"Por un deseo" Cap.5

Nuevo capitulo, y esta vez añado algo picante. Espero que disfruteis.


Me sentía mucho mejor después de haber hablado con Anna. Más relajado, sin tanta carga en mi conciencia. Me era agradable haber conocido a alguien con podía hablar de nuestra relación sin problemas, sin estupidos prejuicios. Era momento de hablar tú y yo, hablar de lo que íbamos hacer. De nuestro futuro juntos si en verdad existía ese futuro.

Al volver a clase, volvimos a vernos, tu y yo volvimos a estar juntos. Mi sangre se alborozaba con cada mirada que compartíamos. Varias veces volvimos al invernadero para estar juntos y descubrir nuestros cuerpos, nuestro olor y nuestra alma. Aunque nos resistíamos a dar el paso el definitivo, a estar juntos de forma plena. Yo no quería pasar de un punto, al menos no allí, el invernadero me parecía un lugar frió e inhóspito aunque lo calentábamos con nuestro amor.
Cuando te lo conté en el descanso asentiste ceremoniosamente. Dime ¿Qué pensaste en ese momento?, me intriga saberlo. Paso el día entre clases aburridas, temas vacíos y conversaciones vacuas. Cuando nos despedimos me dedicaste una enigmática sonrisa. Realmente estabas pensando en algo…

Me costo dormir a la noche, no dejaba de darle vueltas a la imagen de tu sonrisa… No se como me quede dormido y desperté a la mañana empapado en sudor frio. Me tome una ducha en la que acaricie mi cuerpo con la espuma lentamente, deseando que mis manos fuesen en realidad las tuyas. Me vestí con prisas y Salí al instituto.

Me esperabas en la entrada, mirando al cielo, me fije en que no llevabas ninguna maleta. ¿Dónde estarían tus libros?, pensé mientras me acercaba.

-dame la maleta y vamos…-dijiste al tiempo que me quitabas la maleta, la colgabas en tu hombro y te alejabas en dirección opuesta al instituto-

-¿A dónde vamos Yoa? –pregunte extrañado- Tenemos que ir a clase-

-¿Ren.. Confías en mi? –me preguntaste sin mirarme…-

-Pero Yoa… -contesté indeciso-

-¿Confías en mi si o no?- volviste a preguntar mirándome esta ves-

-Claro... claro que si- dije con convicción al ver el brillo de tus ojos centelleantes que me taladraban en lo mas profundo de mi ser-

-Entonces sígueme…-

En silencio te seguí. Montamos en un taxi y durante 10 minutos nos introdujimos en el centro de la ciudad. Bajamos del taxi en un barrio que desconocía, Solo habían grandes oficinas y sucursales bancarias. Te seguí hasta un edificio plateado, nos metimos en el y subimos a la 4 planta, allí sacaste unas relucientes llaves y abriste la puerta de lo que parecía ser un pequeño estudio.

Me invitaste a entrar después de encender las luces. Era un estudio pequeño, tenia solo dos habitaciones y una puerta que posiblemente llevaba a un baño. Una de las habitaciones estaba amueblada como un pequeño salón, con un televisor, una pequeña nevera y un cómodo sillón. El contenido de la otra habitación estaba en secreto pues la puerta estaba cerrada.

-¿Dónde estamos?- pregunte extrañado mientras miraba entorno a mi a toda la habitación-

-Este es el rincón de mi hermano, antes era el estudio de mi padre pero entró a trabajar en una empresa y mi hermano se lo quedo-dijiste mientras dejabas mi mochila sobre el sillón y sacabas una llave del bolsillo- Le quite la llave a mi hermano… no creo que le moleste…-

Te acercaste a la puerta cerrada y tras introducir la cerradura giraste el picaporte. La luz invadió la habitación… cuando me acostumbré a la luz pude observar que la otra habitación era un dormitorio con un gigantesco ventanal que ocupaba toda una pared. En las paredes descansaban algunos cuadros surrealistas. Uno en especial atrajo mi intención, parecía ser dos sombras lejanamente humanas abrazadas entre si. La cama estaba cubierta de un colchón púrpura y numerosos cojines aterciopelados de colores vivos. Te adelantaste y te sentaste en la cama, diste algunos botes sonriendo y palpaste la colcha a tu lado invitándome a sentarme.

Asentí y me senté a tu lado. Sorprendiéndome por lo comodidad de la cama. Te mire para sonreírte y me encontré tus ojos llenos de lujuria. Alargaste las manos y me tiraste a la cama.

Comenzase a besarme el cuello, tus manos recorrían mi pecho sobre la camisa, yo me deje llevar, solo podía gemir mientras tu manos comenzaban a bajar y me acariciabas sobre la ropa. Te paraste un instante para quitarme la camisa, botón a botón, lentamente me dejaste el pecho descubierto y me cubriste de besos.

Te dejaba hacer, pero llegado el momento decidí levantarme y tumbarme sobre ti mientras te quitaba la camisa buscaba tus labios.

