En mi caso:
1) Allá por el 98, el Twisted Metal 2 (versión estadounidense a 60hz piratona) triunfó mucho entre los invitados a mi casa. Para el que no haya jugado, uno de los escenarios es París y te permite volar la torre Eiffel poniendo dinamita en un primer piso al que puedes subir teletransportándote. Y después la puedes usar como puente para acceder a las azoteas. Tan épico que mis amigos llamaban a jugar al juego "echar un París".
2) Más o menos en la misma época, quizás un poco más tarde, y con el mismo juego, mi primo de unos 7 u 8 años también se viciaba cuando venía. Pero a él lo que le gustaba era llevar a Mr. Slam, un tío que conducía una pala excavadora y que podía coger a un enemigo y empezar a hostiarlo contra el suelo. Algo especialmente útil tras usar un ataque especial común de todos, al parecer con izquierda, derecha y arriba, que congelaba al vehículo al que alcanzaba. Total, que mi primo no decía que jugaba al Twisted Metal 2: él jugaba "al de la pala excavadora".
3) Allá por el 99, empecé a invitar a mi casa a unos viciados de los juegos de fútbol de Konami para amortizar el multitap y la recién estrenada compatibilidad con el mismo del Winning Eleven 4 (ISS Pro Evolution japonés a 60hz, copia de seguridad). Estos tíos venían ya de viciarse a las SNES que metían a tiempo en las recreativas, en donde la estrella del equipo tenía un peinado reconocible: en Italia había uno de pelo blanco (Ravanelli) y uno de pelo largo (Roberto Baggio); en Países Bajos, uno de pelo rubio... Total, que estos amigos llamaban a los Winning Eleven "el Bergkamp".