El Páramo de Sía-Capítulo 8

VIII



-¿Registró la habitación?

-Sí, señor. No había rastro de micrófonos ni micro sensores. Todo estaba limpio. Parece que la Hermana decía la verdad.

-No creo que sea así. Volveremos a mirar otra vez. ¿Ha enviado a sus hombres a matarla?

-En estos momentos ya estarán dándole alcance. Tenía razón, ha matado al guardia y al capitán. Hicimos bien en ponerle de guardia al chico ese.

-Ray habría sido un importante aliado. Mejor habérselo puesto a la Hermana Theis como “protección”. Lo que lamento es que nunca sabrá que ha matado a un amigo de Hassman. Espero que sus hombres hagan bien su cometido.

-No habrá problemas, señor.

-Asegúrense de saber lo que está tramando.

-No se preocupe, señor. Cuando nos haya llevado hasta lo que tenga preparado, la mataremos. Nuestros sensores de invisibilidad nos darán la protección perfecta ante sus radares. No sospechará que la seguimos.

-Bien retírese, voy a dormir el resto del viaje a menos que haya algún problema, en ese caso avísenme.

-Descuide señor. Por cierto...

-Dígame

-¿Porqué se eligió Hassman? Henry Theis es un nombre poderoso.

-Es poderoso entre nosotros, capitán. Además, ya llevábamos tiempo con la Hermana Theis como la Doctora de la escuela y no podíamos llevar a un chico con el mismo apellido. Decidimos utilizar el nombre de nuestro Gran General, el de la última Gran Guerra. Supongo que como homenaje al favor que nos hizo antes de su muerte.

-Sí, la historia de su muerte es asignatura obligatoria en el aprendizaje ádahas. Me alegro de que se llame igual. Muchas Gracias Hermano. Me retiro a la Sala de Mando.

Los dos hombres dejaron de hablarse con el pensamiento. El Capitán Gadhas se levantó y salió, como dijo, hacia la Sala de Mando.

Daev se despertó con le extraña sensación de no haber descansado. Parecía que acababa de acostarse, toda la minúscula habitación seguí igual, y él estaba todavía con el uniforme de la Escuela. Notó que no se movían. Un sol de fortísima luz roja entraba por una de las rendijas acristaladas de la nave de Corman. Allá a fuera vio al piloto hablar con alguien. Se bajó de la nave, la banda de los motores permanecía caliente. Acababan de aterrizar. Se acercó a Corman y al otro hombre. A medida que se acercaba pudo ver un vehículo de tierra con el camuflaje, que pasaba desapercibido a simple vista. Cuando llegó a ellos se fijó atentamente en el hombre que hablaba con Corman. Llevaba un casco negro, con el cristal ocultando su rostro. El resto del cuerpo iba enfundado en una especie de armadura de una tela extraña, negra y muy brillante. Las cintas laterales eran plateadas y portaba a la espalda un rifle Boot bastante antiguo.

-¿es éste?-Preguntó el hombre de negro

-Sí, aquí está. Daev, te presento a Jits, Jits A. Summer, es el gobernador de Senetria...el no oficial, claro.

-¿No oficial?

-Represento a toda la población perseguida- A Daev se le ató un nudo en la garganta. Ahora también era perseguido. Pensó en Henry, y en cuantas ganas tenía de hablar con él. Jits se acarició el casco por detrás, el cristal desapareció, y se lo sacó de la cabeza. Era un hombre de poderosas mandíbulas, con las marcas del tiempo incrustadas en su cara lacerada.- En este sistema no se siguen las reglas de la Federación. Sí es verdad que hay un gobernador federativo, pero es igual de corrupto que todos. Aquí solo hay tres cosas que valen, el dinero, la droga, y las armas. De hecho todos los hombres de la Federación están recluidos en una ciudad, el resto es todo nuestro.

-Bueno, yo me largo, que tengo cosas que hacer

-Hasta la vista Corman, encantado de haberte conocido

-Hasta siempre Daev, y mucha suerte.

Corman se alejó corriendo hacia su nave.

-Tenemos todo preparado en nuestra ciudad. Te costará un poco acostumbrarte, pero lo harás rápidamente. Te daremos la ropa que necesites, las armas y el dinero...bueno, eso creo que no es un problema

-yo no tengo nada, salí con lo puesto, además...como soy un proscrito, habrán borrado las cuentas de mi dinero.

-A tu nombre real sí, al de Daev, no. Se te ha preparado una enorme suma de dinero. Más que suficiente para comprar todo el octavo sistema entero, que de hecho, más o menos, es lo que vas a hacer- Daev puso cara de no entender nada. Jits prosiguió-Henry tardará todavía casi tres años en llegar. Para entonces habrás comprado los servicios de todos lo mercenarios que creas convenientes. Theis creyó que esta gente, que solo es leal al dinero, serían leales también a las promesas económicas de Henry. Comprarás armas, y tendrás listo el peor ejército formado, pero el más cruel y experimentado en batalla. Digo el peor por que cada uno de estos elementos sería capaz de escupir a su madre y reírse luego. Pero son buenos muchachos, muy adscritos a la religión de la cerveza, pero muy buenos muchachos...y estalló en una enorme carcajada.



