Una Historia de Princesas(No escribir please)

Me he vuelto a aburrir en el curro y he buscado ésto. Lo escribí hace más de un año, y releyéndolo me han entrado ganas de continuarlo. Por favor no escribaís en el hilo.

Demos las gracias al gran moderador Cragor, que tras muchos meses de súplica y un par de jamones accedió desinteresadamente a cambiar el título del post ;)

Talabamos Cragor




Buenas, hoy sí que me he aburrido en el curro, tanto que me ha dado para 15 páginas repletitas de aventuras,amor,romance...y ¿sexo?.



Por favor , intentad no escribir en éste hilo, si quereís comentarlo, abrid vosotros uno (me parece un poco pedante abrir un hilo para que comenteís mi historia :) )


El amigo Delbruck (feo , fuerte y formal :) )me ha dado la solución a mi problema de pendantería: )

Si teneís dudas,ruegos o preguntas :http://www.elotrolado.net/showthread.php?s=&threadid=84118

saludos y espero que os guste, a mi me gusta bastante.




edicion: Madre mía, parece que me ha cundido....casi llego a los 1000 post con la tontería :) ¿Os recuerdo mucho a Terry Pratchett?... [burla2] :-?
I

Érase una vez un castillo gigantesco, con muchas ventanas de muchos colores. En éste castillo, vivía una princesa llamada Juana.

A Juana le gustaba el barro y las carreras de carros. Era una chica rebelde, y no tenía novio.

Naturalmente, éste hecho traía de cabeza a la plantilla de asesores reales, que llevaban más de mil años casando a princesitas tontas con príncipes tontos y se sentían muy orgullosos de ello.

Juana no tenía novio, porque....bueno, no le gustaban los hombres. Juana prefería las mujeres. Una cosa tan simple traía de cabeza a la monarquía. ¿Dónde se había visto eso? . “Le presento a la princesa Juana y su esposa, la princesa Petra....”, no, no podía ser así, las princesas siempre se han casado con príncipes y viceversa. Así que su padre tomó una decisión, envió a Juana a la guerra, con la esperanza de que viera tanto sudor, hombría, muertes, etc... que recapacitase y se volviese “normal”.

Así que un soleado día de Marzo, Juana partió con un séquito de 150 personas hacia la guerra. Por supuesto Juana no aprobaba esto, pero le pareció interesante poder ver cómo era una guerra por dentro, así que pateleó un poco delante de sus padres para fingir que no quería ir, y después aceptó de mala gana. ¡Qué pensarían de ella si aceptaba a la primera!.

Las 150 personas que componían su séquito eran en su mayoría gente joven. Cada miembro de la familia real tiene un séquito particular, y el de Juana era de lo más variopinto. Estaban los limpiabotas oficiales, cosa extraña ya que Juana nunca usaba botas, pero nadie pareció darse cuenta de éste hecho (menos los limpiabotas, que secretamente se lo callaron). Juana también tenía a su disposición varios fontaneros reales, carpinteros reales y un pobre viejecito que nadie sabía para que servía, pero jugaba muy bien al mus y sabía de hierbas y pociones.

Lentamente, Juana y su séquito se fueron alejando de los terrenos del castillo. Decimos lentamente, porque nada más partir tuvieron que volver porque uno de los carpinteros reales había olvidado el martillo en el castillo.

Más tarde, cuando habían caminado la friolera de dos kilómetros, se encontraron con su primer problema, el típico troll del puente.

Es un hecho científico que los trolls no existen, pero siempre que hay que hacer un viaje real , y éste viaje real incluye cruzar por el puente, uno de los miles de trolls de puentes (que no existen) aparecen.

Éste troll en concreto era nuevo en el puesto. Hacía menos de 15 días que lo habían contratado (en prácticas) y estaba bastante nervioso. Gotas negras de sudor corrían por su frente verde (¿Sabíais que los trolls de puente -que no existen- son verdes? ¿No?. Bueno, siempre viene bien saberlo.) El troll había desayunado coliflores con pisto y tenía el estómago un poco revuelto. Además de eso, unos de los zapatos le apretaba, le dolía una muela y se estaba meando.

No es de extrañar que cuando Juana y su séquito llegaron al puente, el manojo de nervios y sudor que se encontraron distaba mucho de parecer una amenaza.

-A..¡Alto! , ¿Quién va? –Dijo el troll.
-¿No crees que eso lo tenemos que preguntar nosotros?- Observó Juana, mientras se bajaba del caballo, esto prometía ser divertido.
-Si..!Silencio!. ¡Toda persona que pase por aquí debe pagar peaje!.
-¿Haceís descuento por grupos?.
-Mmmmm, un momento.-El troll sacó de su bolsillo un pequeño manual titulado “El peaje-15 razones muy convincentes”, pasó rápidamente las páginas hasta que llegó donde quería. Después de leer un párrafo. Se volvió a la princesa, aclaró su voz y dijo:

-¿Teneís Tarjeta De Descuento?.

Juana miró a su séquito y alzó los hombros en gesto de interrogación, la verdad es que a ella siempre la hacían descuento en todo, y no tenía que presentar ninguna tarjeta.

