esto ya parece un reality chow... en Iruñea parece que se estan poniendo las pilas... y encima llevan a la prensa... xD
http://www.diariodenavarra.es/actualidad/noticia.asp?not=2006021901423994&dia=20060219&seccion=navarra
Momento en que una treintena de agentes de la Policía Municipal de Pamplona accede al local en fila de a dos. POLICÍA MUNICIPAL DE PAMPLONA
Los jóvenes siguen las órdenes de la Policía y se llevan las manos a la cabeza
Imagen de la droga y las armas incautadas en apenas una hora.
Los agentes vigilan a los clientes mientras uno a uno les van cacheando.
Los jóvenes salen uno a uno después de ser cacheados.
¡Es una redada!
-¡Todos mirando contra la pared y las manos a la cabeza!
-¡Policía Municipal! ¡De frente a la pared!
-¡Las manos! ¡Que se vean!
20 agentes uniformados y 10 de paisano acaban de entrar en fila de a dos en un bar del Casco viejo de Pamplona como un miura que sale del callejón cuando el alguacil abre la puerta de chiqueros. En apenas 10 segundos han accedido y se han distribuido por el local ante la mirada atónita del portero del bar transformado en estatua pétrea. Los 91 clientes, casi el aforo del local, sólo pueden ver los ojos de los policías: llevan el rostro cubierto por un pasamontañas negro.
En ese momento Enjoy the stilence, la música que pinchaba el DJ en su cabina de apenas 1 m² deja de sonar y desde fuera del local se escucha el susto desaforado de los clientes. En medio de la confusión algunos de los 91 jóvenes de entre 17 y 28 años que se encuentran en el local han conseguido tirar al suelo, antes de ser sorprendidos, papelinas con cocaína, carteras que contienen hachís e incluso cuatro navajas. De fondo, se oye un móvil. Nadie contestará la llamada. Los jóvenes tienen las manos en la nuca y miran a la pared. Una de las cuatro camareras retira de la barra cinco vasos de chupitos aún llenos.
«Tanto para ellos como para nosotros es mejor entrar así», cuenta uno de los oficiales que se encuentra al mando de la operación, «si entráramos de manera menos contundente daríamos opción a que reaccionaran. Un susto se pasa rápido. Una acción represora no».
No ha pasado ni un solo minuto desde que los agentes han accedido al local y ya tienen la situación controlada. Lo primero que hacen es iluminar con sus linternas el suelo para recoger toda la droga de la que los jóvenes se han desprendido. Sólo con esta acción llenan dos bolsas de plástico transparente del tamaño de una mano.
-Hazle un acta de aprehensión- (trámite legal que señala qué se incauta a quién) dice uno de los agentes señalando a uno de los clientes-Le hemos visto tirar esta papelina.
Uno de los jóvenes, que se encontraba justo junto a la puerta no ha podido evitar ser sorprendido. Se limita a asentir levemente con la cabeza.
Entre tanto, la luz cegadora de la cámara de vídeo que lleva uno de los agentes se pasea por el local filmando la situación. Uno de los responsables de la redada cuenta que su función consiste en grabar allí donde hay una voz más alta que otra o algún tipo de incidente. «Nos pueden acusar de lo que quieran», dice, «pero tenemos la prueba de lo que hemos hecho».
91 cacheos, 15 aprehensiones
-¡Por favor! Colaborad y acabaremos esta historia antes- afirma un agente. Aquí empieza la segunda parte de la redada. El cacheo a todos los clientes.
En la barra ya no hay copas. Ahora su lugar lo ocupan unos maletines negros en los que los agentes llevan actas de aprehensión, guantes esterilizados y bolsas de plástico.
-¿Cuál es tu abrigo? Si me dices cuál es yo te lo cojo- pregunta una agente a una joven que está a punto de cachear.
-Es uno marrón con capucha.
-¿Este es?
-Sí.
La agente le indica que se vacíe los bolsillos. Después de identificarle, le pide que se quite una bota y que la sacuda hacia el suelo. La misma operación la repite con la otra. No cae nada en ninguna; está limpia. Puede salir del local.
Otro agente le acompaña hasta la puerta. Y otro, situado en el umbral de la puerta acciona un contador manual para comprobar si se había superado el aforo permitido del local. Faltaban 8 personas para llegar a los 99.
Registrar a los 91 clientes que se encontraban en el local, además de a los cuatro camareros, les ha llevado a los agentes cerca de 40 minutos. Después de este tiempo han realizado 15 aprehensiones.
Ya no queda ningún cliente en el local. Pero los agentes continúan inspeccionado los recovecos del bar en busca de droga. Y encuentran más papelinas con cocaína.
Para entonces, el gerente del local, que ha llegado sobre las 2.20 sólo puede observar la situación mientras espera que los agentes terminen con la redada. En cuanto han registrado el último rincón del local los policías municipales proceden a poner una sanción administrativa al responsable del bar por permitir el consumo de sustancias estupefacientes en su local. Ante lo evidente, firma el documento. La redada termina. Son las 02.45.
Así se gestó la redada
La operación empezó a gestarse cuando una treintena de agentes acuden a las dependencias de la Policía Municipal a las 0:45. Uno de los oficiales les ha citado. Suponen que es una redada. Pero no lo sabrán hasta el último instante. «Pamplona es muy pequeña. Todos tienen familiares o amigos que pueden estropear la operación, como ya nos ha pasado en alguna ocasión», explica un oficial. Por eso, la discreción en este tipo de operación es máxima. Como el cuidado en los detalles.
En una de las salas de las dependencias de la Policía Municipal, los efectivos que van a intervenir atienden a las explicaciones del sargento. Les informa dónde se desarrollará la operación y les indica qué orden seguirán los vehículos y dónde han de estacionar cuando lleguen allí. Después, utiliza un croquis hecho a mano para explicar las características del bar dónde se encuentran los baños, la barra o las luces. Cada uno de los agentes deberá cumplir una función específica y concreta: sólo esa y ninguna más.
Entre tanto, dos agentes de paisano ya se encuentran en las inmediaciones del bar. En cuanto consideren que ha llegado el momento oportuno para actuar, telefonearán por móvil a dependencias de la Policía Municipal para dar el aviso.
-Ya vienen para aquí-dice un oficial.
En apenas dos minutos aparecen de la nada varios vehículos. En parejas cortan todos los accesos de la calle. De repente, la treintena de policías ya se encontraba en el interior del bar. Que estén en este local y no en otro no es casual. Quejas de vecinos u otros indicios han llevado a la Policía Municipal a la investigación in-situ. «Actuamos cuando hay indicios evidentes de que el consumo es generalizado e incluso se produce compra-venta», señala un policía. Las dosis de drogas incautadas les dan la razón: 2.048.