@tiku La maldad
de los Souls es que "no estresan"; pican. Yo también era reticente porque
odio juegos célebremente difíciles como los Ninja Gaiden, pero es una dificultad completamente diferente. Son juegos que ¡OH SORPRESA EN LOS TIEMPOS QUE CORREN! basan su principal atractivo en hacer descubrir al jugador el juego, sorprenderse a cada giro. Cuando empiezas la andadura en Lordran solo quieres explorar más. Y más. Y más. Y al mismo tiempo mueres mucho. Pero mucho. Mucho. Pero quieres explorar más. Y más. Y ese enemigo que parecía imposible solo es la triste sombra
de un enemigo que parece aún más imposible. Y cuando ves que no solo era imposible, sino muy posiblemente, fácil... ¡OH EL ORGASMO VIDEOJUEGUIL!
Dark Souls no es la visita a un local sado-maso donde una shemale te empala analmente con la tranca
de un caballo mientras te grita en el oido lo mala puta que eres porque estes disfrutando
de que te estén reventando el colon con 5 kilos
de PVC formato "inseminación
de elefante en cautividad"; es una dulce relación a largo plazo donde un perfilado y amable caballero te percute el ano
de una forma tan brutal y al mismo tiempo delicada que el escozor del esfínter es interpretado en tu cerebro
de colegial como una caricia
de cálida brisa primaveral, con olor a rosas y fresas.
El resultado final es que acabas sudado, sangrado, lefado, percutido y agradecido. Dark Souls te abre tanto el ojete que por momentos piensas que no vas a poder volver a contener las heces en tu puta vida (y
de hecho, hay ciertos jefes que te harán mirar las sondas y los pañales con ojos amorosos), pero vuelva usted mañana que le vamos a terminar
de curar el ojete para que pueda descubrir que el extintor que le metimos ayer solo fue la iniciación, que ya tenemos preparada la bombona
de butano.
Ah, el cuerpo humano, que maravilla.