Theis volaba a gran velocidad. Dejó encendidos los sistemas de alarma, y recostada, durmió el resto del viaje.
Los casi diez meses que la separaban de Senetria se hicieron sin ningún sobresalto. Cuando la nave llegó al octavo sistema, sus códigos borraron su rastro. En un sistema como aquel era mejor viajar en una nave sin identificar. Al contrario que en los sistemas “civilizados”, en aquel mundo de mercenarios, solo preguntaban a las naves que se identificaban con los códigos de alguna corporación conocida.


El sistema de control despertó a Theis. Se levantó, se dio cuenta que aún llevaba puesto el hábito ádahas granate y gris que indicaban campaña militar. Se dirigió a la parte trasera de la nave. Abrió el compartimiento de carga y extrajo su equipaje. Dos cilindros de seis palmos de largo aparecieron delante de ella. Eligió el de la luz amarilla. Activó el descompresor de materia y esperó hasta que todo el contenido estaba extendido encima de la mesa. Escogió entonces las ropas de color canela. Sin ningún distintivo de la Corporación ni de la Federación. Nada. Podría pasar perfectamente por la esposa de un mercenario. Como no había espejo se miró, para ajustarse las cintas laterales, en la ventana. Fuera la oscuridad del espacio le permitía perfectamente reflejarse en el cristal. Cuando se miraba, al principio no cayó en las cuatro estrellas que avanzaban a la misma velocidad que ella. Luego las miró, y reparó en lo que no cuadraba. “Las estrellas no persiguen a las naves”. Salió corriendo hacia los mandos. En el radar no había señal de nave alguna. “Sistema de invisibilidad”. Utilizó las cámaras exteriores para hacer un zoom hacia atrás. Efectivamente. Allí había cuatro naves Ragram Tainisiam, los ádahas la habían descubierto. No podía llamar mentalmente a Daev, ni a nadie. Si la seguían ádahas poderosos, y era de esperar que lo hicieran, estarían utilizando el sistema de rastreo y podrían leer lo que decía. Apretó el botón de comunicación. La nave se puso a rastrear la frecuencia de la base en Senetria. Envió: “Daev, me siguen, me han descubierto. Voy a morir. Dejo mi Baisa para Henry. Venid a buscarla. Dile a Henry que le quiero, y por favor, ayúdale. Ayúdale a ser fuerte. Henry es una mente poderosa, pero no sabe combatir. Tu has de ser su brazo. Has de luchar junto a él y protegerle. Has de ayudarle en lo que decida. Sabrá recompensarte. Él nunca te matará”. Se levantó llorando, se dirigió al equipaje, sacó de entre la ropa una caja. Dentro de ella había una pequeña pistola plateada, con un receptáculo en forma de esfera roja. Extrajo la pistola, se la apretó en la frente y disparó. Todo duró apenas un segundo. Un fogonazo blanco destelló en sus ojos, y de nuevo la normalidad. Dejó la pistola dentro de la caja. Se giró, la introdujo en la pequeña sala de mercancías, y la soltó al espacio. Volvió a mirar a la ventana. Una de las naves que la seguían ya no estaba allí. Corrió a los mandos, desactivó el ordenador de navegación. Disparó con el rifle Boot al comunicador. Ya no podrían rastrear la ruta que había tenido programada. “Pueden saber que me dirijo a algún planeta del octavo sistema, pero no sabrán a cual”. Se desvió cambiando su destino a Dorus. La nave que faltaba se puso delante para obligarla a decelerar. Theis la esquivó y comenzó la persecución. Las naves iban a enorme velocidad. La disparaban, Theis esquivaba. Hasta que no pudo hacerlo. El disparo de un cañón pesado hizo volar por los aires la nave de Theis.

-Objetivo destruido, señor.

-Comprendo. ¿Tenéis la localización de su destino?.

-Sí, señor. Se trata de Dorus, un planeta-colonia del octavo sistema.

-Perfecto, buen trabajo cabo. Vuelvan a casa.

-Entendido, señor. Volvemos.
Muy buena... aunque la verdad es que lo has liado todo un bebo [alien] [alien]... vamos, que eso de que la espichen dos personajes importantes de la historia... mmm... me ha dejado un poco sorprendido.


La historia sigue siendo cojonuda, ahora falta ver qué pasa con Hassman y como consigue Daev la "baisa"... que tienes que explicar qué es, por cierto, porque eso de que se meta un tiro en la melona, y esté tan trankila... mm... un poco "raro", no? bueno, ya nos contarás.

Saludos varios, y a postear más capítulos, aunque el ritmo está siendo bueno. (Pero sé que tienes máss capítulos hechos :))
Si, lo del tiro en la frente me ha dejado un poco roto a mi también. Aunque me uno al club de los que desconcertados con la historia. Supongo que será por leer un poquito cada bastante tiempo. Tengo que hacerle un repaso a todo de una tacada cuando termine los exámenes.

De todos modos ya tienes un lector enganchado más.
Gracias Sickboy, da gusto tener lectores como vosotros, intentaré postearlos más rápido, intentaré ajustarme a la velocidad de todos...a ver que tal. Lo de la Baisa ya está comentado en el apéndice I...y con ello lo del tiro en la frente. De todos modos para eso estoy, preguntadme lo que no entendais que yo lo pongo...y en el caso de que no lo sepa, se lo pregunto al que lo está escribiendo de verdad y que me lo explique...:-P :-P :-P
Buen capítulo.... has hecho que ocurran muchas cosas y se resuelvan algunas dudas.... aunque hayas creado otras ;)

Me ha gustado.... a ver cuando pones el 9º.... y a ver si tengo tiempo de leerlo XD
4 respuestas