Historia de un vampiro

Original de un personaje mio en el juego de rol, "vampiro, la mascarada"

No seais crueles , que soy de ciencias...

LA HISTORIA DE BEN AMI

Casi nadie ha visto nunca las ruinas de Al-zafar. Solo grandes guerreros entrenan allí. En un lugar que nadie que no haya nacido a la muerte puede visitar. Un templo donde el dios Ahsemi te revela tu camino, tu lucha, tu destino. Verás tu cuerpo perecer y tu alma oscurecerse para no brillar jamás. Un nuevo ser resurge de la tierra para cumplir su profecía. El infiel perecerá. Nuestras armas clandestinas se ponen al servicio de sus suicidas e infructuosas disputas. Y nosotros, en el monte de la verdad sagrada esperamos, y esperamos. Solo una cosa lamento. Haber olvidado a mi amada Rashira. Tuve que olvidar que un día fue mi vida, tuve que olvidar su mirada moribunda entre mis brazos. Pero debía morir. Un guerrero de Ahsemi no tiene puntos débiles.

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Él era un miembro ilustre de una ilustre casta. Un alma poderosa de la estirpe de los sin alma. Caballero del viento, señor de la noche, redentor de la muerte. Paseó durante mil años por el bosque de las animas y a cada momento se hizo más sabio, más esquivo. Imagen de algo que permanece languideciendo en sombría decadencia, turbando el descanso de los muertos, desafiando el poder de la oscuridad, Sirviendo a su tenebroso propósito. El mal recorre largos caminos. Parece que jamas es derrotado. Pero se equivoca. Que el mal por el mal es vencido.

Pues yo, hijo del maligno... llevo sus colmillos al cinto.

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Siempre he sido silencioso. Sereno y metódico como el silbido del áspid del desierto. Siempre he mirado por las formas. Recordando que con cada gesto me acercaba mas a mi destino, que con cada muerte, dolorosa y cruel, agradaba mas a Ashemi. Siempre estuve orgulloso de ser su herramienta más poderosa. Una maquina perfectamente engranada capaz de llegar a los confines del abismo con la misma serenidad y quietud de la propia muerte. Sin embargo hoy es personal.

Hoy, Ab-dela, hijo de una rata de las arenas, ¡Te arrancare el corazón!


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-Que Ala nos proteja. ¡Es una historia terrible!

-Si, lo es. Pero ya ha terminado.

-¿Tu crees que volverá?

-No volverá, Mustafa. El amo se fue para siempre.

-Todavía no puedo creer que ella este muerta. Era tan hermosa... Y esa manera de morir, no puedo creerlo.

-Créeme, Mustafa. Yo creo que hay algo raro en todo este asunto. Ella tenia demasiadas ganas de vivir.

-Según me dijo su dama de compañía estaba muy desolada por lo que estaba pasando...

-Todo por culpa de aquel mercader extranjero. De donde demonios venia? -Las tierras altas, creo.

-Era muy extraño, me daba miedo. Yo creo que estaba poseído por un demonio y que también poseyó al amo con sus malditas tretas de...

-Tranquilizate Mustafa. De nada sirve lamentarse ahora. Yo tambien creo que ese hombre era maligno y, estoy seguro, que es el responsable de su muerte. -Pero ella...

-NO! Ella no se suicido. Yo le regale aquella daga... nunca la habria usado para eso.

-Lo siento Abderkade. Todavía la amas? -Si, pero ahora esta... -No te tortures. Ella era feliz con el amo Hazzim...

-Hazzim Ben-Ami. Senior de las arenas. Príncipe de Anhasia. ¡Púdrete en el infierno! -No digas eso, siempre fue bueno con nosotros...

-¿Lo fue? -Si. Al menos hasta que aquel siniestro hijo de la oscuridad llegó a esta casa. Con su cara cerulea y enfermiza, sus largas y tenebrosas manos y... ¡por qué nunca puedo recordar su nombre!

