Aquí no se tiene que juzgar a toda la juventud española, ni se cuestionan tampoco las agresiones o insultos a los profesores. Aquí lo que se tiene que juzgar es un caso concreto y determinado en el contexto exacto en que se produce. Ya basta de aumentar una y otra vez la importancia del asunto exagerando y remitiendo a noticias.
En todos los colegios, institutos, universidades, instituciones educativas hay incidencias. "Ah no, en la mía no". En todas. En las universidades más famosas del mundo ha habido asesinatos, crímenes, y todo tipo de asuntos menores. Lo que tiene que hacer un centro educativo es tratar estos asuntos de forma discreta, buscando el interés del menor, el interés del centro, y el de los padres, y tratar sobre todo las cosas con discreción y con inteligencia.
Además leyendo a algúnas personas me da la impresión de que están como resentidos, tienen alguna cuenta pendiente, y desearían saldarla fastidiando a unos chavales por una chiquillada.
Esto se resuelve en una reunión a puerta cerrada entre alumnos, padres y el director, y si son inteligentes todos, queda saldado así, y con una disculpa a la profesora debería bastar, y eso poniéndonos en que realmente hayan hecho algo malo. ¡Estamos hablando de menores de edad!.
Un menor de edad si comete una gamberrada se le llama la atención, se le explica lo que ha hecho mal, y ya está. No hay que ir más allá. Si hablásemos de incidentes graves como un alumno que le pega una paliza a otro, o un alumno que agrede a un profesor, eso sería otra cosa. Pero aquí lo que ha pasado es una cosa de poca relevancia y querer hacer una montaña de eso da mucho que sospechar.


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