Las flores del cerezo. (14º Capítulo).

Al menos en algo había mejorado, había salido ileso, y mantenía la esperanza de que eso fuera lo normal en el futuro. No pude continuar mucho tiempo a caballo, el pobre animal estaba extenuado, y tuve que seguir a pie guiándolo por la brida. A ambos lados del camino se extendían las plantaciones, de arroz, de cereales, y en menor número las de pequeños árboles frutales. Intercaladas entre cultivo y cultivo se divisaban pequeñas casas de campesino, muy humildes, y edificadas de madera y adobe.

Llevaba ya toda la tarde andando, cuando me encontré con un pequeño sendero que se desviaba del camino hacia el este. Buscando un sitio donde poder acampar para pasar la noche, me interné por la estrecha senda, que transcurría entre dos plantaciones de arroz, inundadas por medio de diques. Siguiendo el camino no tardé mucho en avistar tres pequeñas casas.

Las casas parecían antiquísimas, y bastante destartaladas. Estaban totalmente construidas de madera, y se elevaban ligeramente del suelo por medio de anchos pilares. Una de las tres era algo más grande, y debía ser la vivienda principal, sirviendo las dos más pequeñas como almacén y como cuadra.

De la casa de mayor tamaño, salía un hilo de humo, y se adivinaba una pequeña luz por una de las sucias ventanas. Até mí caballo en un arbusto bajo delante de la cabaña más pequeña. Y mientras descargaba mi escaso equipaje, la puerta de la casa grande se abrió. Y en el umbral apareció un hombre pequeño, achaparrado, como vencido por los años en el campo. Su cara era dura, impenetrable, y de mirada inteligente.

- Que le trae por aquí noble señor, - y su voz sonó mucha más joven y clara de lo que se podría esperar-. Dio un paso al frente y cerró la puerta detrás de él.
- No mucho, - contesté-. Solo busco un sitio donde descansar y quitarme el polvo del camino.
- Si ese es su propósito, aquí podrá descansar, aunque somos muy pobres y no tenemos nada que pueda satisfacerle como se merece.
- No soy difícil de satisfacer, un tazón de arroz y un rincón donde dormir, serán para mi suficiente - respondí-. Hace mucho tiempo ya que viajo, y no recuerdo la última vez que dormí bajo techo.
- Pasad entonces a mí humilde casa, y trataremos de que os sintáis a gusto. - Diciendo esto abrió la puerta y con un gesto me invitó a entrar-.

La casa era realmente pequeña, pero cálida y seca, y un olor agradable lo inundaba todo. Era la típica vivienda de campesino, de una sola habitación dividida por ligeros cortinajes. En el centro de la estancia, ardía un pequeño fuego, donde una mujer vigilaba un guiso. No había muebles salvo un gran arcón, pegado a una de las paredes, al fondo de la sala. Pero abundaban los barriles y los haces de leña.

El hombre me ofreció un asiento junto al fuego, enfrente de la mujer que se afanaba en remover el puchero. Fue en ese momento cuando pude contemplarla, y para mi sorpresa, se trataba de una mujer muy joven. Llevaba el pelo recogido en un cuidado moño, que dejaba despejada una cara blanca como nieve pura. Sus oscuros ojos destacaban frente a unos labios muy rojos, y unas mejillas sonrosadas por el calor del fuego. En ningún momento levanto la mirada, y como si sintiera mi mirada clavada en ella, agacho un poco la cabeza. Vestía un kimono sencillo y sin bordados, gastado por el uso pero muy limpio. Daba la impresión de que en cualquier momento podría romperse, como sí fuera de porcelana.

Me pareció que llevaba una eternidad mirándola, cuando la voz de mi anfitrión me devolvió a la realidad:

- Esta es mi hija Yu, ella y yo vivimos solos desde que mi mujer murió hace ya tres años, - dijo el campesino-. Gracias a ella puedo dedicarme enteramente a mis quehaceres en el campo.
- Esa es sin duda la labor de una buena hija, - contesté-. Y puedes sentirte afortunado de contar con tan bella ayuda.

Cenamos en silencio, y solo cuando terminamos la comida, el hombre pareció confiar lo suficiente en mí. Me dijo que su nombre era Saki, y que cultivaba estos campos desde que tenía memoria, y antes que él su padre, y el padre de su padre, y así hasta sus primeros antepasados. Hablamos del tiempo, de las cosechas y de la vida del campo. No me hizo ninguna pregunta, y solo habló de cosas vanas, quizá por miedo, quizá por prudencia.

No tardó mucho en retirarse a descansar junto a su hija, indicándome, que me acomodará donde mejor me pareciese. Preparé mi cama cerca del fuego, y no tarde en quedarme dormido.

CONTINUARÁ.
Que corto se me ha hecho:(
Bastante bien tratado el tema de los campesinos y samurais con respecto a lo del alojamiento;)
Otra cosa, cual es ahora el objetivo del protagonista? No se si me he perdido algo, pero no termino de entender que es lo que pretende...
El prota debe ir a Osaka, pq el gobernador de la ciudad, quiere emparejar a su hija con el hijo del shogun de Ayao. Esto daría el apoyo del emperador a nuestro shogunato y acabaría con la guerra. Pero sobre el posible enlace no te digo más, ya verás como se desarrolla todo.

Salu2.
Vale, ya sabia yo que algo se me escapaba, no veia el motivo del viaje porque no recordaba el asunto del matrimonio:)
Gracias y sigue escribiendo.
Ya he dicho muchas veces que me encantan los relatos normales y más los episodios de transiccion, es tan fácil leerte.....

Saludos.
Sencillo pero muy bueno. Me encanta tu forma de describir todo, y cada vez mas introduces cosas niponas....:)
5 respuestas