-Yo apenas quiero recordar ni su cara. Siempre sentado en la sombra. Hablando sibilinamente, como un aspid antes de llevarte a la muerte.

-Todavía tengo escalofríos recordando aquella noche...

-No quiero hablar de aquella noche. -Tú los descubriste en las caballerizas. Veloz, Raja, Blanco... degollados salvajemente...

-¡TE HE DICHO QUE NO QUIERO HABLAR DE ESO!

-Lo comprendo, debió ser más horrible para ti, eran tus caballos...

-¡NO!, no lo comprendes. No eran mis caballos. Eran sus caballos, sus camellos, su casa, su esposa... ¡y si no comprendes eso es que hasta tu le pertenecías! ¿Todavía crees que fue bueno contigo? Pues escúchame Mustafa, donde quiera que este, mil veces le maldigo. Maldito seas Hazzim Abdela Ben-ami!


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No alcanzo a comprender porque aquel necio prefirió el fuego a la llama de mi ira.

Supongo que cada uno es de la tierra que le ve nacer. De hecho es seguramente lo único que nos queda de nuestra verdadera existencia. porque ahora no existimos. Vagamos por la tierra sin poder sentirnos parte de ella. Pertenecemos a una sociedad sin asociados. A una raza sin razón. Pero esos necios infieles se ponen reglas. Y juegan a cumplirlas como si todavía existiesen. Quieren hacer patria para los que ya no la tienen. Su espejismo es mas poderoso que el oasis del cañón de la media luna, jugando a sus guerras políticas, rompiendo sus propias reglas, como hace lo mas mezquino de su ganado del que provienen. Y en esta paranoia de fingida existencia es donde somos necesarios. La estirpe de los que andan con la muerte sirve a todos los propósitos, que son el suyo, en todo este podrido y tenebroso mundo.

Yo he visto las salvajes tierras frias del norte, Plagadas de hijos de la luna. Y he visto la cuna de imperios relatados en libros que no necesito leer. He visitado la noche de los tiempos de la decadente humanidad en las tierras del Nilo. Y ayer me oculte del amanecer de las tierras del nuevo mundo. Todas ellas vieron mi poder, y el poder de aquellos que me llamaron.

Por todas ellas corrió sangre infiel.


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Solo una cosa me ha causado temor en mi vida, y en mi no-vida. La mar. Bravas o en calma, oscuras o claras. Su inmensidad es mas de lo que un hijo del desierto puede soportar. Ahora el mar nocturno es aun más tenebroso. Brama en la oscuridad dispuesto siempre a acogerte en su regazo mortal. Y guarda secretos insondables que no podemos imaginar. Es un temor absurdo para un inmortal, pero es ahora cuando más lo temo. Por que es el fiel y cruel reflejo de mi alma negra y muerta.

La primera vez que pisé el nuevo mundo juré que no volvería a tentar al demonio azul. Incluso tuve que forzarme a volver a la casa de Hashemi, en un viaje de regreso aun más horrible que el anterior. Pero el deber me ha traído varias veces desde entonces. Y el deber es tanto mayor cuanto más es el sacrificio por cumplirlo. Ahora mi sombra pasea por un país agonizante en su grandeza. Fiel espejo de la sociedad humana que lidera y refugio de los mas sucios elementos de la estirpe. La vieja Europa cuenta con los más prepotentes y poderosos, La milenaria Asia, los más antiguos y misteriosos. Todos ellos sentenciados, todos ellos anticuados y anclados en un mundo extinto del que no pueden desligarse. Pero son supervivientes valerosos y gozan de mi respeto. No es así en la todopoderosa América. La sociedad oculta, el submundo de las tinieblas esta en esta tierra abandonada de la mano de Dios sumido en el mas tenebroso de los caos. Seres malignos y ambiciosos libran una batalla por quien reinara sobre los despojos de una estéril lucha por la notoriedad. Hijos caídos en desgracia que intentan, vanamente demostrar que están a la altura de sus antepasados. Dan mas miedo que el demonio azul que los mantiene aislados, porque son miserables e indignos, porque están adaptados al caos, porque son políticos carentes de valores, porque son demasiado... humanos.