El séquito le respondió a la mirada con diversos silbidos, manos en los bolsillos y miraditas al cielo, que parecía haberse vuelto muy interesante de repente.

Juana se volvió y le dijo amablemente al troll:

-Creo que nos la hemos debido dejar en casa. Siempre nos pasa lo mismo,¿Sabes?.

Una sonrisa apareció en la boca del troll...

-¿Quereís que os comente las ventajas de la Tarjeta De Descuento?
-Mmmm...Creo que....
-¡Estupendo!, ¡Pasa por aquí!.

El troll llevó a Juana hasta un pequeño apartado del bosque donde había una pequeña carpa de vivos colores.

-Escucha...creo que...-comenzó a decir Juana.
-Con ésta tarjeta te ahorrarás más del 20% en tus viajes, y si haces viajes internacionales, el ahorro puede ser de hasta ...
-Creo que prefiero pagar el peaje y olvidarme de la tarjeta.
-¿Cómo?-El troll puso los ojos en blanco.
-He dicho que prefiero pagar el peaje SIN DESCUENTO.-Juana estaba empezando a enfadarse, y siempre que se enfadaba, uno de los rizos de su pelo desafiaba a la ley de la gravedad y se ponía mirando hacia el cielo.
-Sin...¿Sin descuento?.
-Eso es.
-¿Seguro?- El troll no entendía nada, ¿Quién en su sano juicio iba a desperdiciar la oportunidad de conseguir algo con descuento?
-Estoy completamente segura.
-Bueno, en ese caso....Son 151 personas,148 adultos y dos niños....
-¿Niños?¿Dónde están los niños?-Juana miraba ahora hacia su grupo, que parecía que intentaban ocultar algo sin que pareciese que intentaban ocultar algo.
-Esos dos pequeñajos de ahí señora.
El grupo deshizo la formación circular que había dispuesto, y dos niñas de unos siete años aparecieron con cara de culpabilidad.

Juana se acercó a las niñas.
-¿Quiénes soís?
-....
-Os está hablando la princesa Juana,¿Quiénes sois?.
-...
-¿No sabeís hablar?
Las niñas asintieron con la cabeza. El troll mientras tanto seguía haciendo cálculos.
-¿Alguien me puede decir que hacen estas niñas aquí?- Preguntó al grupo.

Uno de los panaderos reales avanzó un pasito y levantó tímidamente una mano rechoncha.
-Muy bien, ¿Quiénes son estas dos?
-Mi...Mi señora, son...son mis hijas.-El grupo se separó un poquito de él.
-¿Y que hacen aquí?
-Verá...mi mujer está enferma...y no podía hacerse cargo de ellas. Yo tenía que partir con vos y....
-Está bien, puedes quedártelas, no las quiero.
El panadero miro al grupo, a las niñas, a la princesa y finalmente se atrevió a decir:
-Mu..Muchas gracias princesa.
-No hay de qué. Pero he decidido que cada uno se pague su entrada.

El troll, que estaba consultando el manual de nuevo, levantó su mirada y se puso cómodo. Esto iba a ser divertido.
   II
Juana estaba sentada en una roca esperando. Al parecer su decisión había causado un gran impacto en el grupo, que le había pedido formalmente unos minutos para poder hablar entre ellos. Ahora mismo el grupo estaba varios metros alejado, celebrando una asamblea. Juana solo podía oír las palabras que le traía el viento, y algunas tan desconcertantes como Sindicato, Derechos Del Trabajador y Opresión Laboral.

Al cabo de unos minutos, uno de sus Cafeteros Reales( a Juana le encantaba el café) se acercó a ella, vacilando. Llevaba puesta una pegatina que decía: Representante Sindical.

-Mi señora...- Comenzó el Representante Sindical Cafetero Real.
-¿De qué narices habéis estado hablando?.
-Oh...Era una asamblea de afiliados.
-¿Afiliados? ¿A qué?
-Mi señora, su séquito está formado por afiliados al Sindicato de Trabajadores Reales.
-¿En serio?
-Si señora, somos más de 4.000 en el reino.
-Oh, vaya, no lo sabía.
-Ehhh..Bueno, el caso es que hemos tomado una decisión con respecto a lo de pagar la entrada..- El Representante se miraba los pies.
-¿Y?
-Ehhh...La decisión que hemos tomado (con mayoría absoluta) es....Bueno, no vamos a pagarnos el peaje.
-¿Cómo? ¿Y cómo quieres que pasemos entonces?
-Ehhh... Hemos pensado que si vos quiere que la acompañemos, y ya que somos sus trabajadores a jornada completa...Es vos quién debe pagar la entrada.

Juana miró al grupo, estaban expectantes, y uno de ellos estaba repartiendo pegatinas que decían “Contra la explotación laboral”. No sabía de dónde habían salido las pegatinas. Pero algunos de ellos ya las llevaban puestas y la miraban con cara de desafío.

Esto no funciona así, pensó Juana. Siempre he ordenado las cosas y las cosas se han hecho. ¿Qué narices les pasa?. Nunca les había visto tan...tan así.

