Las bodas son un rollo, tanto para el que monta como para el que asiste. Más allá de estar o no de acuerdo con la figura
del matrimonio como institución y sus efectos jurídicos personales y patrimoniales, el teatrillo que se monta alrededor de su celebración para que se ajuste a los cánones "clásicos" de hoy en día no me gusta nada: iglesia y hacer el paripé delante
del cura, banquete que sale por un auténtico pastizal, la discoteca que se suele improvisar en el mismo lugar de la comida muchas veces es cutre (aunque depende
del lugar), todos súper emperifollaos para ir guapos y no dar el cante (
"en las bodas siempre se liga." ¡Y una mierda!), que te pasen el número de cuenta o la lista de bodas junto a la invitación como quien no quiere la cosa para que les ayudes con los gastos (que acostumbra a ser un pico), etc... Me dan mucha fatiga.
No sé, encuentro más práctico tirar por lo civil con los asistentes justos y lo que te ahorras en toda la parafernalia esa te lo gastas en cosas necesarias para la casa o pegarte un viaje de novios lo mejor posible. Tengo una visión bastante negativa de esta clase de eventos, muchas veces hinchados a más no poder sólo para estar a la altura
del resto o impresionar a costa de endeudarte. No pienso asistir ni a la mía