Krasniq se ha registrado en forocreyentes. Va tocho sobre su presentación:
Buenas tardes a todos los integrantes de este honorable foro de aficionados al fútbol.
Mi nombre es Krasniq, aunque en determinados círculos se me conoce como El Hombre del Saque de Banda, El Último Danubio del Fútbol Europeo o, simplemente, el señor que no puede entrar en una piscina sin que el socorrista le pregunte si está teniendo una convulsión.
Soy futbolista profesional, internacional con mi país en tres ocasiones, aunque dos de ellas fueron durante el calentamiento y la tercera porque el seleccionador confundió mi dorsal con el número de teléfono de su dentista. Actualmente me encuentro sin equipo, pero no sin ambiciones. Mi representante está negociando con varios clubes de Primera División, dos de Segunda B y una empresa de mudanzas que ha mostrado interés en mi capacidad para transportar objetos de forma lateral.
Mi posición natural es lateral derecho, aunque puedo desenvolverme perfectamente como extremo, interior, mediocentro defensivo y, en situaciones de emergencia, como señalizador de aviones en el aeropuerto de Menorca. Mi principal virtud es el saque de banda. No es una habilidad que se pueda aprender en cualquier academia. Requiere años de preparación, una alimentación rica en potasio y una extraordinaria capacidad para mover los brazos como si estuvieras intentando sintonizar Radio Andorra durante una tormenta eléctrica.
Debo reconocer que mi técnica es peculiar. Cuando me dispongo a ejecutar un saque de banda, mi organismo entra en un estado de alerta que los científicos todavía no han conseguido explicar. El cuello se me desplaza ligeramente hacia la izquierda, el hombro derecho inicia un movimiento pendular y las rodillas comienzan a negociar entre ellas una salida diplomática. Algunos entrenadores lo llaman nerviosismo. Otros, falta de coordinación. Mi preparador físico lo definió una vez como «algo que no había visto desde que se electrocutó el microondas».
Yo prefiero llamarlo fútbol.
Porque el fútbol no consiste únicamente en tocar el balón, hacer paredes o meter goles. El fútbol también consiste en detenerse durante siete segundos junto a la línea de cal, mirar al horizonte con expresión de funcionario que acaba de descubrir que hoy le toca trabajar por la tarde y ejecutar un movimiento corporal que obliga al público a preguntarse si el jugador está sacando de banda o intentando expulsar un mosquito de su espacio aéreo personal.
Mi carrera no ha sido fácil. En mi debut profesional, el entrenador me ordenó sacar de banda en el minuto 89. El partido estaba empatado, el público sufría y mis compañeros esperaban una acción decisiva. Agarré el balón, respiré profundamente y me preparé.
Lo siguiente que recuerdo es al árbitro pitando el final, a un recogepelotas llorando detrás de una valla y a un señor de la grada preguntándole a su mujer si aquello había sido parte del espectáculo del descanso.
Desde entonces, he trabajado intensamente para perfeccionar mi técnica. He visitado especialistas en biomecánica, psicólogos deportivos, fisioterapeutas y un señor de Albacete que asegura poder corregir cualquier movimiento involuntario mediante la imposición de manos y una pequeña tarifa de 45 euros.
Ninguno ha conseguido cambiarme.
Y tampoco quiero que lo hagan.
Fuera del terreno de juego soy una persona tranquila, amante de la lectura, la gastronomía mediterránea y los documentales sobre infraestructuras ferroviarias. Mi mayor sueño es visitar la estación central de Zúrich, comprarme un bocadillo de tortilla y observar durante seis horas cómo los trenes entran y salen puntualmente. Considero que hay pocas cosas más emocionantes que una buena conexión ferroviaria entre dos ciudades medianas.
También colecciono cucharillas de cafeterías, aunque todavía no he conseguido explicar por qué tengo 47 cucharillas de establecimientos que cerraron antes de que yo naciera.
En el vestuario soy un compañero ejemplar. Nunca discuto con mis compañeros, salvo cuando alguien coloca las chanclas mirando hacia la pared o deja el papel higiénico con el extremo hacia abajo. En esos casos, considero que el fútbol profesional debe recuperar inmediatamente los valores tradicionales.
Mi sueño es ganar una Liga, disputar una competición europea y conseguir que algún día un niño, en cualquier lugar del mundo, vea un saque de banda mío y diga: «Papá, ¿por qué ese hombre se mueve como una lavadora durante el centrifugado?».
Quiero aprovechar también esta presentación para manifestar mi respeto a todos los aficionados que dedican su tiempo a debatir sobre fútbol. El fútbol necesita foros, necesita pasión, necesita opiniones enfrentadas y necesita gente que sepa distinguir un 4-3-3 de una factura del gas.
Yo vengo aquí a aprender, a compartir mis conocimientos y a aportar mi granito de arena. No soy de los que entran en un foro para imponer su criterio. Soy de los que entran, leen durante tres horas, escriben «buenas a todos» y después permanecen cinco días sin aparecer porque se han quedado encerrados en un ascensor de Mahón.
Por último, me gustaría aclarar un asunto que considero importante: si en algún momento me veis realizar movimientos extraños mientras escribo en el foro, no os preocupéis. Es posible que esté practicando un saque de banda mentalmente. También podría estar intentando recordar dónde aparqué el coche o calculando cuántos macarrones caben en una piscina olímpica.
En cualquiera de los tres casos, os pido respeto.
Un saludo a todos y que ruede el balón.
P. D.: Si algún administrador necesita ayuda para organizar el foro, estoy disponible. Tengo experiencia colocando conos, recogiendo petos y provocando que un árbitro tarde cuatro minutos en decidir a quién corresponde un saque de banda. Para cualquier otra gestión administrativa, desconozco completamente mis capacidades.