Juana hizo un gesto de desprecio y se aseguró de que todos lo viesen.

-Está bien, os pagaré la entrada, pero a cambio quiero que trabajéis éste Domingo.

El representante sindical pareció dudar.

-Eh... Un momento mi señora.- Se dio media vuelta y corrió hacia sus compañeros. Se estaba celebrando otra asamblea. Juana se puso a dar patadas a una piedrecita.

Al cabo de un rato, el Representante-Cafetero volvió.

-Mi señora...-Parecía muy nervioso.
-¿Y?- Juana estaba impaciente, se les estaba echando la noche encima, y todavía no habían andado más de dos kilómetros.
-Eh...Creemos que su decisión no es justa, pero estamos dispuestos a llegar a un acuerdo.
-¿Un acuerdo? ¿Pero de qué demonios estás hablando?
-Eh...Bueno, hemos pensado que a cambio de trabajar éste Domingo, vos podría...Eh...Bueno, podría darnos eh... ciertos incentivos.
-¿Incentivos? ¿Qué tipo de incentivos?
-Eh...Hemos pensado que lo justo sería....Eh...un día de vacaciones.
-¿Vacaciones?¿Qué es eso?.
-Oh.. Es un espacio de tiempo en el que no trabajas. Pero no es el Domingo, sino cualquier otro día.
-¿No trabajas? ¿Y que haces?
-Eh... Pues quedarte en tu casa con tu familia, viajar a algún lugar que no hayas viajado nunca, hacer esas pequeñas reparaciones que no se hacen porque no tienes tiempo...-El Sindicalista-Cafetero cada vez estaba más desconcertado.
-¿Y quien iba a querer hacer eso?
-Eh... Nosotros , mi señora.
-¿En serio?
-Oh.. Sí, muchos de nosotros ya tenemos pensado lo que vamos a hacer ese día.
-¿Ah sí? ¿Tu que vas a hacer?
-Eh...Bueno, yo tenía pensado dedicarme a mi hobby.-Susurró
-¿Y cuál es?
-Eh..Soy pintor.
-¿Pintor? ¿Y que pintas?
-Eh...Bueno, pues de todo, flores, casas, paisajes. Pero sobre todo flores, me encantan las flores, son tan olorosas- Se calló, había hablado demasiado.
-En fin....Está bien, tendréis un día de vacaciones por trabajar el domingo ya que yo os voy a pagar el peaje.¿Estamos de acuerdo?
-Eh...Bueno...hay algo más- Sabía que estaba abusando de su suerte.
-No , no hay nada más- Juana sentenció, se dio media vuelta y se dirigió hacia el troll.

El Sindicalista-Cafetero miró a sus afiliados y sonrió, la primera batalla estaba ganada.
  III




-¡Mil doscientas monedas de oro por ciento cincuenta personas!- Juana no daba crédito a lo que el troll había escrito en un pequeño papel que ponía “Factura”.
-Mmm.. Ciento cuarenta y nueve entradas de adulto, y dos infantiles.
-¡Pero esto es un atraco!
El troll se sabía la respuesta.
-Mmm. Señorita, déjeme explicarle. La asociación de trolls de puente (que no existen) necesita ese dinero para construir puentes más seguros y con más capacidad. Todo el dinero de los peajes se utiliza para mejorar los peajes, salvo un pequeño porcentaje que se destina a funciones administrativas.

Juana miró el puente, parecía fiable. Tenía incluso papeleras.

-¿Qué datos me habías dicho que necesitabas para hacerme la tarjeta de descuento?




Cinco minutos después, y mil ciento noventa monedas de oro menos, Juana y su séquito estaban al otro lado del puente. El troll les saludó con la mano.

-¡Que tengan buen viaje! ¡Y gracias por cruzar con nosotros!

Menos mal que Juana disponía de dinero de sobra, y aunque se quedase sin él, siempre podría recurrir a pedir dinero en uno de los cientos de delegaciones de palacio diseminadas por todo el territorio real. Una gran idea de su padre, si señor.

Avanzaron lentamente por el camino, hasta llegar a un pequeño pueblo que disponía de posada. Era casi de noche y tendría que buscar algún sitio para cobijarse. El Representante-Cafetero se acercó a ella.

-...Mi señora- El representante parecía más seguro de si mismo.
-Dime- Juana estaba cansada y no tenía humor para más discusiones.
-Mm...Mis afiliados y yo hemos estado pensando....
-Enhorabuena, dentro de poco podréis hacer cosas realmente interesantes.
-Eh...Si bueno...El caso es que hemos pensado dónde vamos a pernoctar.
-Ah...Sin ningún problema, justo al lado de la posada hay una plaza que podéis usar para disponer vuestras tiendas, no creo que nadie le moleste.
-Eh...Si claro, ése era el problema.
-¿Cómo?
-Eh..Verás hemos estado pensando...-Miró a sus afiliados, éstos le contestaron con varios pulgares en alto y algún que otro “!Duro con ella!”- Hemos pensado que al menos los más jóvenes y los más ancianos no deberían dormir a la intemperie.
-Bueno, no hay ningún problema, mientras queden habitaciones libres y podáis costearlas...-Juana hizo un intento de entrar a la posada, el Sindicalista-Cafetero la paró.
-Eh...Es que hemos hablado de eso también...y ...bueno, el coste del alojamiento debería pagarlo vos, ya que somos sus empleados.
-....
-Y ya que estamos trabajando para vos a jornada completa, pues....
-...
-Eh..¿Mi señora?- Miró a los ojos de la princesa, que se estaban poniendo rojos, también se le estaba hinchando una antiestética vena en la frente.

