4-11-2008
Uno tras otro, como ovejas guiadas por el pastor de un rebaño, inexpresivas, sumisas, reticentes.
Se agolpaban unos tras otros en largas colas esperando el turno, avanzando según dictaban aquella pareja de dígitos luminosos.
Observaba sus caras y no tenían rostros, no reflejaban nada. Eran normales.
Yo siempre pensé (o al menos lo quise,) que nadie era normal. No me gustaba esa palabra. ¿Qué eran las personas entonces? Pues únicas, especiales o poco habituales al menos, así lo pensaba.
Pero una de mis teorías acababa de ser abolida de nuevo.
Y yo iba a sumarme a todos ellos, ya tenia mi papelito de turno en la mano y estaba a las puertas de entrar donde todos ellos.
Esta a punto de “pasar por el aro”.
¿Y que podía hacer? Nada.
Dos meses atrás ya había empezado a formar parte de todo aquello. En el momento que acepte el finiquito, firme aquellos papeles y me sume a los más de dos millones y medio de parados de este país a causa de la nueva crisis global.
Me asqueaba mi situación actual, ya era parte de aquello que ahora había empezado a conocer más a fondo y no me gustaba nada en absoluto.
Muchos cambios poblaban mi cabeza año tras año, había seguido una senda incorrecta, un camino equivocado, una actitud errónea. Había caído en una espiral de autodestrucción personal y moralmente, no solo por mi inactividad laboral, tenia la cabeza llena de bazofia tras años infructíferos, en los que había estado esperando algo que ya se había pasado y nunca más me iba a llegar…
Así que, resignado y en silencio, inmiscuido en esa cola, iba avanzando a pasos menudos en aquella cadena interminable que se nos dicta.
Estuve tanto tiempo perdido allí de pie, que ya ni me acuerdo.
Al cabo de unas casi dos horas o así (calculo), por fin me toco. Me senté a que me atendieran y me hizo gracia ver como el ordenador que usaba aquella desganada funcionaria lo había puesto y configurado yo meses atrás, junto con mis otros excompañeros que ahora posiblemente habrían corrido mi misma suerte.
Ya era un ex-aqueo de tantos.
Ayer una telefonada a las tantas lo cambio todo de nuevo, parece que el destino se volvía a burlar de mi… :S
...
), me explico, el sentimiento de ser especial, individual, único como persona es el tema, pero está en una situación real y muy habitual (sobre todo ahora), lo que siempre, para mí, es bueno... el poder sacar punta, sentir cosas, trascender más allá, de una situación cotidiana; además, ese sentimiento lo nombras en el primer bloque del texto, pero después te centras más en la situación que en el pensamiento, de ahí que no esté seguro si querías marcar más uno de los dos como tema principal (el hecho de tu situación o lo que pensabas de las personas)




