El Guardián del Destino XXV: Compañeros de viaje

El día continuó su avance mientras que aquel hombre de aspecto maduro continuaba sentado a la sombra de los árboles lindantes con el río. Pronto el calor comenzó a hacer acto de presencia y bajó alguna vez a mojarse la cara. Por fin, poco antes de que llegase la hora del almuerzo, Galdian se levantó de pronto y se dirigió al lago. Desde su orilla dirigió su mirada a su derecha y contempló, con una sonrisa en la cara, lo que parecía que había estado esperando.
Un joven muchacho se acercaba desde aquella dirección hacia donde se encontraba él. Tenía el pelo y las ropas totalmente mojadas, aunque no parecía molestarle, pues caminaba cabizbajo, sin prestar atención donde pisaba pues continuamente se tropezaba con las ramas o piedras que se encontraba por el camino. Llevaba una capa de color marrón que le colgaba malamente y sus vestiduras no estaban en mejor aspecto. Parecía, deprimido y caminaba, al parecer, sin más rumbo que seguir el río.
Poco a poco se fue acercando a Galdian del que parecía no haber notado la presencia, mientras éste tampoco parecía inmutarse lo más mínimo a pesar de que se encontraba en el camino del viajero. Por fin, este último chocó contra el hombre de pelo canoso y, sin otro gesto que uno que pretendería ser de desagrado, comenzó a rodearlo.
- Pareces cansado, ¿no quieres descansar? – preguntó Galdian al joven.
El joven no respondió.
- Es ya tarde para andar. Mejor siéntate aquí y tomemos algo de almuerzo. Traigo un poco de pan con queso. ¿Qué te parece? Bueno, tú verás. Sin embargo el calor no ha dejado de apretar en toda la mañana, y dudo que haga lo contrario antes de bien entrada la tarde. Siéntate aquí y descansa.
- ... Mire... – acabó por decir con voz quejumbrosa y deprimida.
- Bien, no se hable más – se apresuró a cortar Galdian tomando la capa marrón del joven – Siéntate, la hierba esta muy blandita. Después de todo ha caído un buen chaparrón, ¿verdad?
- Oiga yo no quiero comer con usted... Yo... tengo prisa – parecía querer decir algo más, sin embargo, las palabras no le salían de la boca.
- Quién lo diría. No parecía llevar un ritmo muy acelerado que digamos -rió
- Por favor, devuélvame mi capa y....
- Toma – ofreció un poco de pan -. Siéntate y sírvete un poco de queso. ¿A dónde te diriges pues? – había comenzado a comer mientras el atónito muchacho estaba todavía de pie con un trozo de pan en la mano. La verdad es que el aspecto que tenía era algo cómico. Los pelos y el cuerpo empapados, con un rostro totalmente cansado y extrañado ante la actitud de aquel personaje y con un brazo a la altura de la cintura que sostenía un pedazo de pan.
- Yo, eh... a...a al sur – por fin, medio harto de aquel hombre y medio hambriento decidió acomodarse y reponer las fueras que, era obvio, le faltaban.
- Al sur... Hay muchos lugares al sur de Tirya. Está Lutneo, el alcázar Dulain, Los montes de Ewel... ¿A dónde exactamente?
- ¿Por qué me hace tantas preguntas? No pienso contestarle –dijo con voz firme y algo arrogante, como si quisiese dar a entender que no estaba dispuesto a entablar conversación con aquel hombre.
- Ya. Bueno. Toma un poco de queso y charlemos tranquilamente. ¿Te parece?
- Yo, eh, le agradezco su hospitalidad, pero no me quedaré con usted. Comeré y...
- ¡Y descansarás! No voy a permitir que partas de nuevo con este lamentable aspecto, muchacho. Por cierto, cuál es tu nombre.
- Karib, bueno, en realidad es Karibdys, pero todo el mundo me llama así.
- Entiendo.
Durante un rato estuvieron comiendo sin decirse nada. Karib, por pura cabezonería, y Galdian parecía disfrutar demasiado de aquella humilde comida como para desperdiciar fuerzas y tiempo hablando con aquel muchacho.
Por fin terminaron de comer y recogieron las sobras. Karib intentó escabullirse, pero Galdian no le dejó. Al final, entre él y el magnífico paisaje que se podía contemplar desde aquella orilla del río, consiguieron retenerle a descansar.
