Muy buen artículo, ahora mismo vamos directo a una guerra el modelo de crecimiento está muerto, no hacemos nada por cambiar-lo y todos quieren seguir con la fiesta. A esto añade que los recursos naturales son limitados y tenemos exceso de población,nula distribución de los recursos...
Si el lector es un cagón que prefiere el lenguaje metafórico de la prensa del Régimen, entonces diremos que "España profundiza el empeoramiento de expectativas". Los medios desinformativos que fungen de sustitutivos de los prepucios de Botín y sus colegas --conservados como reliquias acartonadas en cámaras de seguridad suizas-- lo cuentan así para que los indocumentados españoles se indocumenten aún más, si cabe, olviden la apabullante crisis que los está engullendo y se vayan de vacaciones a gastarse los pocos euros que les quedan en la hucha. ¡Nos veremos en septiembre! Hay que ser hijos de puta. ¿Expectativas? ¿Qué expectativas?
Lo que sigue es el EMBARGO DEL PATRIMONIO NACIONAL que advertimos que sucedería. ¿Cómo hemos llegado a esto? Hablando claro: La banca se ha cargado la economía nacional española. Ya dijimos por qué burdo, malintencionado y negligente procedimiento: tomando en préstamo ingentes cantidades de dinero internacional a corto y prestándolo tanto a largo --a los pepitos enladrillados, en forma de hipotecas a treinta años--; como a corto, --a las empresas, en forma de pólizas de crédito de tesorería--. Al estallar la crisis financiera, y el capitalismo internacional no renovarles los créditos a corto, los bancos españoles se revolvieron, cuchillo en mano, contra todos sus clientes con créditos a corto --los empresarios pequeños y medianos--, dejando a las empresas sin tesorería, sin capacidad de compra, en fulminante suspensión de pagos, en el trance de echar a la calle a todos sus trabajadores. Eso es defraudar a España, incumplir su función social como bancos. El Estado español se quedó mirando, no movió ni al BdE ni al ICO para sustituir al puto Santander, al ignominioso BBVA o a la ramera Caixa, sino que, en vez de eso, les regaló 150.000 millones de euros para que no sufrieran de estrés y se les cortara la diarrea. Ese dinero --que lo sepan los españoles, que son los que lo han puesto-- ha acabado en la burbuja especulativa de alimentos, mientras el tejido productivo español se iba a tomar por culo y las filas de parados ante las oficinas del INEM y de hambrientos ante los comedores de Cáritas anticipaban la catástrofe humanitaria que ya asoma la patita por debajo de la puerta.
Los banqueros españoles son una banda de delincuentes --gángsteres descapullados-- todos ellos, amparados por otros delincuentes de menor talla --rateros, mangantes-- a los que llamamos políticos, endeudados con los primeros y que legislan a su dictado, y se gastan los últimos ahorros de la Seguridad Social en que su particular fiesta no decaiga: 6.300 millones de euros en Deuda del Estado, que cotiza a día de hoy a nivel de bono-basura (*) --y que sólo sostendrá el Patio de Monipodio español dos putos meses más. Aquí no hay ya más salida que aplicar la Justicia Popular a la francesa. Dos siglos y cuarto tarde, ha llegado la hora de afilar las cuchillas de las guillotinas, de lastrar bien los moutones y de engrasar carriles y montantes.