No les pasa nada especialmente raro. Al final son pequeñas hostias que te va dando la vida para que aprendas a distinguir quién tiene interés de verdad y quién simplemente quiere tenerte ahí pendiente.
Eso sí, yo tampoco mediría todo por si tarda más o menos en contestar. Para mí la clave está en la reciprocidad: si te busca, propone cosas, se interesa por ti y notas que no eres tú el que está tirando siempre del carro.
Y otra cosa que pasa muchísimo: cuando dejas de ir detrás de alguien, a veces aparece el orgullo. De repente eres “poco hombre”, “no tenías tanto interés”, “mejor que no me busque”… Es parecido a cuando te vas de un curro y luego te llega que “tampoco eras tan bueno”. Muchas veces no es más que una forma de gestionar que tú hayas decidido marcharte o dejar de insistir.
Al final estas cosas también sirven para algo: el día que encuentras a alguien que muestra interés genuino, lo notas muchísimo más y lo valoras de otra manera.
Porque cuando alguien realmente quiere estar, normalmente no tienes que estar todo el rato preguntándote si le interesas o no.
Lo malo es que esas personas, a veces, tardan en aparecer.