Así es, yo perdí toda esperanza hace tiempo. Intento consolarme pensando que al menos está leyendo en vez de «doomscrollear» en la pantallita, pero a veces ves lo que tienen entre manos y no sabes qué es peor.
Hay muchos motivos para este descenso en la lectura de clásicos, pero yo lo achacaría a la irrupción de los móviles y sobre todo al entretenimiento vacío que proporcionan las redes sociales. A mí también me ha afectado una barbaridad, ojo, pero al menos tuve una adolescencia ajena a ese ocio deletéreo y pude empaparme con buenas lecturas que me ayudaron a sentar una base literaria, pero los chavales de ahora que no conocen otra cosa que el móvil no tienen la paciencia para acercarse a un buen libro y aprender a disfrutarlo poco a poco, a adquirir conocimientos, a unir conceptos, a contrastar ideas, a aprender a expresarse, a no cometer faltas de ortografía, a pensar críticamente, etc. Todo son beneficios. Habrá buenos padres que educarán bien a sus hijos, y también dependerá de cada persona, pero serán los menos, me temo.
No digo que la culpa la tengan los chavales, se han encontrado el mundo así y se han adaptado a lo que han recibido; pero es una pena, porque Internet es una herramienta poderosísima que contiene un conocimiento inabarcable (anda que no he aprendido cosas con vídeos de YouTube), pero que al mismo afecta al usuario con el «vértigo de la libertad», dejándolo paralizado como a un conejo cuando le dan las largas, y en vez de buscar conocimiento se pone a mirar los últimos memes de gatos. No creo que estemos preparados para tener acceso a tanta información, y ahora con la IA, agarraos a los machos. Y todo esto sin mencionar la información errónea, la polarización, la violencia, etc.
Tampoco sé qué solución proponer que no sea un «regreso a los orígenes», algo inviable dado el estado actual de la sociedad.