Relato : Gaviotas

Hola eolian@s litarari@s!

Hace ya tiempo que publiqué por aquí un relato que a la gente le gustó bastante, se titulaba "La Calle mayor"; aquel relato fue escrito en una clase de álgebra de la universidad. Pues bien, ayer mismo, en otra aburrida clase (esta vez de análisis matemático) me dió el venazo y escribí esto. Espero que os guste. Por cierto, no lo leais en voz alta porque suelo hacer algunas oraciones kilométricas y correríais serio riesgo de asfixiaros.
Saludos!! [bye]


GAVIOTAS


Cuando se abrió la puerta mis pupilas disminuyeron su diámetro y mis párpados se entrecerraron en un acto reflejo provocado por el sol. Un sol que ya muchos no recordábamos gracias a los grises días del invierno que empezaba a remitir.

La tarde me invitaba a recorrer caminos y bosques disfrutando de cada sensación; tratando de escuchar todos y cada uno de los sonidos que emanaban desde todos los rincones. Ninguna carretera cerca, ningún edificio; debía ser la única persona en kilómetros a la redonda… Aquella sensación, lejos de provocar la más mínima intranquilidad en mí, hacía que me sintiera más próximo a la naturaleza que me rodeaba.

Me acompañaba el sonido de mis propios pasos amortiguado por un manto de vegetación; si hubiera alguien por la zona no me escucharía acercarme hasta que estuviera a menos de dos metros de él. Del mismo modo, podría ocurrirme lo mismo a mí; y allí, tan alejado de todo, nadie se enteraría de lo que a mí me sucediera. De cualquier modo, era estúpido preocuparse : aquella tarde nada malo iba a ocurrirme, de eso estaba seguro, porque si no, no hubiera venido hasta aquel lugar.

Desde muy lejos escuché el aullido dela sirena de un viejo tren de mercancías, y aquello me devolvió bruscamente a la realidad : el metal, el progreso, la industria estaban cerca y mi alejamiento de la civilización era muy relativo en aquel instante; por lo que pensé en algo más dificil : pensé en llegar un poco más allá y tratar de ver lugares que nunca había visto antes.

Até fuertemente los cordones de mis botas, llené mi botella de agua en una fuente cercana sabiendo que más allá no habría ninguna otra y miré hacia las últimas casas del pueblo sin pensar en cuándo las volvería a ver. Aquel comportamiento no era habitual en mí, pero aquella tarde el afán de superación había ganado a mi habitual sentido conservador.

Me adentraba en territorio desconocido para mí, y sólo deseaba no perder la orientación en medio del bosque o que no cayera la noche mientras guiaba mis pasos a través de la densa vegetación mediterránea. Cientos, miles de pinos y arbustos me rodeaban y tentaban a dar la vuelta y regresar a la comodidad del hogar, pero sabía que muy posiblemente otro día no tendría el suficiente espíritu como para lanzarme de nuevo a un viaje a lo desconocido como éste. Sentía que iba a descubrir un lugar inolvidable, y algo dentro de mí me susurraba que nada malo iba a ocurrir. No podía abandonar, me arrepentiría toda la vida…

Cuando la naturaleza y yo éramos uno y el ruidoso murmullo del mar una simple anécdota comprendí lo fragil que era aquello : un cristal, un cigarro, una hoguera mal apagada y nadie podría volver a disfrutar de aquellos paisajes nunca más. Deberíamos preocuparnos de las cosas que nos rodean y que no han sido construidas por nosotros, dejando el materialismo a un lado. Me entristecía pensar aquello, porque sabía que lo que yo pensara no cambiaría la forma de actuar de tantas y tantas personas; pero enseguida me fascinó la visión de lo que parecía la cima de la montaña.

Estaba llegando, no sin esfuerzo, a la cima de lo que con el tiempo supe que era el Mont Bovalar, y la verdad es que me sentía orgulloso de mí mismo pensando que hace apenas cuatro horas estaba plácidamente tumbado en casa. Es fascinante lo que el hombre puede llegar a hacer con la única ayuda de su propio cuerpo. Sin duda el progreso industrial y tecnológico nos ha llevado my lejos, pero recordar nuestros orígenes siempre es una buena referencia para recordar que en el fondo no hemos cambiado tanto a lo largo de todos estos millones de años. Los hombres primitivos pasaban días enteros fuera de su hogar para buscar comida con la que soportar el crudo invierno, así que me sentía un poco como uno de ellos : en busca de algo que no tengo en mi casa.

La vegetación se tornó en piedra y la pendiente se suvizó; los últimos tramos de ascensión iban pasando bajo mis pies cada vez más rápidamente animado por la espectacular vista que debía divisarse desde allí arriba. Aquella montaña que se veía desde el mar estaba a punto de quedar totalmente bajo mis pies y quería que ese momento quedara grabado en mi mente por el resto de mi vida.

Finalmente, se dibujó un horizonte sobre el Mediterráneo absolutamente majestuoso; con la línea donde se unen el cielo y el mar trazada con un cartabón. Una bandada de gaviotas que parecían extrañadas ante la presencia de alguien en aquel lugar parecía saludarme con su errático vuelo en círculos, y los enormes petroleros que surcaban las aguas en aquellos momentos me parecieron infinitamente pequeños desde mi privilegiada posición. En aquel momento pensé que mereció la pena todo el esfuerzo invertido aquella tarde, que la visión de todas esas cosas y la sensación de triunfante soledad compensaban cansancio, sed y hambre; y tuve la certeza de que aquél lugar sería muy especial para mí desde ese instante.

