El Guadian del Destino XXXV: Siguiendo a Satertel

Estaba todo oscuro y húmedo. Pronto llegó al final de aquel pasillo y se topó con unas escaleras ascendentes. Con paso inseguro comenzó a subirlas. Estaba algo nervioso, aunque no sabía si por la emoción de descubrir qué era ese sonido o del miedo que tenía a encontrarse con Satertel o algo peor. Miles de imágenes de monstruos y horribles figuras pasaron por su mente pero cuando se dio cuenta de lo infantil que era aquello, volvió a centrarse en lo que le ocupaba.
Las escaleras subían en una pendiente más pronunciada que las primeras con las que se topó cuando iba con Edenma. Además, subían en espiral. Al final se podía ver un resplandor, pero muy lejano a lo que podría ser la luz del día o la noche. Era mortecino y poco brillante, por lo que se debía tratar de una antorcha o algo similar. Cuando empezó a llegar a la altura del suelo del nuevo piso, Karib empezó a ir un poco más lento y hacer menos ruido, por temor a que hubiese alguien en aquel lugar, cosa que pudo comprobar que estaba mal fundada. La sala, circular, era como sus celdas, pero mucho más grande y espaciosa, además de iluminada por varias antorchas ancladas a las paredes. En el centro se alzaba una especie de altar con un sillón en forma de trono. A parte de eso, la sala tenía apenas más mobiliario.
La música volvió a llegar a sus oídos y le recordó su primera intención. Había dos salidas a nuevos pasillos, pero cuál debía coger. De sus exploraciones por el bosque con Allen sabía que en una cueva no se podía fiar de sus oídos a causa del eco reinante en aquellos lugares, así que se acercó al centro de la sala e intentó descubrir de donde podía provenir. El resultado que obtuvo no fue mucho mejor. ¿Hacia donde debía tirar ahora?
Un golpe seco resonó en toda la sala. Karib, asustado, se colocó tras el trono de manera que si alguien salía de los dos pasillos de la gran sala, no le viese. El golpe volvió a producirse, pero esta vez lo hizo con mucha más fuerza. Una luz apareció por el pasillo que estaba a la derecha de Karib y con ella la figura de Satertel.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Karib al ver a aquel hombre andar tan cerca suya. ¿Se daría cuenta de su presencia en la sala? Y lo que era peor, ¿qué haría si eso ocurría? El muchacho se quitó todos esos pensamientos de la cabeza para centrarse en lo que allí le ocupaba, que era ni más ni menos que no le descubriese. El sudor frío le recorría por toda la cara dado el esfuerzo que tenía que hacer para no delatarse. Y es que para colmo, Satertel se dirigía al otro pasillo, el de la izquierda, y el camino rodeaba el sillón del trono, con lo que Karib también tenía que ir al compás del guerrero negro, y eso le costaba horrores si le añadíamos que no debía hacer ni el más mínimo ruido.
Poco a poco Satertel fue recorriendo el trayecto que le conducía al pasillo de la izquierda, y al mismo tiempo, Karib fue rodeando al trono para que no le viese. No sabía para qué estaba allí ese sillón, pero no dudaba en la utilidad que le había proporcionado. Por fin, el jefe de los bandidos desapareció de la sala y se internó en el oscuro pasillo. Karib salió despacio de su escondite y tras asegurarse que había seguido hacia delante decidió seguirle. A lo mejor le descubría le camino hacia la salida, o el que llevaba a aquella música misteriosa. Y en ese mismo momento se dio cuenta de que la melodía había cesado de escucharse. ¿Habría sido por la llegada de Satertel?
De nuevo se detuvo frente a la entrada del corredor. ¿Debía seguir a Satertel o era preferible alejarse de aquél individuo? Ya le había demostrado una vez que contra él no podía hacer nada, y ahora por simple curiosidad iba a meterse en la boca del lobo. Era algo absurdo, y más ahora que la música había dejado de sonar. Así no la podría encontrar. Quizá lo mejor era irse de nuevo a la celda con sus compañeros y esperar a que les fuesen a buscar.
Lo tenía casi decidido cuando volvió a escuchar unas notas musicales que provenían, sin ninguna duda, del corredor que tenía enfrente. ¿Estaba aquello jugando con él o qué era lo que pretendía? Empezaba a sentirse ridículo con aquella persecución, pero a la vez necesitaba descubrir qué era aquel sonido, así que volvió sobre sus pasos y entró en el pasillo por el que anteriormente había ido Satertel.
El camino estaba totalmente despejado, pues ni la tenue luz que portaba su enemigo se veía a lo lejos. Esto significaba que se encontraba lejos del peligro que entrañaba el bandido, pero a la vez le dejaba un camino lleno de sombras y sin un rastro de luz que le informase si frente suya había o no suelo o pared. De todas maneras decidió adentrarse y ver qué pasaba. Pronto estuvo inmerso en un mar de sombras de cuyo fin no tenía idea.
Iba palpando las paredes para asegurarse de que no había ninguna otra bifurcación del camino que le pudiese equivocarse de ruta mientras miraba, o eso creía, hacia el frente, aunque veía lo mismo que si estuviese con los ojos cerrados. Por su parte, la música no había dejado de resonar en el corredor, lo que animó al joven a seguir.
De pronto notó que una luz inundaba aquel lugar. Era muy tenue, pero lo suficientemente potente como para ver el corredor por primera vez en mucho tiempo. Esto alivió al joven, que intuía el final del corredor, sin embargo la alegría cesó cuando descubrió que la luz provenía desde su espalda. Alguien se acercaba por detrás suya. Esto era un gran problema, pues ya no tenía salida. Si algo ocurría allí delante suya, no podría retroceder hasta el salón donde se encontraba el trono.
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creo q es la primera vez q pongo en aprietos a karib ya q todo lo anterior ha sido practicamente pensamientos y eso, no?
q opinas?
Opino que haber como continuas. [poraki]

;)

Y sí que has puesto en aprietos a karib, muchas veces. :o
1 respuesta