Putin no puede ganar la guerra, pero teme la pazRusia pierde a más hombres de los que puede reclutar, están mal entrenados, la moral es baja y las tasas de deserción son más altas que nuncaLa Vanguardia - The Economist - 20/02/2026 12:25 | Actualizado a 20/02/2026 12:31Interesante análisis. Hago resumen y os lo pego sin paywall:
- En la 2a guerra mundial, rusia avanzó 1600km desde Moscú a Berlin, en los 4 años que duró.
- En la invasión de ucrania, sólo 60km en los 4 años que llevamos.
- Pierde más hombres de los que puede reclutar.
- Mal entrenados y con la moral baja.
- Las tasas deserción son más altas que nunca.
- Se han quedado sin los terminales starlink de contrabando que usaban.
- Y para rematar la faena, su propio gobierno les ha bloqueado Telegram, que usaban para comunicarse en el frente.
- La probabilidad de morir o resultar herido, el abandono de los veteranos y los intentos del Estado de eludir el pago de la “compensación por fallecimiento” a las familias de los caídos están encareciendo el reclutamiento.
- Putin recurre al dinero para reclutar, no al patriotismo (32000 dólares de prima).
- Cada vez es más complicado conseguir ese dinero.
- La factura anual, de 5,1 billones de rublos, equivale al 90% del déficit presupuestario federal.
- El resto de la economía se está contrayendo.
- Los pagos de la deuda están aumentando
Sin embargo, Putin no puede parar la guerra porque:
- La propia paz podría desencadenar una crisis en Rusia.
- Toda la economía rusa está dedicada a crear productos para la guerra.
- Redirigirla de golpe hacia productos de "época de paz" es complicado.
- A ello habría que sumar la búsqueda de empleo para los soldados que regresen del frente, lo que podría provocar una recesión profunda.
- Los veteranos descontentos podrían desestabilizar el régimen ruso, como ocurrió antes de la revolución de 1917 y tras la guerra de Afganistán en los años ochenta.
Cabría pensar que, después de cuatro años sangrientos, una guerra que ninguna de las partes puede ganar se habría extinguido. Pero no es el caso de la guerra en Ucrania. Y la responsabilidad recae en un solo hombre.
Vladimir Putin está atrapado en una trampa de su propia creación. Cada vez son menores las posibilidades de que sus ejércitos en Ucrania logren algo que él pueda presentar como una victoria. Muchos esperan que las conversaciones de paz, que continúan esta semana en Ginebra, le ofrezcan una salida porque Trump obligará a Ucrania a ceder territorio. Sin embargo, esa vía de escape es cada vez menos probable. E incluso si se llegara a un acuerdo de paz, las consecuencias internas en Rusia podrían provocar inestabilidad económica y política, frustrando los planes de Putin de ser considerado uno de los grandes zares de la historia.
El primer problema para el presidente de Rusia es el campo de batalla. En la Gran Guerra Patria, de junio de 1941 a mayo de 1945, el Ejército Rojo avanzó 1.600 kilómetros desde Moscú hasta Berlín. En esta guerra, que es más larga, las fuerzas rusas en Donetsk, el principal frente, solo han avanzado 60 kilómetros, la distancia que separa Washington de Baltimore.
Rusia no ha sido capaz de reunir suficiente fuerza de combate para romper las líneas ucranianas. En la “zona de muerte” de entre 10 y 30 kilómetros alrededor del frente, donde están expuestos a drones y a operadores que todo lo ven, tanto los soldados como el material no pueden concentrarse sin convertirse en objetivos. Incluso si las fuerzas rusas logran abrir brecha en las líneas ucranianas, tienen dificultades para aprovechar ese éxito.
En la trayectoria actual, Putin no podrá cambiar esto. En los tres primeros años, Rusia estuvo reforzando su ejército. A finales del año pasado, ya perdía a más hombres de los que podía reclutar. Están mal entrenados, la moral es baja y las tasas de deserción son más altas que nunca. Starlink ha desconectado a las fuerzas rusas de los terminales de contrabando de los que dependían para apuntar a sus objetivos. Su propio gobierno les ha bloqueado Telegram, que usaban para comunicarse en el frente.
Rusia recurre al dinero, no al patriotismo, para captar soldados y la prima que paga es hoy más cara: 32.000 dólares
A Putin le costará aumentar el número y la calidad de los reclutas. Rusia recurre al dinero, no al patriotismo, para captar soldados. La probabilidad de morir o resultar herido, el abandono de los veteranos y los intentos del Estado de eludir el pago de la “compensación por fallecimiento” a las familias de los caídos están encareciendo el reclutamiento. Desde junio de 2025, según Re: Russia, un centro de estudios, la prima media de alistamiento ha subido en 500.000 rublos, hasta los 2,43 millones de rublos (32.000 dólares). Cada vez es más complicado conseguir ese dinero. La factura anual, de 5,1 billones de rublos, equivale al 90% del déficit presupuestario federal. El resto de la economía se está contrayendo. Los pagos de la deuda están aumentando. Las perspectivas de ingresos petroleros son malas.