Aquel sitio representaba mis ideales de superación, los sueños realizados de un adolescente soñador que sentía que tenía el mundo a sus pies por un instante. Me alegré de estar allí, porque desde muy pequeño ese tipo de aventuras las había soñado en multitud de ocasiones, pero por un motivo u otro, nunca me atrevía a convertir en realidad. Ahora, sin embargo, estaba muy lejos de mi casa, sin posibilidad de comunicame con nadie y absolutamente sólo; y esta vez era una soledad totalmente real : la vía del tren quedaba a varios kilómetros y la población más cercana me recordaba a las maquetas que siempre ponen en las inmobiliarias para que la gente se haga una idea de cómo va a quedar el piso que acaban de comprar y del que únicamente existen los planos. Los únicos sonidos eran los que provocaban los insectos que había por la zona y el persistente e ilocalizable sonido de las chicharras que parecía provenir de todos los lugares a la vez.

Destacó sobre las demás una roca gris pálida, grande y redondeada, así que decidí sentarme en ella para disfrutar de aquel momento y hacerlo sólo mío. La piedra estaba caliente gracias a los rayos del sol, y en verdad lo agradecí, porque parecía darme la bienvenida; me hacía sentir confortable, como en casa. Preferia aquella sensación de calor a haberme encontrado una piedra helada como supongo que hubiera estado a lo largo de todo el invierno. ¿Cuánto tiempo llevaba allí esa roca?; es curioso, pero las preguntas más complejas aparecen en los momentos más simples. No sé por qué pensé en ello, pero me di cuenta de que aquella roca debió ver la llegada de las tropas de Napoleon a la zona y que debía haber recibido suficiente agua sobre su superfice como para llenar un campo de futbol como si de una piscina se tratase.

Aquello me hizo reflexionar sobre la brevedad de las cosas, de que en realidad somos un suspiro cósmico; y que lo que para nosotros es toda una vida, para la naturaleza es un instante. Es la crueldad del paso del tiempo, de la cual no nos apercibimos hasta que pensamos fríamente que la copla que dice que veinte años no es nada tiene toda la razón del mundo. Entonces comprendí que si vamos a estar un tiempo en este mundo había que aprovecharlo a tope, y tras echar un último vistazo en derredor a aquel panorama tantas veces soñado me puse en pie y emprendí el regreso a ese mundo lleno de cosas tan simples y tan bellas que la mayoría de las veces ni nos damos cuenta de ellas.

Desde aquella tarde, vuelvo a aquel lugar siempre que puedo, y espero que algún día, cuando esté llegando una vez más a las rocas que coronan la cima me encuentre allí con otra persona que sea capaz de ver ese paisaje de la misma manera que yo. No es cuestión de mirar con los mismos ojos, es realizar los sueños, y parece que cada vez quedamos menos personas capaces de entender las cosas de ese modo.


luipermom
27-03-2003
Me ha encantado este relato,tb soy un poco aventurera y me gusta disfrutar de la naturaleza. Hay q ver uno de los dones mas preciados que tenemos es gratis y hay poca gente q lo sepa apreciar. Gusta saber q aún keda gente q percibe lo envolvente de la naturaleza, la simpleza de disfrutar observando simplemente lo q tenemos a nuestro alrededor.
Me ha gustado mucho si señor, muy bien expresado además transmite , no sé paz serenidad, será quizás por la forma tan descriptiva. No sé si alguien comparte lo mismo q yo, pero a mí me ha transportado a tomar aire fresco de la naturaleza. :)
vaya vaya
tio ha sido genial
me has recordado muchos de mis ideales y sueños que, por los mismos motivos que tú señalas en el texto, no los hago realidad.

Ha sido como un pensamiento mío, un viaje, una reflexión que, poco a poco se torna en un sentido u otro, depende de los ojos con los que lo mires.

Me ha encantado y se hace corto tío aunque gracias a lo bien redactado que está, puedo completarlo con mis propios pensamientos

nos e ves
Vaya, celebro que os haya gustado tanto. La verdad es que siempre pensé que era un bicho raro, pero veo que hay más gente que comparte mi punto de vista.

Lo que más me alegra es que como ahora me voy a ir a la playa en Semana Santa podré volver a vivir esas sensaciones, así que ya estoy deseando coger mis bártulos y volver a aquel lugar y desde allí ver el paisaje una vez más. Que ganas tengo!

A ver si allí me inspiro estos días y escribo algo para luego postearlo por aquí. Un saludo!!!
Este hilo ya lo había leído, pero buscando por el hilo de autores de este foro, lo he reencontrado como un pequeño tesoro. Me extraña que, siendo un relato tan bueno, no te haya contestado, pero nunca es tarde para hacerlo!

Un relato muy bien escrito y descrito. La verdad es que me ha gustado mucho, en serio. Quizá por eso, al verlo de nuevo, como un viejo amigo, no he podido evitar reflotarlo. Creo que es un relato que debería tener la oportunidad de leerlo más gente.

Las sensanciones que describes son tan recónditas que hacen del texto algo totalmente profundo y personal, que desborda pasión. Es increíble que te diera ese ataque de inspiración en una clase de análisis matemático...

Una gran historia, llena de sentimientos de superación, de ilusión, ... Enhorabuena, me ha encantado! A ver si nos sigues deleitando con este tipo de historias, aunque ahora te ha dado por los subidones mentales que no están nada mal; los considero muy creativos [oki]

Saludos [bye]
4 respuestas