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Lodin , la bestia sanguinaria, el rey en la sombra. Manipulador, esquivo, conspirador y peligroso hijo de puta. Tengo una cuenta que ajustar con él. Pero hay cosas que no resultan convincentes. Aun cuando persisten como imágenes nítidas, un rastro impertinente en la memoria empuja a todos los hijos del Dios instinto a ser precavidos, a desconfiar de las cosas demasiado evidentes, demasiado fáciles.

Modius es un príncipe justo y compasivo, un compendio de virtudes que lucha en clara inferioridad contra el rey de las sombras. Y nosotros debemos hacerle el trabajo sucio. ¡Valiente estupidez! ¿Cuándo un príncipe de las tinieblas ha llegado al poder mostrando otras virtudes que no sean el crimen y la conspiración?. Esos pobres imbéciles creen que combaten del lado de los justos. En realidad son solo peones lanzados por un maligno contra otro maligno. Modius, patético noble en extinción. Venderás nuestras cabezas en cuanto ya no te seamos útiles. Pero yo se la verdad. Me prometiste mucha sangre por mis servicios... puede que me cobre de la tuya.

En cuanto a la suerte de los demás, me es indiferente. Nimrod, Ivo, Ian... Infieles presuntuosos. Creen estar por encima del bien y del mal. Solo mi honor de guerrero Hashemi les ha asegurado mi lealtad. Pero llegará el momento en que su prepotencia les pase factura... y yo, yo no estaré allí. Sophie, la noble de espíritu. No tiene ninguna posibilidad de sobrevivir... pero cuenta con mi simpatía. ¿Por que me mandarían aquí?. No se si podré volver a ver las dunas de Hazzaser.

A fin de cuentas, en esta tierra del demonio, ¿quién es el infiel?

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Ala! la segunda parte en otra ocasión....
LA VISIÓN

Aquel pobre diablo no sabía el favor que me había hecho. Su muerte, inútil como todas las demas, agrado sobremanera, por su crueldad, a mi cliente y ,ante mi asombro, me suministro una prima por mis servicios digna de un príncipe.

No necesité hacer recuento de mis ahorros para saber en aquel preciso momento que había llegado el momento de mi nueva visión... Desde antiguo, los guerreros assamitas se someten al rito de la visión.

Cuando un guerrero ha hecho meritos para ello, sus antiguos le recompensan con una ceremonia de maduración en la que el hijo de hashemí tiene la ocasión de hablar con el espiritu de sus ancestros, el que le revelará, en forma de visión cual es su futuro, su destino. Y en la que, como regalo por su lealtad y valentía, moldea a su antojo. Purificando su cuerpo con el poder de la sangre, negado para los de nuestra casta como el León niega la vida a su presa, para que esta pueda sobrevivir como especie.

Cuando solicité el cónclave de los hijos del desierto me senti extraño. Un hijo de hashemí solo tiene dos o tres visiones en su vida. A la importancia del acontecimiento se sumaba el hecho de que había de ser la primera que se realizaba en tierra extraña. Gracias a mi señor, a su apoyo en efecto y en presencia el rito se realizaría por vez primera en tierra de infieles. Todo ello despertaba mi orgullo, y mi responsabilidad...

Cinco antiguos rodeaban el circulo de los cinco reyes. Aquel donde los hijos de hashemi impartian y recibian su ley. Cinco cuencos a sus pies, llenos de la sangre purificadora. Y cinco libros en sus púlpitos, con la palabra sagrada de hashemí.

