¿Odias el consumismo? ¿Estás harto de los trucos del marketing y de la cantidad de anuncios publicitarios que te tienes que tragar? ¿Te preocupa la degradación del planeta y la calidad del medio ambiente? ¿Te esfuerzas por no hacer caso a lo que manda el sistema?
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si tu respuesta es afirmativa, no eres muy original: eres uno más del movimiento contracultural, uno de los movimientos más grandes e importantes de las últimas décadas en los países industrializados.
Aunque te sientas alternativo, único y contestatario, formas parte de una masa crítica que, paradójicamente, cuenta con el mayor número de seguidores en el país consumista por excelencia: Estados Unidos de América. ¿Cómo puede suceder esto? ¿Somos una sociedad esquizofrénica que compra mientras condena el consumismo? ¿O acaso el anticonsumismo es, después de todo, más de lo mismo?
Quienes aceptan la crítica de la sociedad de consumo, pecan de ingenuidad. «Al leer la lista de bienes de consumo que (según el
filósofo y psicólogo francés Jean Baudrillard) la gente no necesita, lo que leemos es una lista de bienes de consumo que no necesita un intelectual de mediana edad. Cerveza Budweiser no, whisky escocés de malta sí; películas de Hollywood no, teatro vanguardista sí, coches Chrysler no, coches Volvo sí, hamburguesas no, risoto sí».
«En otras palabras, el término “consumismo” siempre parece afectar sólo a lo que compran los demás. Por eso da la impresión de que la supuesta crítica al consumismo es puro esnobismo mal disimulado, o, peor aún, puritanismo.»
En la década de 1960, los hippies declararon su implacable oposición al «sistema». Renunciaron al materialismo y a la avaricia, rechazaron la censura y la estandarización y se propusieron crear un mundo nuevo basado en la libertad individual. Sin embargo, , tan buenas intenciones no parecen haber dado resultado. Cuarenta años después, el sistema no sólo no ha cambiado demasiado, sino que se ha fortalecido y mantiene sus jerarquías de siempre.
Al fin y al cabo, el individualismo que promueve la contracultura es la llama que alimenta al capitalismo: si a todos nos diera lo mismo ser igual que el vecino, nadie se esforzaría por distinguirse de la masa a través de los bienes que compra. La solución que proponían los hippies y que proponen los alternativos de hoy se basa en el hedonismo —la diversión es el acto transgresor por excelencia—.
Aquellos hippies de los sesenta fueron los que transformaron un coche típico del nazismo, el escarabajo de Volkswagen, en un símbolo de la rebeldía juvenil anti-represión. Son los mismos que, cuando vieron crecer su prole, decidieron cambiar el escarabajo por el Ford Explorer, símbolo de la libertad y de los viajes sin barreras.
«Si la generación de los sesenta parecía estar obsesionada con los coches, la Generación X parece estarlo con el calzado», afirman los autores. Las ruidosas campañas contra Nike han abierto un jugoso mercado alternativo, del que se han aprovechado otras marcas como Vans, Airwalk y los mismos editores de Adbusters, revista independiente y contracultural que se puede encontrar en cualquier estableciemiento norteamericano y que ha lanzado una linea de zapatillas al "contracultural" precio de 120$, por supuesto, una forma de consumismo que te diferencia del vecino y te proporciona satisfaccion personal.
Es eso la contracultura?
Edito: Parte del texto esta extraido del libro: Revelarse Vende, el negocio de la contracultura.