La princesa cerró los ojos e intentó relajarse. Respiró profundamente varias veces y dijo:
-¿De cuantas personas estamos hablando?
-Oh...Sólo las dos hijas del panadero y el abuelo que sabe de hierbas.
-De acue...
-Y también por supuesto a nuestra Nan, la Costurera real, que está fatal de la artritis y le sienta mal el aire fresco.
-Muy bien. Me haré cargo.
-Y si somos previsores, nuestro joven Ren que está enamorado de Mu, la hija de su Limpiatenedores Real.
-¿Está enamorado? ¿Y qué problema hay con eso?.
-Bueno, el caso es que es joven y....despreocupado. Y el padre de Mu está nervioso por sí....Bueno, por si el joven intenta hacer algo.-Meditó un momento y decidió arriesgarse a giñar un ojo con gesto cómplice.
-¿Hacer algo? ¿A que te refieres?- Recordemos que nuestra princesa no salía del castillo...
-Eh...El joven...Bueno....El caso es que de todos modos no hace falta, le diremos al Limpiatenedores Real que esta noche haga guardia y problema resuelto.

La princesa miró al joven Ren, tenía la cara llena de granos y parecía un tanto nervioso, pero no le creía capaz de hacer daño a nadie.

-En fin, los que vayan a dormir dentro, que vengan conmigo.

Las dos niñas entraron agarradas de la mano en la posada, seguidas de Nan la Costurera y un viejecito que no paraba de sonreír.
  IV



La noche pasó rápidamente. La princesa despertó al amanecer y se encontró que todo estaba dispuesto para partir. Después de un ligero desayuno, servido por el joven nervioso (que parecía cojear), partieron rápidamente.


La jornada discurrió por el Valle de Esperanza, un lugar repleto lagos, ríos, pantanos y barrizales. Nuestra princesa decidió hacer un alto en el camino para cambiar su calzado por unas botas de montaña.

-¡Cómo que no las habeís traído!
-Eh...mi señora, es que ....- Dijo uno de los limpiabotas oficiales, el otro estaba escondido detrás de un árbol temblando de pánico.
-Al menos habréis traído mis mocasines de montaña, ¿Verdad?
-Eh...sí señora, aquí los tiene- Sacó unos mocasines gastados de una pequeña cajita marrón.
-¿Qué les pasa a mis mocasines?- Quiso saber la princesa. Los mocasines no tenían vida, pero estos parecían tenerla....y estar deprimidos.
-Mi señora, el caso es que como nunca los usa...- El limpiabotas que estaba escondido detrás del árbol se desmayó.
-¡Pues quiero que los limpies y que queden como nuevos!- Sentenció, dándose media vuelta y cruzando los brazos.
-Sí mi señora.

Mientras el limpiabotas se esforzaba en hacer un milagro, Juana aprovechó para hablar con el nervioso Ren.

-Hola Ren, ¿cómo va todo?-Se esforzó por parecer amable. Lo que agravió aún más el nerviosismo de Ren.
-Todo va bien,gracias. Quiero decir...Mi Señora.

La princesa se puso a caminar, Ren la siguió sin saber porqué.

-Me han dicho que estás enamorado.
-Sí mi señora.-Ren no estaba seguro de nada en la vida, excepto de que estaba enamorado.
La princesa sonrió.
-Me parece estupendo que te enamores de alguien Ren.
-Eh..Gracias mi señora.
-Debes estar muy feliz.
-Lo estoy mi señora.
-¿Podrías dejar de llamarme “Mi Señora”?
-Si mi señora.
Suspiró.
-Ren, voy a hacerte una pregunta, y no quiero que le digas a nadie lo que te he preguntado, ¿de acuerdo?.
-Sí mi señora.


El limpiabotas terminó de adecentar los mocasines y se dirigió detrás del árbol, dónde yacía su compañero.

Le dio un par de patadas cariñosas hasta que logró despertarle.

-¿Qué? ¿Qué ha pasado?
-Ha pedido usar sus mocasines reales.
-¿Cómo?- Se incorporó de un salto.
-Lo que oyes.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Pues se los vamos a dar.
-¿Estás seguro?
Pensó un momento.
-No.

Nadie en el reino, excepto los Limpiabotas Reales, sabe que los mocasines reales son mágicos. No lo saben ni la propia realeza, ya que no los suele usar. La última moda en palacio son las sandalias con calcetines marrones.