El canto del Asuni y el olor a incienso llenaban la estancia de una atmosfera especialmente embriagadora y la mortecina luz de las lamparas apenas permitia vislumbrar las paredes ricamente decoradas de la cripta. Aquel templo subterráneo me recordaba mi casa con una fuerza que no había experimentado desde que mis asuntos me hicieran pisar Granada hacía mas de cinco años.

Cuando el canto cesó, mi señor aparecio de entre las sombras de aquella severa estancia. Antes de que mis ojos se clavaran en el suelo con la misma firmeza con la que mi rodilla postrada brindabale pleitesía, vi su shilabi ceremonial de seda roja con hilos de oro. La perla del imperio otomano centelleaba sobre su frente, fijada al turbante de lino rojo que cubría su sien. Su semblante broncilineo me escudriñaba con severidad.

Avanzó hacia mí como lo hace la bruma de la mañana sobre la superficie del mar, lenta y pausadamente, burlándose del abismo profundo que se extiende bajo sus pies. Los cinco antiguos murmuraban oraciones en dialectos ya muertos que no conseguía entender. La mano de mi señor se apoyo sobre mi frente y alzó mi rostro hacia la luz tenebrosa de su mirada. Sus ojos negros, profundos como el cosmos, brillaban con el destello de mil estrellas flotando en su interior .

Note como se aflojaban las cuerdas de mi , otrora inquebrantable voluntad y como el néctar delicioso de la vida roja humedecia mis labios en un goteo incesante que drenaba mi consciencia...

Rashira apareció ante mí, mirándome dulcemente y extendiendo sus manos hacia las mias me dijo que me quería y que me perdonaba por lo que le hice. Yo intente asirle las manos pero no podia... y empezó a alejarse en la bruma de la noche oscura, y le llamé, y le grite. Pero ella seguía alejándose y mirándome con dulzura mientras me decia que nos reuniríamos pronto, que seguiría esperándome... Intente perseguirla, pero todo fue inútil. Mis piernas no me respondían. Miré hacia ellas y descubrí aterrorizado que no las tenía. En su lugar dos muñones ennegrecidos me sostenian herguido sobre mi alfombra. El olor a quemado y el humo se extendían por toda la habitación hasta resultar
asfixiantes, alcé la mirada y ví a mi sire, desafiante frente a la cascada llameante de mis tapices incendiados, mirarme con una antorcha en la mano.

No debe quedar nada de lo que dejas atrás , joven neonato, pues entonces su recuerdo te perseguirá siempre.

Su risa se propagó con la fuerza de las llamas sobre aquel infierno mientras yo me debatía por llegar hasta su espigado cuello para sesgárselo como a la maligna alimaña que era. Pero fue el quien se acercó a mi, y sentí el sabor de la sangre salvadora mientras reconstruía mi cuerpo destrozado.

El maldito me observaba mientras, presa de dolor, encogía mi cuerpo convulso y estremecido entre las sábanas de seda de aquella alcoba que presidía desde lo alto la orilla del Jordan.

Su boca, llena de sangre, chorreaba el líquido elemento hasta su abierta garganta, y, desde allí , rezumaba por entre sus ropas hasta formar un charco coagulado bajo sus pies desnudos.

Miraba sonriendo desde el pie de la cama como me desangraba sobre ella entre terribles dolores. Mis manos se asían a los barrotes con tal fuerza que estos se quebraron.
En ese momento me di cuenta de que no me desangraba, de aquel que se reía de mí era la primera alma que me cobré aquel lejano y desdichado día de verano en los arrabales de Amán...

Todo en derredor se habia oscurecido con un manto tenebroso almizclado de desesperación. No podia ver a traves de él ni el suelo que pisaba. Pero una luz se distinguía en la profundidad de aquel espacio denso y frio.

Según avanzaba hacia él notaba como la temperatura del entorno y de mi propio ánimo subian hasta formar un llameante huracán que azotaba mi rostro y mi corazón. Aquella luz salía del suelo, formando remolinos de gas florescente que se elevaban sobre la niebla espesa y negra, dándole temible vida de luces y sombras.

