Hombre, hace un año mas o menos, pasé una buena temporada, como año y medio, aparcando en la calle, y tengo la matrícula delantera llena de bollos y marquitas en el parachoques cada 5 cm. aproximadamente, todo ocasionado por golpes de bola de remolque. Y nunca le di ni un roce a uno aparcando, ni son todas del mismo (no es vendetta). Lo digo más que nada como otra muestra del embrutecimiento y la falta de respeto hacia los demás.
De hecho un día vi un monovolumen (una Sharan vieja, creo) aparcando delante de mi con la dichosa bola de remolque, y como el sitio le iba un poco justo, vi perfectamente cómo apoyaba el culo de su coche contra el parachoques del mío e intentaba meter el suyo forzando, aprovechando los 2 o 3 cm. que da de si la suspensión al hacer fuerza. Eché a correr hacia el monovolumen, y cuando llegué a su altura y vi que la conductora estaba aupada al salpicadero intentando ver cuánta distancia le quedaba con el vehículo aparcado delante, di un par de golpecitos en la ventanilla y grité "Oiga!!", tampoco muy fuerte, con la mera intención de que tuviera la dignidad suficiente como para admitir que la había pillado maltratando mi coche, y cesara en su intento de ocupar el hueco hasta que yo hubiera salido.
El resultado fue que la señora se sobresaltó y soltó los pedales, con lo que la tensión acumulada entre la forzada suspensión de su Sharan y la equivalente de mi Vectra, empujaron suavemente a la primera contra el piloto trasero izquierdo del pobre volkswagen Polo que ocupaba la plaza siguiente, y que alcanzó de refilón. El piloto se desportilló en el punto en el que la Sharan lo alcanzó, provocando que un buen pedazo de plástico se desprendiera, y la señora, hecha una furia, aún tuvo la desfachatez de bajar de su vehículo gritando, y acusándome de lo sucedido, mientras el potente equipo de música dejaba escapar una balada de Bertín Osborne a gran volumen por el espacio despejado por la puerta. Yo, reconozco que en ese momento no me sentí capaz de contener mis nervios si dejaba que una sola sílaba se escapara de mi garganta, asi que decidi aplazar por unos segundos la charlita y tras hacer un gesto con la mano, darme la vuelta para comprobar en qué estado había quedado mi parachoques y verificar que no hubiera saltado ninguno de sus anclajes al chasis (a todo esto, matrícula abollada y doblada por un extremo, y parachoques estresado pero aparentemente intacto). Me volví de nuevo hacia la señora, que seguía preguntándome a gritos que qué me pasaba, si tenía la cabeza hueca o nací tonto, que vaya susto le había dado, que es que acaso no me daba cuenta de que había "ocasionado un accidente" (accidente!!!).
Tras otro segundo de profunda respiración, repliqué que el vectra que tenía detrás y que estaba torturando me pertenecía, que nabía visto perfectamente cómo lo intentaba empujar, y que a la vista estaba la matrícula doblada. Acto seguido saqué mi teléfono móvil y le dije, que si pensaba montarme un jaleo, lo dijera ya para que fuera viniendo la policía a mediar en el conflicto mientras tanto, y que por lo pronto me temía que en ese caso tenía todas las de perder, a la vista del estado en el que se encontraba el Polo.
Parece ser que, tras acercarse a observar morro de mi coche, y como si éste tuviese efecto sedante (de hecho, como ya he explicado a mi también me sirvió para calmarme), vino con una actitud completamente distinta, diciéndome que lo sentía, que ella había notado resistencia, pero lo había achacado al roce del neumático contra el bordillo, y que no se había percatado de que mi coche se encontrara tan cerca del suyo, pues había considerado que el hueco era más grande de lo que efectivamente era.
Asombrado de sus dotes interpretativas, le pedí que por favor, retirara su coche mientras yo sacaba el mío, vista la gravedad del asunto no tenía intención de hacer parte con el seguro, pues bastante tenía con el polo de delante, y mi achacoso vectra me hacía más papel quedándose conmigo con el parachoques delantero como Jesucristo en la cruz, que una semana en el taller. Retiré mi coche, sin sacarlo del hueco, fingí que buscaba algo en la guantera mientras aprovechaba para copiar la matrícula del monovolumen, bajé de mi coche, saqué unos alicates universales de la caja de herramientas del maletero y enderecé como buenamente pude la matrícula.
Todavía perplejo, salí de allí. Mientras tanto, la señora aparcaba cómodamente su vehículo, y el dañado volkswagen Polo me miraba a través del parabrisas con su maltrecho trasero tuerto.
Unos metros más adelante me recreé en la vasta extensión de enormes huecos de aparcamiento libres que se abría ante mi.
P.D.: Viendo la previa me doy cuenta de que me he dejado llevar por la anécdota, perdón por el rollazo.