Todo comenzó hace muchísimo tiempo, cuando uno de los primeros reyes se encaprichó con los mocasines de un mago que había venido a visitarle. El mago (que tenía un sentido del humor que se podría considerar como “negro”) se los regaló encantado.

Los mocasines reales tienen la capacidad de atontar el cerebro de la persona que los usa, reflejan el mismo tipo de atontamiento que el producido por varias caladas de aquello que el viejecito de las hierbas llama “ah, te refieres a ESA hierba...”. Los magos siempre llevaban puestos sus mocasines, lo que da cierta idea de porqué se comportan de manera tan extraña....





-¿Cómo sabes cuándo estás enamorado? – Susurró la princesa en voz baja.
Ren se paró de golpe, no esperaba esa pregunta.
-Pues ...supongo que lo sabes y ya está. Mi señora- Encogió los hombros.
-¿Y ya está?, ¿No se nota nada raro?
-Mmmm, ahora que lo dice, lo único que noto es que siempre estoy pensando en ella.
-Ajá.
-Y que cuando me mira, me entran mareos y nervios.
-Continua.
-Y ....bueno, no sé si decirlo.
-Tranquilo, no le diré nada a nadie.
-Pues...bueno ...cuando se pone ese vestido azul que tiene, que lo tiene desde hace ya siete años y le queda tan apretado....bfffff – Hizo un gesto con las manos.
-¿Qué pasa?¿Qué?- Zarandeó a Ren.
-Pues....bueno, que yo....digamos...me gusta todavía más.-Se secó el sudor de su frente.
-¿Según el vestido que lleva te gusta más o menos?. No lo entiendo.
-Mi señora...creo que no es eso exactamente...
-¿Entonces?
-Déjeme que la explique una cosa....
_ V






Cuando volvieron al lugar de origen, Ren tenía la cara roja, muy roja. Pero no tenía ni punto de comparación con la de la princesa. Parecía un poco aturdida.

Miró a la Mu, la amada de Ren. Era una chica muy guapa. El vestido que llevaba no era el azul, pero se hizo una idea del efecto.

-Tienes mucha suerte de estar enamorado de esa chica.-Le dijo a Ren mientras se alejaba.
-¡Lo sé señora! ¡Gracias!
-¡Gracias a ti! ...creo

Los limpiabotas se acercaron a ella, le entregaron los Mocasines, y se fueron a toda prisa. La princesa se los puso. Notó un ligero cosquilleo que le recorrío el cuerpo. La verdad es que no le quedaban tan mal.

Los limpiabotas, desde una posición estratégica, vigilaban los movimientos de la princesa. Uno de ellos sacó uno reloj de arena muy pequeñito. Tan pequeño que sólo contenía diez granos de arena.

Con excesiva ceremonia, le dió la vuelta y comezó a contar: Diez, nueve, ocho....


Todavía pensaba en la conversación con Ren cuando una de las hijas muditas del panadero se la acercó y la habló.

-¡Hola princesa!- Dijo la mudita.
-¡Hola guapa!- De repente se encontraba de buen humor.
-¡Tengo un ozito!
-Me alegro por ti, ¿Me lo enseñas?
-¡Vale!
La niña corrió hacia el bosque y cogió su osito. Lo que la princesa no se esperaba, es que el osito midiese más de dos metros y pareciese tan real.

Es un hecho conocido por todos los viejecitos que se dedican a las hierbas, que el primer contacto con “esa hierba” es el más fuerte de todos. Ha habido gente que afirmó haberse encontrado en el futuro, y que la gente llevaba ropas raras y disfrutaban tirando cabras desde una torre y corriendo delante de toros bravos...Por supuesto, nadie les hizo caso, la gente siempre se inventa cosas muy tontas para llamar la atención.

El oso se acercó con paso tambaleante, agarrado de la mano de la niña.
-¡Hola señor oso! ¡Ji ji ji!
-¿Mi señora?
-¡Señor oso! ¡Señor oso! ¡Ji ji ji!
-¿Se encuentra bien?
-¿Sabes hacer malabares? ¡Señor oso! ¡Ji ji!
-Llamad al abuelo.

Mientras nuestra princesa se recuperaba, se celebró de nuevo otra asamblea. El asunto a tratar era :”Jubilación y Pensiones. Qué son y cómo podemos conseguirlas”. Ren no paró de mirar a Mu en ningún momento. Mu lo sabía, por supuesto, pero no le iba a poner las cosas fáciles. Aunque ella también estaba enamorada de él, la tradición dicta que no hay que poner las cosas fáciles al hombre. Debía hacer como que no le importaba ni lo más mínimo. Había que hacer sufrir a Ren todo lo posible, después, cuando el hombre estuviese tan confuso que no sabía qué postura sería la mejor para tirarse al río, le miraría y le daría de nuevo ánimos para volver a confundirlo.

La noche sobrevino al grupo de viajeros y la princesa no despertaba. El viejecito de las hierbas estaba nervioso, pero como era el viejecito que sabía de hierbas no lo demostró.

-Iros a dormir que mañana será otro día y ya estará recuperada.-Dijo a la multitud que se había arremolinado su tienda.

