no darles ni un respiro, como hacen ellos con sus víctimas. Creo que esas energías estarían mucho mejor empleadas en causas más nobles que esa chorrada del canon, pero en un país con un nivel de conciencia social tan paupérrimo, hasta estas tonterías suponen un soplo de aire fresco y de esperanza en que, quizá, algún día seamos lo bastante maduros como para exigir (sí, exigir) que se tome en cuenta la opinión de los administrados.