Tras quedarnos sin camisa, nos abrazamos uniendo nuestros cuerpos, compartiendo la calidez de nuestra piel. Nos quedamos así unos minutos besándonos intensamente, jugando con nuestras bocas.

Te apartaste de mi unos instantes para quitarte el pantalón y la ropa interior, yo te imite para no perder mas tiempo. Quedamos los dos desnudos, por primera vez, delante del otro. Nos tumbamos en la cama y con miedo alargue la mano para acariciar tu pubis. Lo palpe delicadamente y comencé a palpar en toda su envergadura. Tu solo suspirabas mientras me acariciabas mi espalda. Fuimos tomando poco a poco mas confianza y los pocos minutos ya nos acariciábamos los dos al unísono con suaves sacudidas. Sentí que me iba, que marchaba directo al cielo pero cesaste de tocarme y me susurraste que aun quedaba mucho por delante.

Te colocaste detrás mío, tras susurrarme que me llevarías donde no se puede regresar. Comenzaste a besar donde termina la espalda y comienzan los sueños. Lentamente, sentía tus labios rozando tímidamente mi piel y la humedad de tu aliento empapar los rincones que el pudor esconde. Tus dedos presentaron sus respetos al panteón de los dioses y comenzaste poco a orar en el. Yo me moría en mis suspiros mientras sentía estremecer cada fibra de mi ser y enloquecer todo mi pensamiento.

Te tumbaste sobre mi, sentí el tacto de tu espada ardiendo contra mi piel, en mi interior deseaba poseerla, pelear con ella una batalla a muerte de que solo saliesen vencedores la lujuria y el deseo.

-Ren.. ¿Estas preparado para recibirme?-susurraste a mi oído, como pidiendo permiso para poseerme-

-O si…-susurre en un largo suspiro. No había nada que mas desease en aquel momento que me hicieras finalmente tuyo para siempre.

Respiraste hondo y tomándome de los hombros atravesaste la puerta indómita donde mueren los niños y nacen los sueños. Sentí como un puñal atravesando mi alma, y un dolor que todo lo anegaba, acabaste de entrar en mí y te quedaste quieto, petrificado, podía sentir tus latidos a través de mi cuerpo. Esperaste unos instantes a que mi ser se acostumbrase a ti. Y comenzaste a moverte, con lentitud al principio para acabar convirtiéndose en una carrera de placer. Gemía, gritaba, lloraba, mientras me poesías. Cambiamos de posición y yo quede arriba, comencé a cabalgarte como a un corcel encabritado. Saltando sobre tu terso vientre, apoyando mis manos en tu pecho mientras me dejaba llevar por el éxtasis final. Gritaste conmigo mientras los dos nos elevábamos de nuestros cuerpo para tocas por un instante el cielo, lo dos juntos cogidos de las manos.

Quede dormido entre tus brazos, exhausto. No me preocupaba la hora que era, ni siquiera el hecho de faltar a clase…me sentía tan dichoso de estar contigo que me deje llevar a las tierras perdidas de la mente.

-¿ya estáis despiertos?- abrí los ojos lentamente, primero solo vi un borrón, luego la imagen se fue aclarando y pude reconocer a la figura que sonriente fumaba sentada delante de la cama-

-Eri… ¡Eri! –grite levantándome y cubriendo mi desnudez con la sabana- Eri esto…
Nosotros estábamos… -intente explicarme pero era tal el bochorno de la situación que no me salían las palabras-

-tranquilo… esto.. ¡a si!…Ren- contesto él mientras creaba aros con el humo del tabaco- no tengo ninguna intención de denunciaros ni nada parecido aunque es verdad que me ha molestado que mi hermano me halla cogido las llaves de mi estudio. Cuando me di cuenta que me faltaban, deduje que te querría traer aquí y por eso os he dado tanto tiempo.

-Hermano –dijiste con los ojos cerrados, si no fuera por que tus labios se movían hubiera dicho que seguías durmiendo- Si no tienes nada mas que decir déjanos en paz.

-Serás descarado –dijo Eri enfadado- ¡Crees que es justo que hagas sufrir a este chico! –grito iracundo- Además recuerda a padre.

-No entiendo nada…-dije cuando reuní las fuerzas necesarias- ¿Qué tiene que ver vuestro padre con Yoa y yo?

-No solo con vosotros dos… también yura… ¿No se lo has contado?- rió eri- ¿No le has contado que nunca podréis ser mas que amantes? Que estas prometido con Yura…

-¿Prometido…?-musité acongojado-

-Creo que debéis hablar…-dijo Eri antes de marcharse- Ya hablaremos hermanito.

Eri se marcho por la puerta dejándonos a los dos solos. Te mire, pero continuabas con los ojos cerrados... te abrasé en silencio, esperando a que me dijeses algo. Que despejases las dudas que embargaban mi corazón. Pero estuviste callado…
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