La gente se fue retirando a sus tiendas. El viejecito volvió la mirada a la princesa, que yacía con una sonrisa estúpida. De vez en cuando movía los labios.

El viejecito se llamaba Moris, y era mago. Mago muy poderoso en otro tiempo, pero descubrió que siendo un viejecito que habla poco evitabas problemas y la gente te respetaba más. Otra de las ventajas es que pasabas la mayor parte del día recogiendo hierbas y probándolas.

Moris sólo había visto dos veces un caso de Intoxicación Mocasinera, una de ellas se resolvió con una ducha fría y un dos tazas de té muy cargado, la otra ocasión requirió mucho tiempo, más de cinco años. Esperaba que la princesa fuese fuerte y se recuperase pronto, o habría que dar aviso al rey. Y el rey no tendría perjuicios en colgar a un par de limpiabotas ineptos y un viejecito que no supo curar a su hija.

Nuestra princesa pasó una noche bastante mala. Moris no hacía otra cosa que pasear de un lado a otro de la diminuta tienda, mientras repetía susurrando varios conjuros de protección. Hasta que por fin, despertó.

-No, a mí me gusta más el vestido verde, te disimula mejor las caderas.
-¿Princesa?
-Claro que el azul es el favorito de Tú Ya Sabes...
-¿Se encuentra bien?
-Mira bonita, si te vas a poner así recojo y me marcho.
-¿Mi señora?
-Claro claro, ¡Pues que te den morcilla bonita!

La princesa por fin pareció darse cuenta de su situación en el mundo real, se frotó los ojos y miró al viejecito que le sonreía.

-¿Qué hago aquí?...¿Tú eres....?
-Soy Moris señora.
-Ah, el de las hierbas,¿Qué hago aquí?.
-Es una larga historia, pero vos está aquí por culpa de los mocasines.
-¿Tan sucios estaban?
_ VI






Cuando la princesa salió de la tienda de Moris ya era de día. Estaba aprendiendo mucho en este viaje. No le dolía nada, pero hasta pasados muchos años tuvo una terrible aversión a los vestidos azules ceñidos.

Todo su séquito estaba esperándola, la aplaudieron y se oyeron varios ¡Hurra!. La gente estaba contenta de que su princesa se hubiese recuperado, pero estaba más contenta porque tenían nuevas e interesantes ideas acerca de la enfermedad profesional y los días de baja laborales.

Mu, la muchacha causante de los granos de Ren, se acercó y se arrodilló ante ella.

-Todos nosotros nos alegramos de que se encuentre bien, mi señora.
-Gracias Mu. Me encuentro estupendamente. Después te tengo que pedir un favor.
Mu asintió nerviosa
-Todo lo que esté en mi mano, señora.
-Necesito que luego me prestes un vestido.

Con un poco más de lentitud de lo habitual, el grupo partió hacia la guerra. Les quedaban varios días de viaje y la gente ya estaba cansada. El Representante-Cafetero no paraba de recordárselo. Al final, la princesa cedió y consiguió que su séquito tuviese protección social por enfermedad profesional, baja laboral y una paga extra en invierno. El representante no cabía en sí de gozo. Incluso pensó por un momento en dedicarse a la política.

Caminaron y cabalgaron durante horas por estrechos pasajes, amplios valles, pequeñas aldeas, grandes aldeas...Nuestra princesa fue poco a poco descubriendo la vasta geografía de su reino. Siempre había pensado que su reino era más bien pequeñito.


En realidad lo era, pero uno de los Guías Reales estaba demasiado emocionado pensando en su día de vacaciones que se equivocó varias veces de camino, lo que les hizo dar varias vueltas. Todo habría quedado en secreto si no fuera porque pronto se darían cuenta de que sí, estaban llegando a la guerra, pero iban a llegar por el lado equivocado. El bando contrario.

La princesa no sabía muy bien porqué estaban en guerra con el reino de Yarden, pero la guerra era la guerra y no se solían hacer preguntas acerca de ella. Yarden era del mismo tamaño que el reino de nuestra princesa. Y la verdad es que luchaban por una cosa muy seria. Yarden había invadido los territorios reales persiguiendo a un malhechor que casi logra escapar. Una vez hubieron capturado al malvado, ofrecieron al reino sus disculpas y media docena de vacas por las molestias. Lo que nadie había dicho a los Yardianos era que al rey no le gusta la ternera, prefiere el pollo.

Lo que podría haber sido una escaramuza sin consecuencias se convirtió entonces en una guerra en toda regla, con su declaración de guerra, sus prisioneros, sus ballestas, etc..

Ren se acercó a la princesa, temeroso de estar haciendo algo mal.
-¿Me disculpa princesa?
-Dime Ren. – Iba montada en su caballo real, y disfrutaba, siempre le habían gustado los caballos. Estaba de buen humor.
-Respecto a lo que me comentó ayer...
-Todavía estoy meditando lo que me contastes, me parece físicamente imposible.
-No es eso señora.
-¿Entonces?-La princesa paró su caballo y, en consecuencia, todo su séquito se paró.
-Verá, es que creo que tengo otra razón para saber si estás enamorado.
-¿En serio? ¿Cuál es?
-Bueno, no sé si sabré explicarme...
-Tu inténtalo Ren, yo sé que puedes, aunque no tengas estudios y todos te tomen por tonto.
Ren miro a la princesa y sonrió. A veces decía esas cosas, qué le iba a hacer.
-Bien...pues resulta que ahora, cuando miro las estrellas, o miro las montañas...me parece todo...bueno, más bello.
-¿En serio?
-Sí, lo veo todo más colorido y más bonito.

