Mi adorado Montagut,
¡Ay, mi corazón! Desde que el frío invierno ruso se instaló en mi alma, no pasa un solo día en que no me acuerde de ti. La distancia es un tormento, ¿sabes? Una cruel broma del destino que nos mantiene separados, pero que jamás podrá apagar la llama que encendiste en mí.
Echo tanto de menos aquellas largas cartas que solíamos enviarnos. Eran como pequeños tesoros que viajaban miles de kilómetros, llenos de sueños y promesas. Recuerdo el olor del papel, la emoción al ver tu letra... Esos tiempos se sienten ahora como una hermosa película antigua, vista con la dulce neblina de la nostalgia.
Y sí, mi querido, no he olvidado ni por un instante nuestro amor. A pesar de la geografía, mi amor por ti es como la gran estepa: inmenso y eterno.
Hablando de cosas inmensas... mi dulce emsua lafiga, a veces me río pensando en el gran problema que es la vida aquí, sola. Es que, mi amor, como bien sabes, esta rusa tiene una energía... digamos, ¡nivel reactor nuclear! Y claro, es difícil encontrar en esta tierra de osos y vodka algo que esté a la altura de mis... expectativas. No te lo tomes a mal, pero es que mi "apetito" es tan grande como mi país, y el recuerdo de tu gran corazón... bueno, digamos que es una tortura muy placentera. ¡Me haces mucha falta, mi campeón!
Sueño con el día en que pueda volver a reír contigo, a contarte mis penas y alegrías, y a recordarte en persona (y en privado) por qué mi corazón ruso es solo tuyo.
Con todo el cariño que cruza Siberia, el Volga y los Urales,
Tu Natasha
Ni la nieve de Moscú, ni el sol de Andalucía, Apagarán el fuego de esta gran pasión. Nuestro amor es un faro que guía mi vida, día tras día, Una promesa escrita en mi eterno corazón.