Cuando me acerque al borde de aquel abismo vi como un surco precepitaba por entre mis pies un maná rojo, alimento del infierno, hacia el corazón sediento de la sima. Apenas perceptible, el leve sonido a mi espalda despertó ese instinto de supervivencia que, pertinaz antagonista de mi voluntad, aun me mantenía con vida.

Allí estaba él. Aquel que sabria presente en el juicio final, y este había llegado.

Precipitándome al abismo noté el abrasador abrazo de aquellas llamaradas espectrales, y la vista se me nubló, y la noche silenciosa me cubrió.

Desaparecido ya el torturador beso del dolor me sentia en paz. Allí vino, de repente, a mis oidos aquel poema que los trovadores de las caravanas cantaban en mi niñez...

La brisa soplaba tenue en derredor de su cara.
El rumor de las olas le mecía mientras contemplaba, con los pies desnudos sobre la arena, la luna llena extender su manto de plata sobre las espumosas crestas.
El mundo contemplaba sus anhelos bajo la bóveda estrellada.
Y él, soñando un mundo mejor, andaba y andaba.
El Sol brillaba en lo alto y la mirada le cegaba.

A su paso sombrio, las conchas, de espejo iridiscente, en la orilla le saludaban.
Y las algas, de la marea acompañadas, calidamente sus tobillos acariciaban.
Pero él solo veía como las gaviotas; de libertad agasajadas, suspendidas sobre rayos cegadores.
En pos del viento bailaban.
Con la mano sobre la frente dorada, contemplaba el infinito de color turquesa y malva.
Y él, con las de los ojos empañadas, de salitre y tristezas derramadas, andaba y andaba.

Las piedras se clavaban en sus pies y esculpían el alma en su camino.
Las rompientes olas bramaban turbadoras sobre las rocas.
Como lenguas voraces de la tierra en pos.
Y las nubes lanzaban sus destellos sobre el mar embravecido.
Y él, con el rostro acuchillado por el viento, miraba las aguas, de su grandeza impresionado.

La luz del crepúsculo, tiñendo de rojo el horizonte, marcaba el sendero que lleva hasta el cielo,
Donde el sol se esconde,
Los delfines tras las doradas lenguas espumosas saltaban y , riendo, con sus gritos le llamaban.
Y él, escuchando sus cantos alegres, andaba y andaba.

La mañana fresca al rocio saludaba, la bruma espesa sobre superficie silenciosa, en jirones se levantaba.
Los afanosos alcatraces, con sus coros el nuevo día saludaban, de un viejo velero presidido.
Desarbolado, en la orilla encallado reposando. De su tiempo ya pasado, testigo mudo y desvencijado.
El que un dia libre de los mares se enseñoreaba, parecía que su advertencia le mandaba.
Y él, en pos de corriente favorable, andaba y andaba.

Seguía su camino, mas su destino no alcanzaba.
Frustrado y de rodillas, sobre la arena quemada, del inmenso océano sintió la llamada.
Y se internó en el. Y sus piernas doloridas, por el agua recogidas, recibían nueva vida mientras avanzaban.
Su cuerpo retorcido y agotado , refrescado por las olas, ya no sudaba.
Y sus crestas, de espuma coronadas, mas adentro le llamaban.
Y él, olvidando su tormento, andaba y andaba.

El agua por entre su cuerpo jugueteaba.
Los peces, en derredor suyo nadaban.
Y ya nada era importante, mientras le mecían las olas y la brisa le cantaba.
Su alma, tras una luz brillante, en pos de sosiego andaba y andaba.
Su cuerpo, inerte ya, sobre la mar flotaba.


