En su cabeza recuerdos borrados de toda una vida habitan ocultos en algún hueco de su memoria pugnando por florecer y luchando por revivir… Blandiendo una lágrima se lanzan contra el olvido intentando hacer recordar, al roce con sus mejillas, lo que fue un beso, un abrazo… un sueño… Mas se secan antes de partir.
En aquella esquina las horas pasaban ausentes sin que ella las recordara. Sobre el silencio de su mente se superponía el repicar continuado e intermitente de su pulsera de plástico golpeando al compás de un temblor involuntario contra el brazo de la silla en la que se mecía. En sus labios se adivinada la intención de articular las palabras que no recordaba y que intentaba susurrar una y otra vez inconsciente de que nadie había de escucharla. Señalando al vacío dibujaba la forma de quien antaño la acompañó, de quien la amó con dulzura y quien la trató con la delicadeza de quien templa el vidrio mas fino.
Morían sus recuerdos al no existir y sufría inconsciente de hacerlo. Sobre su rostro se reflejaba el paso de los años, en cada pliegue de su piel se dibujaba una caricia, una sonrisa, una lágrima… un sentimiento vivido y olvidado. Sus ojos reflejaban aún la esperanza de quien vivó los momentos mas felices a la par que denotaban los momentos de angustia. Con algún rayo de luz, un sol cómplice destacaba el brillo de una lágrima intentando hacerla recordar, un brillo que se apagaba al intentar traspasar la barrera del olvido.
Sobre la silla donde ahora reposaba perdió la batalla de la vida. En aquel cuarto vacío había muerto cualquier intento baldío de recuperar un recuerdo, sobre aquel lecho yació moribunda su última ilusión falleciendo junto con el cuerpo marchito de quien fue su esposo y compañero. Cada rincón de aquella habitación guardaba celoso un momento de pasión, amor, desengaño… vida… Sobre la cómoda donde guardaba un diario, que ahora era incapaz de leer, se posaba un espejo adornado con las fotos de seres queridos, reflejando la estancia con un silencio desolador. Sobre el suelo de madera se proyectaba la sombra deforme y alargada de su figura sentada, acompañada por baile de las cortinas al compás del viento.
Con el último rayo de sol pareció esbozar una sonrisa al detener sus labios balbuceantes, su mirada siempre ausente brilló un instante antes de dejar brotar una lágrima distraída que rozó su mejilla y resbaló en silencio cerrando sus ojos. Al golpear el suelo pareció resonar en su memoria un cúmulo de sensaciones olvidadas en su memoria. Sobre el último suspiro del día cesó el repicar continuado e intermitente y con el silencio absoluto de la estancia se adivinó el principio de un nuevo comienzo...