A ver creo que hay que poner un poco en contexto las cosas.
Venimos de una generación PS4/Xbox One que, como la gran mayoría de veces, tardó en arrancar porque no había grandes juegos. Es normal porque los estudios tienen que adaptarse a la nueva arquitectura de cada una de las máquinas y no siempre es fácil por incompatibilidades con el motor gráfico por ejemplo.
Esto con el tiempo se va solucionando porque los estudios cogen soltura y si además los estudios son propios de cada compañía pues tienen más facilidades para poder exprimir al 100% la potencia de la consola. A esto hay que añadir que, desde mi punto de vista, antes no estaba tan extendido el jugar en un PC master race por lo que las compañías se centraban sobre todo en las consolas que era lo que llegaba al público en general.
Tenemos buenos ejemplos de títulos que aprovechan al máximo las consolas de “vieja” generación: Red Dead Redemption 2, The Last of Us 2, Ghost of Tsushima, entre otros. Estos juegos no dejan de ir a 1080p y 30 fps y que en algunos casos parece hasta un milagro.
Ahora bien, llega la nueva generación y todos sabemos que pasa: confinamiento, escasez de chips, falta de stock, teletrabajo, etc. etc. etc. No es para nada fácil empezar a diseñar estos juegos next gen cuando tienes pocos usuarios comparativamente con los de la generación anterior. A esto se le une la tendencia cada vez más extendida de jugar en PC.
Los estudios también dependen de unas distribuidoras que intentan sacar la mayor tajada posible y si hay que lanzar el juego para PC (con la infinidad de configuraciones gráficas que hay, tantas como PCs hay en el mundo), PS5, Series X, Series S, PS4 Pro, Xbox One X, PS4 y Xbox One el resultado es un juego que no sólo debe tener una optimización para unas pocas plataformas, como en el caso de los exclusivos, sino que deben funcionar bien en todas.
Me recuerda al caso de Cyberpunk que por pecar de ambiciosos sacaron un juego roto en las consolas menos potentes.
Aun así creo que la burbuja que ha habido dentro del sector, con mucha inyección de dinero que parece que ya están retirando por ser proyectos no tan rentables -a excepción de algunos casos-, ha servido para sacar grandes títulos no tan a finales de generación.
Tenemos por ejemplo que The Last of Us 2, antes del relanzamiento nativo en PS5, se podía ejecutar a 1440p y 60 fps. Con la aplicación nativa además de mejorar este modo también se pueden conseguir los 4K, incluso a más de 30 fps con VRR si no me equivoco. Por otro lado tenemos juegos muy brutos como Hellblade 2, que aun yendo a 30 fps es gráficamente fotorrealista.
Algunos estudios sí que es verdad que no saben o no pueden optimizar sus juegos, pero en ocasiones el motor gráfico utilizado no es el apropiado para el tipo de juego que se pretende hacer o simplemente que un motor gráfico que no es el propio del estudio no está optimizado todavía del todo (como creo que ha pasado con Unreal Engine 5).
Hay ejemplos de juegos bien optimizados y mal optimizados, así como de juegos buenos y juegos malos, pero en cómputo general creo que hay gran cantidad de juegos y muchos de ellos de buena calidad. La revolución como tal no puede llegar porque las diferencias gráficas cada vez son menores y un pequeño salto requiere cada vez de un equipo más costoso, cosa por donde ni Sony ni Microsoft quieren pasar (acordaos de los infames 600 euros de la PS3).
A nuestro favor están las nuevas tecnologías de AMD, NVIDIA, INTEL, etc. de reescalado de imagen, generación de FPS, realce por contraste adaptativo, etc. Se está viendo que combinando estas tecnologías con las máquinas existentes se pueden conseguir muy buenos resultados.
A todo esto no hay que olvidar que esta es la generación de las “configuraciones gráficas”. Donde cada uno puede elegir, en muchos casos, si prefiere jugar a mayor resolución o a mayor tasa de frames. Mientras que no sea posible aunar ambos desempeños gráficos que cada uno escoja a su gusto.
Veremos que nos depara el futuro, igual con las versiones Pro de las consolas Next Gen ya podemos jugar a 4K Nativos y 60 fps sin problema, quién sabe.