Los viajantes que conocían muchos lugares coincidían en que Malden, el reino de la princesa, no se podía calificar como “Bello”. Si hubiesen editado una guía turística en la que se puntuasen la belleza de los reinos, Malden ocuparía el penúltimo lugar, sólo superada por Crosco, que con solo oír su nombre, la gente ya se puede hacer una idea.

Malden tenía ríos, montañas, valles, lagos y todas esas cosas que tienen los reinos, pero los ríos eran estrechos y sus aguas nunca eran cristalinas, las montañas eran abruptas como ellas mismas, los valles nunca eran del todo verdes y los lagos no parecían haber entendido el concepto de “acogedor”.

Lo único destacable de Malden eran sus productos. Las gentes de Malden, ante la imposibilidad de disfrutar de los paisajes y quedarse embobados con su belleza. Comenzó a dedicarse a fabricar cosas útiles, como espejos redondos, cierto tipo de cuencos que eran tan duros que podían servirte de casco y sobre todo, pastelería. En eso no la ganaba nadie, incluso hacían pastel de barro, que encantaba a los extranjeros que no entendían la broma de llamarlo “pastel de barro”. La gente de Malden era muy bromista. En serio.
_ VII




Se instalaron en un valle pequeñito, protegido por grandes montañas, y por un par de cabras, que pareció molestarles que se quedaran allí. Un par de hombres se hicieron cargo de ellas.

Esa misma noche, Mu llevó la cena a la princesa, carne fría. Cuando entró en la tienda, la princesa se alegró de verla.

-¡Pása y siéntate!. Tenemos muchas cosas de las que hablar.
Mu sonrió tímidamente, y se sentó lo más recta posible.
-Lo que vos plazca mi señora.
-Primero, os he dicho mi nombre para que me llaméis por él, y segundo, ponte cómoda que esto es una charla entre amigas.
-Muchas gracias, mi señora. Mi señora Juana.-Mu se relajó.
-Con Juana basta.
-Muchas gracias Juana.
-¿Quieres beber algo?- Juana se sirvió un vaso de un líquido rojo, al que llamaremos zumo de frutas.
-No quisiera molestar...
-Tómate uno de estos, los ha preparado Moris.
-Seño..Disculpe, Juana, ¿Quién es Moris?
-El viejecito de las hierbas.
-Oh, entonces tomaré uno- A Moris no se le conocía por su nombre, sino por sus efectos.


Las dos bebieron en silencio durante un rato, hasta que al fin Luna se armó de valor y preguntó:

-Necesito que me cuentes todo lo que sepas acerca del sexo, es muy importante.
-Se..se. !Mi señora!- Mu puso cara de sorpresa y de susto, aunque la verdad es que hablar de sexo con alguien parecía....muy excitante.
-No te escandalices. Lo sé todo.-Y para demostrarlo hizo un complicado movimiento con las manos que había aprendido de Ren.

Mu contuvo la risa. Comprobó que Juana no estaba de broma y le dijo lentamente.
-¿Juana, puedo tutearla?
-Pues claro que puedes, a partir de ahora soy Juana para ti. Seremos amigas.
-De acuerdo.
-¿Y bien?
-Eso....eso que acabas de hacer...
Juana lo repitió.
-Exactamente -Mu no pudo evitar soltar una sonrisita- eso que acabas de hacer...¿Te lo ha enseñado Ren?
-Sí,¿Por qué?
Mu se tapo la boca para evitar soltar una carcajada delante de su princesa-amiga.
-Creo que Ren tiene menos idea de esto que tú.-Dijo a Juana
-¿O sea que Ren no tiene ni idea de nada?
-De nada.
Bebieron dos vasos más de lo que hemos convenido en llamar “zumo de frutas” y las dos acabaron un poco mareadas. Mu tenía una sonrisita permanente en la boca y Juana se rascaba vigorosamente el brazo cada segundo.

-Entonces, ¿Qué es lo que tengo que hacer para que me guste un chico?- Preguntó Juana.
-No tienes que hacer nada.
-¿Cómo?¿Entonces tu vestido azul...?
-El vestido azul me lo pongo para que Ren se fije en mí.
-¿Pero que hiciste para que te gustase Ren?- Juana tenía el brazo completamente rojo y seguía frotándolo frenéticamente
-No hice nada, me gusta y punto.-Sentenció
-No me queda claro. Me estoy haciendo un lío.
-Vayamos paso por paso.-Dijo Mu, extendiendo las manos.

