por Nylsa 28 May 2005 23:39
El hombre español roba por naturaleza, pero lo hace en la intimidad, porque aún conserva un ápice de... de... ¿verguenza? ¿dignidad? ¿pudor?
Sea lo que sea, el hombre español arranca sin piedad las flores de los jardines o los carteles de "Prohibido fumar" para decorar alegremente su cuarto o su coche. Disfruta practicando ese leve acto vandálico. Claro, la solución consiste en colocar dichos carteles pegados al techo, de manera que ni se aprecien y la gente siga fumando alegremente.
El hombre español sólo realiza este acto en soledad, si acaso, acompañado por la intimidad de sus amigos más cercanos. Abre las cajas de galletas en los supermercados y come con avidez de ellas, roba las pastillas de jabón de los lavabos de los hoteles, se lleva los ceniceros de los bares con disimulo, ... Sin embargo, cuando se ve rodeado de gente, siente pudor por coger los objetos que no le pertenecen, incluso los que están para ser cogidos... Observe usted, cuando entre a una tienda en la que haya unos cuantos caramelos en el mostrador, que nadie toma ninguno. Excepto los niños, claro... Los niños virginales, puros e inocentes... No cogen esos caramelos como si los estuvieran robando, sino que los aceptan como obsequio. El adulto, sin embargo, a pesar de atiborrarse de caramelos mientras ve el futbol los domingos, no coge ninguno, porque lo considerará robar delante del resto de clientes. ¿Qué iban a pensar de él? Por supuesto, esta idea la tiene debido a que no hay nadie que le diga: "¡Coja uno!", porque el hombre español es incapaz de declinar una orden tan directa como es robar con consentimiento.
Fíjese en que si hay una degustación en un supermercado, ésta se agotará en diez minutos. ¿Por qué? Porque ahí está la señorita de turno para consentir nuestro hurto, diciéndonos: "¡Pruébelo!". Ah, que esta vez sí está bien visto coger, y no es de rácanos... En ese caso...
Por eso, querido lector, encontrará usted en este, nuestro país, los cuadros de los lugares públicos pegados con silicona a la pared, y los bancos atornillados al suelo, o los bolis con una cadena que los sujetan al mostrador, o los carritos del supermercado con un euro (nunca he entendido esto... Por un euro, yo me llevaría el carro a casa igual que si no tuviera que echar nada). Y luego, las cosas que están sin sujetar como los caramelos, los panfletos de publicidad, ... que están para ser cogidos, nadie los coge.
¿Qué rebeldía es esta?
Hoy es siempre todavía. Jai Guru Deva Om