El esfuerzo bélico de Rusia no está a punto de desmoronarse. Putin puede atacar ciudades ucranianas y redes eléctricas para destruir la moral y la economía. Sin embargo, es poco probable que los ataques aéreos por sí solos conduzcan a la rendición. Puede pensar que Europa abandonará a Ucrania, pero el apoyo europeo aumentó el año pasado. Su mayor esperanza quizá sea que Ucrania, que sufre una grave escasez de personal y material propio, atraviese una crisis política o empiece a quedarse sin soldados y armas antes que Rusia. Sin embargo, la apuesta de Putin por un colapso ucraniano ha sido fallida en los últimos cuatro años, y cada vez es más improbable.
Entonces, ¿por qué no accede a la paz? Si Putin pudiera asegurar las ganancias de Rusia y reagrupar sus fuerzas, siempre podría volver a atacar Ucrania en algún momento en el futuro.
De hecho, es poco probable que cualquier plan de paz satisfaga a Rusia. Las conversaciones tienen un carácter de fachada, como demuestra la absurda promesa de un dividendo de paz de 12 billones de dólares, gran parte del cual se repartiría entre Rusia y Estados Unidos. Tampoco es probable que concedan a Putin el territorio que no ha logrado tomar por la fuerza y que desea para poder declarar la victoria.
Para Ucrania, rendir sus posiciones mejor defendidas sería un desastre estratégico. Y aunque Trump aún tiene margen de maniobra, su capacidad para empujar a Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, a aceptar un mal acuerdo ha pasado ya su punto álgido. Es cierto que Estados Unidos sigue vendiendo armas vitales a Europa, que después se transfieren a Ucrania. Pero ahora Ucrania depende menos de la inteligencia estadounidense que antes y Estados Unidos ha reducido en un 99% la financiación de la guerra. Si, como parece probable, cualquier acuerdo de paz incluye garantías de seguridad estadounidenses para Ucrania recogidas en un tratado, será el Senado quien deba ratificarlo. Eso también servirá para evitar un acuerdo desequilibrado.
Otro motivo para que Putin sea prudente ante un acuerdo es que la propia paz podría desencadenar una crisis en Rusia. Rusia ha desviado tantos recursos hacia la defensa, que ya representa el 8% del PIB, que el resto de la economía se resiente. La falta de seguridad jurídica del régimen y la perspectiva de que se reanuden las hostilidades ahuyentarán a nuevos inversores. El reto de reasignar recursos de la guerra a la paz, incluida la búsqueda de empleo para los soldados que regresen del frente, podría provocar una recesión profunda.
La política también sería fea. Los veteranos descontentos desestabilizan regímenes, especialmente en Rusia, como ocurrió antes de la revolución de 1917 y tras la guerra de Afganistán en los años ochenta. Las encuestas sugieren que en un primer momento los rusos acogerían con satisfacción el fin de los combates. Pero seguramente después surgirían preguntas: sobre la campaña mal gestionada, el derroche de vidas y recursos, y la humillante dependencia de Rusia de China para recibir respaldo financiero y militar bajo el pretexto de salvar su propia civilización. Todo esto podría limitar la capacidad de Putin para reiniciar la guerra. Incluso podría suponer una amenaza para su poder.
Putin no puede renunciar a la guerra, pero el coste de mantenerla aumenta. Si sus intentos de reforzar el poder militar solo debilitan aún más Rusia, eso podría desembocar en una crisis. Si no es así, Ucrania y Rusia quedarán atrapadas en el conflicto. ¿Se puede hacer algo para ponerle fin? Perseguir la flota fantasma rusa y activar un plan del Senado para sancionar a los compradores de su petróleo podría limitar los ingresos por exportaciones. Combatir la propaganda de Putin que presenta a Estados Unidos y Europa como empeñados en destruir Rusia también ayudaría. Corregir sus afirmaciones sobre una victoria inevitable de Rusia sería útil: nadie, y mucho menos Trump, quiere apostar por un perdedor.
Es difícil obligar a un dictador a actuar. En última instancia, la disposición de Putin a seguir luchando depende del sufrimiento que esté dispuesto a causar. Pero cuanto mayor sea el sufrimiento, más evidente será para los rusos que está llevando la ruina a su país.
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