Hacía una brisa refrescante, que se agradecía, pues la temperatura parecía no haber terminado de subir, como correspondía a un día de fon de verano en el oeste de Yalay. Todo lo que alcanzaba la vista desde el Elo hasta Ol eran verdes praderas surcadas por algunos caminos que partía de la ciudad. Al otro lado, un frondoso bosque les cortaba el paso hasta los montes de Ol.
Por fin, y tras pegar alguna que otra cabezada, pero siempre en silencio, Karib se levantó y comenzó a andar sin despedirse de Galdian.
- ¿A dónde te diriges, muchacho? Yo también voy al sur, así que podríamos ir juntos- preguntó Galdian antes de que diese dos pasos.
- No, gracias. Mi camino lo seguiré yo solo. Gracias por la comida.
- Oh, de acuerdo. Pero...
- ¡Mire! Le he dicho que no pienso ir con usted, ¿me ha entendido?
- Eh.... sí, pero yo me refería a tu capa. Te la dejabas – la cara de Karib se sonrojó levemente y habría sido difícil notarlo de no ser porque él mismo se delantó.
- Ya, bueno, sí claro. Lo sabía.
- Muchacho, no puedes ir por ahí de esa manera.
- ¿A qué se refiere?
- Vas perdiéndolo todo – en la cara del hombre apareció una sonrisa picaresca, que resultó extrañamente familiar para Karib- y necesitarás a alguien con la cabeza sentada hasta que tú seas capaz de hacer lo mismo.
- Eh – Karib intentó decir algo, sin embargo las palabras no le salían de la boca. Estaba intentando descubrir por qué le resultaba tan familiar aquel rostro.
- Bueno, ¿qué dices? ¿Vamos juntos a Aucus?
- Claro, sí, será lo mejor – respondió casi sin ganas. Entonces pareció darse cuenta de un pequeño detalle. Todavía no le había dicho a donde iba y ese hombre... – Un momento, cómo ha...
- No preguntes y camina. Hay un largo trayecto hasta tu ciudad.
- Pero...
Karib no pudo terminar la frase por segunda vez debido a que Galdian estaba cantando alegremente una canción en un idioma que él no conocía a la vez que comenzaba a caminar. Karib se apresuró a colocarse a su lado y juntos siguieron el camino hacia Aucus sin saber exactamente cómo le había convencido aquel hombre de que le dejase acompañar.
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sabeis?
este es mi primer gran relato, la verdad es q es muy extenso, tengo q decir( sin antojo de prepotencia, sino todo lo contrario ) que me lo he currao como nada en esta vida.
Después de tantos capítulos ( 10 en realidad y cerca de 120 pag )me he dado cuenta de q, por mucho q lo he intentado, no he conseguido separar la forma de actuar de Karib de la mia misma, y a través de é he descubierto bastantes cosas de mi.
Por eso, dos cosas,
- gracias a los q me animan a seguir escribiendo, pq no saben el favor q me hacen.
- os parece un texto lo suficientemente cualificado como para publicarlo, es q ya me lo han dicho varias personas y..... q mejor sitio q aqui para preguntarlo?
^^
^de todas formas, cuando lo termine ( q lo haré ) seguro q, por lo menos el original, me lo hago "enlibrar" y lo guardo para mis futuros hijos y nietos ( q ojala los tenga )
Uf, hoy estoy muy tierno. Gracias ningu ;)
Ahora entiendo mejor el capítulo anterior, igual no deberías haberlo cortado por la mitad...... [Ooooo]

Pues este me ha gustado bastante, tu manera de escribir ayuda a integrar pronto a los personajes y a darles vida. :)

Yo creo que el relato es bastante bueno, pero tienes que pulir expresiones y cuidar más la ambientación (juas... como si supiera. :p), aún así, se nota que pones mucho de tu parte y para mi es un placer leerlo, muchas veces priman las ganas que la calidad, y bueno tú tienes ambas pero tus ganas me gustan. (vaya lio XD).

Gracias a ti. ;)
uhmmmnmmm...



¡¡¡MOLA!!! :D ;)
GRACIAAAAAAAAAS

^^

q wena gente sois ( q pelotero soi ) xDDDDD
nos e ves
3 respuestas