Hay una diferencia primordial entre los juegos de antes y los de ahora, y es el carácter cinematográfico que han adquirido los videojuegos. Al margen de que esto sea bueno o no, uno de los cambios más sustanciales es la reducción de la dificultad.
Los juegos de ahora están hechos para que llegues al final, para que veas toda la historia. Y no juegues nunca más. Sí, es cierto, aparentemente duran más, pero rara vez te los vuelves a pasar, total, ya has visto la historia, ¿qué te puede ofrecer el juego ahora?
Los juegos de antes duraban un par de horas los que más, ¿pero cuántas veces no había que repetir lo mismo hasta dominar el juego?, es más, somos muchos los que seguimos jugando a pesar de sabérnoslos de memoria.
Antes de que me salte alguien con Ninja Gaiden (o excepción de juego difícil de ahora) o World of Illusion (o juego facilón de antaño), evidentemente, hay de todo, pero me refiero a la tónica general imperante.
Está claro que es imposible pedir que juegos de ahora, que duran una media de 10 horas, tengan la dificultad de antaño, porque no se los pasaría nadie. Quizá hay alguno más difícil de lo normal, pero ya se encargan de que puedas salvar a menudo, para que no tengas que aprenderte tramos de más de 5 minutos de largo.