...Desperte entre temblores, de la luz tenue de las velas iluminado. El ansia era demoledora y brutal en mí, capaz de atravesar con la mirada la piel de la pobre muchacha que , inconsciente y desvalida, esperaba mi apetito al pie del púlpito. Me sentía mas fuerte, mas rápido, mas mortifero y mas desesperado de lo que nunca me había sentido jamás. Quizá por esa razon no quedaba allí nadie mas...
Es que está copiado de la web de un amigo y está mal punteado y eso...

La brisa soplaba tenue en derredor de su cara.
El rumor de las olas le mecía mientras contemplaba, con los pies desnudos sobre la arena, la luna llena extender su manto de plata sobre las espumosas crestas.
El mundo contemplaba sus anhelos bajo la bóveda estrellada.
Y él, soñando un mundo mejor, andaba y andaba.

El Sol brillaba en lo alto y la mirada le cegaba.
A su paso sombrio, las conchas, de espejo iridiscente, en la orilla le saludaban.
Y las algas, de la marea acompañadas, calidamente sus tobillos acariciaban.
Pero él solo veía como las gaviotas; de libertad agasajadas, suspendidas sobre rayos cegadores, en pos del viento bailaban.
Con la mano sobre la frente dorada, contemplaba el infinito de color turquesa y malva.
Y él, con pupilas empañadas, de salitre y tristezas derramadas, andaba y andaba.

Las piedras se clavaban en sus pies y esculpían el alma en su camino.
Las rompientes olas bramaban turbadoras sobre las rocas.
Como lenguas voraces de la tierra en pos.
Y las nubes lanzaban sus destellos sobre el mar embravecido.
Y él, con el rostro acuchillado por el viento, miraba las aguas, de su grandeza impresionado.

La luz del crepúsculo, tiñendo de rojo el horizonte.
Marcaba el sendero que lleva hasta el cielo, donde el sol se esconde.
Los delfines, tras las doradas lenguas espumosas saltaban y , riendo, con sus gritos le llamaban.
Y él, escuchando sus cantos alegres, andaba y andaba.

La mañana fresca al rocio saludaba, la bruma espesa sobre superficie silenciosa, en jirones se levantaba.
Los afanosos alcatraces, con sus coros el nuevo día saludaban, de un viejo velero presidido.
Desarbolado, en la orilla encallado reposando. De su tiempo ya pasado, testigo mudo y desvencijado.
El que un dia libre de los mares se enseñoreaba, parecía que su advertencia le mandaba.
Y él, en pos de corriente favorable, andaba y andaba.

Seguía su camino, mas su destino no alcanzaba.
Frustrado y de rodillas, sobre la arena quemada, del inmenso océano sintió la llamada.
Y se internó en el. Y sus piernas doloridas, por el agua recogidas, recibían nueva vida mientras avanzaban.
Su cuerpo retorcido y agotado , refrescado por las olas, ya no sudaba.
Y sus crestas, de espuma coronadas, mas adentro le llamaban.
Y él, olvidando su tormento, andaba y andaba.

El agua por entre su cuerpo jugueteaba.
Los peces, en derredor suyo nadaban.
Y ya nada era importante, mientras le mecían las olas y la brisa le cantaba.
Su alma, tras una luz brillante, en pos de sosiego andaba y andaba.
Su cuerpo, inerte ya, sobre la mar flotaba.
Bueno, ya está leido... y de un tirón XD XD

Me ha gustado, sobre todo la 1ª historia... aunque si me permites una crítica, en los diálogos deberías poner, despues del guión último quien habla, por ejemplo.

- Si, lo se de sobra - dijo Mustafa

Es una forma para que no se pierda la gente entre los interlocutores. En ese relato no es muy difícil, porque son pocos personajes, pero si vas a hacer alguna con más personajes, deberías hacerlo, que si no es un lío ;)

Por lo demás.... perfecto.... a ver si te curras un buen libro de vampiros que en este foro no tenemos ninguno XD XD XD XD XD XD XD XD :p
3 respuestas