Con respecto a los sueños y su control, creo que alguien ya lo ha dicho, pero cada vez que intento controlarlos, se me descontrolan.
Tengo el sueño muy ligero, de modo que me suelo despertar dos o tres veces casi todas las noches (aunque inmediatamente me vuelvo a dormir)
Pues bien, un día estaba soñando que estaba en casa de mis abuelos, nada especial. Me despierto. Me vuelvo a dormir y el sueño continuaba en el mismo lugar que lo dejé (otra cosa curiosa) Entonces me di cuenta de que estaba soñando. Y no se me ocurrió mejor cosa para dejar de soñar que tirarme por una ventana, para volar y esas cosas que dice la gente que hace en sueños (yo nunca he volado en sueños

). Pero cual fue mi sorpresa que al buscar el balcón, estaba tapiado. Todas las ventanas habian desaparecido. Me puse nervioso, y recordé cómo en las pesadillas despiertas cuando lo pasa realmente mal. Me puse a gritar como un gorrino en mitad del pasillo y en esto que aparece mi abuelo y me dice: "Pero que te crees? Que gritando vas a escapar del sueño?"
Joder, mi inconsciente onírico se rebelaba contra mi propia consciencia. Si los sueños son producto de la mente, aún no sé cómo pudo ser que mi mente me jugara semejante mala pasada, rebelándose contra mi mismo...
Y la teoría sobre el
deja vu más compresible y creíble que encuentro, es la incapacidad del cerebro de rocoger toooooda la información que contiene una escena. Por eso, cuando vivimos una escena parecida, nuestro cerebro, al simplificar la situación y omitir la gigantesca cantidad de datos que nos proporciona el exterior, nos hace creer que esa situación ya se ha vivido. La mayoría de deja vu se producen en situaciones cotidianas, en las que se introduce un elemento sorpresa que ayuda al cerebro a direnciarlas del resto de situaciones normales. Ejemplo práctico:
Los colegas de siempre, en el bar de siempre. Estás jugando con el mechero, y alguien te lo pide. Se lo das y se quema. La situación no sería especial si no fuera porque ha ocurrido algo inesperado. Es probable que otro día vuelva a pasarte lo mismo. Pero seguramente, los colegas no irán vestidos como la primera vez, ni los clientes del bar sean los mismos, e incluso no estés bebiendo lo mismo que aquel día. Esos detalles hacen a la escena única e irreptible, pero tu cerebro no puede almacenarlos.