Juana nunca había tenido una educación...llamémosla “clásica”. Se había educado con profesores internos cuya única obsesión era que se aprendiese de memoria todos los nombres de los reyes antiguos de Malden y sus hazañas belicosas. Además de eso, se cruzaba con poca gente joven en el castillo. Por eso palabras como “sexualidad”,”atractivo” y sobre todo “El Acto” le resultaban desconocidas, a la vez que muy “sexys”.

Mu pasó varias horas contándole todo lo que sabía acerca de los chicos, las chicas y la mezcla de estos dos grupos. También bebieron varios zumos de fruta. Cuando terminaron, la princesa parecía extasiada. Tantas emociones fuertes, tantas cosas nuevas la estaban desatando un apetito voraz por conocer a un hombre más a fondo.

Cuando Mu salió de la tienda, Juana se puso su camisón y se tumbó en la cama con los ojos muy abiertos, había tomado una decisión. Tenía que conocer a un hombre. Pero sólo por probar...
_ VIII



El Guía Real sudaba cada vez más exageradamente. Se había equivocado de dirección la jornada anterior, y sus cálculos más optimistas mostraban que iban a llegar a la guerra por el lado del bando enemigo. Era una equivocación muy grave. Pero al menos se consoló sabiendo que su representante había conseguido tras duras negociaciones un plan de pensiones para todo el séquito.

El reino de Yarden estaba a un par de montañas por delante. Los mapas indicaban que se aproximaban a una pequeña villa llamada No-Me-Jodas. Además de su peculiar nombre, ésta villa es famosa por estar situada justo entre las fronteras de los reinos de Yarden y Malden.

Durante años hubo largas y violentas discusiones entre los reinos por la propiedad de la villa. Como vieron que no iban a llegar a ninguna conclusión, decidieron preguntar al sabio de la villa a que reino preferían pertenecer. Sus palabras dieron nombre a la villa.

A media mañana llegaron a No-Me-Jodas. La villa, como habían esperado, era muy pequeñita, pero estaba totalmente rodeada por una fina cuerda a modo de valla. La única manera de entrar y de salir era por una pequeña puerta, que estaba custodiada por dos ancianos sentados en sendas sillas.

El Jefe de la Guardia Real se aproximó con su caballo a la puerta.

- Les habla el Jefe de la Guardia Real de la princesa Juana, hija del todopoderoso Rey de Malden.
- Hola - Saludó uno de los ancianos, el otro parecía estar dormitando.
- Les ordeno que abran inmediatamente las....eh...puertas de su villa, y que preparen la Habitación Real para que la princesa descanse.

El anciano miró con expresión grave al Jefe de la Guardia Real, después, con movimientos lentos y quejumbrosos dió un codazo a su compañero.

-Despierta que ésto te interesa.




A Juana le dolía la cabeza. Había bebido demasiado "zumo de frutas" la noche anterior. Vió que el Jefe de su Guardia Real hablaba con unos ancianos, que parecían ser los Guardias de la Villa. Se oyó una carcajada , seguida de varias toses secas. Los ancianos parecían estar pasándoselo en grande.

Sin bajarse de su caballo, Juana se acercó a Ren y le preguntó el motivo de la tardanza.

- Parece ser que no quieren dejarnos entrar.
- ¿Cómo?
- Según dicen los Guardias de la Villa, No-Me-Jodas es un estado independiente y no está adscrito a ninguno de los reinos. Así que no ven el motivo por el cual deban dejaros entrar. - Dijo Ren en voz baja mientras miraba incómodamente al suelo.
- ¿Estado independiente?- Chilló la princesa. Uno de los ancianos-guarda la miró con expresión divertida.




El Jefe de la Guardia Real de la princesa Juana estaba perdiendo los nervios.

- Vamos a ver si me aclaro- se bajó del caballo - ¿ Ustedes no pertenecen a ningún reino?
- Mismamente- Dijo el anciano.
- Ésto es increíble

Moler, había trabajado desde pequeño para la princesa Juana, primero como Aprendiz de panadero, y luego como soldado de la Guardia Real de la princesa. Llevaba muchos años entrenándose para defender a su princesa de todo tipo de amenazas. Dragones, Magos Malvados y Brujas Perversas eran su especialidad. Soñaba todas las noches con sangrientas y feroces batallas en las que defendía a la princesa de mil y un peligros. Pero nunca en su vida había tenido que enfrentarse a dos ancianos sentados en dos sillas.

Uno de los soldados se le acercó y le susurró al oído: ¿Jefe Moler, por qué no arrasamos las puertas de la villa? Son sólo dos ancianos sentados, y la única defensa de la ciudad es una cuerda atada a varios palos.

Moler sopesó por unos momentos la idea. No era una batalla contra un Mago Poderoso, pero le vendría bien un poco de acción. Sacó su espada y adoptó posición de batalla.

Rápidamente, su pelotón se bajó de sus caballos y formaron alrededor suyo. Iba a ser una batalla desigual, pero al menos esperaban ganarla.


Uno de los ancianos se levantó pesadamente de la silla y se acercó a Moler. Le miró de arriba a abajo y luego le dijo:
-¿Sabes jugar a las cartas?
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